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Opinion - Eduard Tashdjian, Líbano
Irán en el campo de batalla: solo frente al mundo
15 de Marzo de 2026

La guerra en curso destruyó una de las suposiciones más duraderas de la geopolítica de Oriente Medio: que cualquier gran conflicto contra Teherán arrastraría inevitablemente a Moscú y a Pekín. Lo ocurrido desde los primeros ataques de Estados Unidos e Israel fue exactamente lo contrario.

Irán recibió —y sigue recibiendo— golpes devastadores. Su liderazgo atraviesa una crisis profunda. Sin embargo, sus dos aliados internacionales más poderosos se limitaron a condenas, gestiones diplomáticas y gestos simbólicos. China condenó la guerra y llamó a la moderación, pero no acudió en ayuda de Irán con acciones militares. Rusia actuó de la misma manera, mientras los analistas describen a Teherán como cada vez más aislado. Al mismo tiempo, el conflicto en torno a Irán se expandió: Hezbolá entró en combate desde el Líbano, Israel amplió sus ataques en ese frente, y los Estados del Golfo Árabe quedaron más profundamente involucrados en la crisis, tanto por los ataques iraníes como en respuesta a ellos.

En otras palabras: el campo de batalla de Irán se amplía, pero no de la manera que Teherán jamás imaginó.

¿Por qué Rusia y China no ayudaron a Irán?

La primera respuesta es simple: resulta que Rusia y China nunca estuvieron unidas a Irán por algo que se asemejara a una alianza real. Compartían intereses con Teherán, cooperaban con él en el plano diplomático y aprovechaban esa cooperación en su competencia con Estados Unidos y el orden occidental. Pero tener un enemigo común no equivale a un pacto de defensa mutua.

En esta guerra, tanto Pekín como Moscú demostraron que su relación con Irán siempre tuvo límites. Cuando llegó el momento de ver si estaban dispuestos a pagar un precio real por Teherán, ambos decidieron que no. Llamaron a sesiones de emergencia del Consejo de Seguridad de la ONU y condenaron la guerra, pero ninguno mostró voluntad de combatir por Irán.

Rusia: sobrecargada e intimidada

La negativa rusa es la más fácil de explicar. Moscú está sobrecargada, debilitada y cada vez más cautelosa ante la posibilidad de un enfrentamiento directo con Estados Unidos. La guerra en Ucrania continúa absorbiendo recursos humanos, medios militares y atención estratégica; los analistas señalan que el conflicto iraní expuso los límites de Rusia más que su fortaleza. Rusia tal vez valore a Irán, pero no hasta el punto de abrir un segundo frente peligroso contra Estados Unidos e Israel. Por eso Moscú se limitó a condenas, palabras y señales de simpatía, pero nunca a una intervención.

Hay además un patrón más profundo. En los últimos años, Rusia ha demostrado en reiteradas ocasiones que no salva a sus socios cuando el precio es demasiado alto. Negocia, calcula, preserva su libertad de movimiento y, si es necesario, abandona. Teherán quizás suponía que la transferencia de drones iraníes a Rusia, la cooperación para eludir sanciones y la coordinación en materia de seguridad lo habían vuelto indispensable para Moscú. Pero para el Kremlin las asociaciones son transaccionales. Irán es útil, aunque no lo suficiente como para merecer una guerra directa contra Washington.

China: con capacidad, pero sin voluntad de intervenir

La lógica china es diferente, aunque la conclusión es la misma. Pekín es económicamente más poderoso que Rusia y está en mejores condiciones de ayudar a Irán en muchos sentidos. Compra grandes cantidades de petróleo iraní, describe a Irán como un socio estratégico importante y ha respaldado públicamente su soberanía e integridad territorial. Pero la política exterior china se funda en la cautela. China no combate guerras por terceros. No pone en peligro a sus soldados simplemente para demostrar lealtad. Y, sobre todo, evita confrontaciones militares si el asunto no toca lo que Pekín considera un "interés vital chino". Irán, por valioso que sea, no alcanzó ese umbral. China respondió a la guerra con declaraciones, llamados al cese del fuego y actividad diplomática, no con intervención militar.

El argumento de una intervención china en el plano económico es además más débil de lo que muchos suponían. Se habló mucho de compromisos de inversión china a largo plazo en Irán, pero las inversiones reales se mantuvieron modestas en comparación con la cartera global de Pekín. Y lo más importante: los intereses regionales de China van mucho más allá de las fronteras iraníes. Pekín tiene enormes intereses en Arabia Saudita, Qatar, los Emiratos Árabes Unidos y el Golfo en general. Que Irán dispare misiles contra esos países lo convierte a los ojos de China en una fuente de inestabilidad que amenaza su seguridad energética y la vida de sus ciudadanos en el exterior. Por eso la posibilidad de un rescate militar chino a favor de Irán es aún más improbable.

El único que combate por Teherán

Ni Rusia ni China tienen probabilidades de ayudar decisivamente a Irán en el futuro. La lección de esta guerra no es solo que todavía no intervinieron. El problema es que las razones estructurales para no intervenir son permanentes: Rusia no tiene la capacidad y no quiere asumir el riesgo; China tiene la capacidad, pero rechaza el principio. Moscú ve a Irán como un socio sacrificable bajo presión; Pekín lo considera útil, pero no irremplazable. Ambas potencias prefieren un Irán debilitado antes que una guerra con Estados Unidos.

La única fuerza armada que de hecho entró en combate por Teherán es Hezbolá. Los reportes lo describen como una fuerza que opera con el apoyo de Irán y que abrió fuego contra Israel tras el asesinato del líder supremo iraní, arrastrando al Líbano más profundamente al conflicto. En la práctica, Hezbolá ya no puede verse simplemente como un aliado separado que expresa solidaridad desde el exterior: actúa como el brazo militar de avanzada de Irán en el Líbano, tan estrechamente ligado a la estrategia regional de Teherán que se asemeja cada vez más a una extensión del ejército iraní y no a un actor independiente.

Visto así, Hezbolá no es señal del poder de Irán, sino de su soledad y su aislamiento. El gobierno libanés prohibió a Hezbolá continuar sus operaciones militares contra Israel después de que se abriera fuego, e Israel ya dejó en claro que el frente libanés seguirá activo incluso después del fin de la guerra contra Irán. Hezbolá tal vez aún combata por Teherán, pero lo hace como un instrumento desgastado, cuestionado y cada vez más costoso.

Irán: solo

Irán está, en la práctica, solo. Sus adversarios se multiplican en los planos político y militar, día a día. Su guerra se extiende hacia afuera, pero ninguna potencia, grande ni pequeña, interviene para salvarlo.

Este es el verdadero significado de la contención rusa y china. No es vacilación. Es un juicio. Evaluaron a Irán, midieron su valor frente al precio del rescate, y decidieron que Teherán no vale esa guerra.

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