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Opinion - Dr. Rubén Manasés Achdjian
Los Shepard de Aintab
12 de Marzo de 2026

Un conocido proverbio del Talmud -olvidado en estos tiempos de distópico individualismo- afirma que aquel quien salve una vida, habrá salvado al mundo entero. Esta sentencia puede atribuirse a una infinidad de personas que habitaron muchas latitudes de este planeta. Sin embargo, para los armenios oriundos de Aintab, la familia Shepard ocupa un lugar relevante dentro de este privilegiado universo de personas.

El doctor Fred Douglas Shepard nació en Nueva York en 1855 y egresó como médico de la Universidad de Michigan en 1881. Hombre de sólida contextura moral cristiana, se trasladó a Aintab al año siguiente de su graduación para trabajar en el Central College of Aintab y en el American Hospital.

Lo acompañó su esposa Frances Fanny Andrews que, si bien era médica al igual que él, estaba inhabilitada para ejercer la medicina tan solo por ser mujer. Aun así, Fanny Andrews se desempeñó como partera -una especialidad excluida de la prohibición legal que le imponía su profesión- y como profesora de botánica en el Central College.

Allí, en Aintab, nacieron sus dos hijos. Alice en septiembre de 1885 y Lorrin en marzo de 1890. En 1895, Fred y Fanny Shepard fueron testigos de las masacres ordenadas por el sultán Abdul Hamid II contra los armenios que habitaban el imperio. Al igual que lo hizo en 1862, la población armenia de Zeitún resistió por medio de las armas el plan imperial de exterminio y fue sitiada.

Hacia allí marchó el doctor Shepard para asistir a la población armenia que comenzaba a enfrentaba algo mucho más peligroso que el asedio turco: el tifus. Shepard llegó a una población de más de veinte mil armenios hacinados e inmediatamente organizó la logística de la alimentación y las medidas preventivas que permitieron un veloz descenso de la mortalidad, tal como lo relata su hija en su libro de memorias.

Luego de las masacres hamidianas de 1895-1896, Fanny Andrews Shepard organizó un emprendimiento que consistía en vender artesanías armenias -principalmente bordados y tejidos- entre las familias acomodadas de los Estados Unidos y las principales capitales europeas como un medio para recaudar fondos que permitieran aliviar la situación social de las mujeres armenias y de sus hijos que habían quedado desamparados a causa de la violencia planificada y ejercida por el Estado turco.

En aquellos años, la presencia de los Shepard en toda Cilicia fue constante e intensa. Luego de asistir a los armenios de Zeitún, Fred Shepard regresó a Aintab para colaborar con la Cruz Roja. Durante la masacre de Adaná, en 1909, se trasladó a esa ciudad para curar a los enfermos y proveerles de alimentos. El inicio del genocidio armenio, en 1915, lo encontró nuevamente en Aintab.

Durante ese fatídico año Shepard desplegó, en forma paralela a su profesión médica, una persistente tarea diplomática sostenida exclusivamente en su prestigio personal. Logró, en primera instancia, que el gobernador de Alepo Mehmet Celal Bey se negara a deportar a los armenios de su provincia, pero este fue prontamente removido de su cargo y la orden de exterminio continuó según lo previsto.

Anoticiado de las órdenes provenían del más alto círculo de las decisiones políticas del imperio, Shepard resolvió entonces viajar a Constantinopla. Allí, luego de agotadoras negociaciones con las autoridades logró un compromiso oficial para que los armenios que profesaran el credo católico o protestante -no así los apostólicos- no fueran deportados. Ese compromiso, como es sabido, no fue respetado y formó parte del sistema de engaños y tergiversaciones pergeñado por las autoridades turcas que, dicho sea de paso, continúa hasta el presente. Las deportaciones de armenios continuaron de manera inmutable, pese a las denuncias internacionales y a las acciones diplomáticas.

Producto de la agotadora actividad que llevó a cabo para salvar la mayor cantidad posible de vidas armenias, el doctor Fred Shepard contrajo tifus y murió en Aintab en diciembre de 1915.

Cuando ocurrió su fallecimiento, su hijo Lorrin se encontraba en los Estados Unidos concluyendo sus estudios universitarios en Columbia, donde egresó como médico y cirujano. En 1919 el American Board of Commissioners for Foreign Missions, una organización creada por las principales iglesias protestantes de los Estados Unidos, lo envió de regreso a Aintab, su ciudad natal, para continuar allí con las actividades médicas y misioneras que habían quedado inconclusas luego de la muerte de su padre. Entretanto Fanny, su madre, había tomado la decisión de regresar a su país, donde finalmente falleció un año más tarde.

En los meses siguientes al regreso de Lorrin a Aintab, el ejército francés se retiró de la ciudad. Esta fue la ocasión largamente esperada por los nacionalistas turcos para aniquilar a los armenios sobrevivientes que aún vivían allí.

Lorrin Shepard fue un testigo privilegiado de los acontecimientos que tuvieron lugar en Aintab entre el 1° de abril de 1920, cuando comenzó la autodefensa armada de los armenios y el 8 de febrero de 1921, cuando los turcos kemalistas -imposibilitados de ingresar por la fuerza a los barrios armenios, asediados por las fuerzas francesas que regresaban a la ciudad y faltos de víveres- debieron firmar un armisticio que permitió que los armenios pudieran preservar sus vidas.

En julio de 1921, la revista Current History, de la Universidad de California, publicó un artículo de Lorrin titulado “Combatiendo a los turcos en Aintab” en el que relató los principales hechos acaecidos durante el último tramo de la resistencia de los armenios en esa ciudad. El artículo -disponible en idioma inglés- combinaba las experiencias personales de Shepard con elementos propios de la crónica periodística y su valor documental radica en que se trata de uno de los pocos textos escritos y publicados de manera casi contemporánea a los hechos que allí se narran.

Current History presentó aquel artículo como la “Historia del asedio de setenta días a Aintab, contada por un testigo ocular estadounidense: cómo los armenios organizaron una fuerte defensa que ayudó a los franceses a derrotar finalmente a los nacionalistas turcos y evitar otra masacre en masa”.

La primera observación que surge de su lectura es que Shepard no ahorró comentarios ni adjetivos sobre el papel de los kemalistas en Aintab. Luego de describir al movimiento nacionalista turco como la directa prolongación del Partido Unión y Progreso en cuanto a lograr el objetivo de construir una “Turquía solo para los turcos”, Shepard describe de qué manera el kemalismo organizó sus fuerzas en cada localidad.

“Los argumentos utilizados para persuadir a los ignorantes aldeanos a unirse a dicha organización eran los mismos de siempre: había que expulsar a los extranjeros, exterminar a los cristianos y armenios, y habría un botín abundante. El llamamiento al fanatismo religioso se vio reforzado por las historias descabelladas sobre las malas intenciones de las potencias ocupantes” (Shepard, 1921, p.590).

Los armenios de Aintab que lograron sobrevivir al genocidio y al asedio kemalista emprendieron el exilio, mayormente hacia Alepo y Beirut. Lorrin, en cambio, decidió permanecer en Aintab realizando su actividad médica hasta 1957, cuando resolvió trasladarse definitivamente a los Estados Unidos para ejercer su cargo de director del International Student Center de la Universidad de Yale. Lorrin Andrews Shepard Falleció en Haverhill, Massachussets, a la edad de 93 años.

En cuanto a su padre, Fred Douglas Shepard, los detalles de su intensa vida fueron recopilados en “Shepard of Aintab”, un libro biográfico escrito y publicado en 1920 por su hija Alice Shepard Riggs. En algún pasaje de esta biografía, Alice escribió que poco tiempo después de la muerte de su padre, un anciano armenio que lo había conocido en vida, se acercó a ella y le dijo solamente esta frase: “No he visto nunca a Jesús, pero sí he visto al doctor Shepard”.

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Dr. Rubén Manasés Achdjian

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Bibliografía:

Shepard Andrews, L. 1921. “Fighting the turks at Aintab”, Current History, v.14, n. 4, pp. 590-593.

Shepard Riggs, A., 1920, Shepard of Aintab, New York: Interchurch Press.

    

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