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Opinion - Dhanuka Dickwella
El tablero de ajedrez del Cáucaso: ¿Se convertirá Bakú en un "mercenario"?
11 de Marzo de 2026

La estrecha relación entre el régimen del presidente azerbaiyano Ilham Aliyev y el Estado de Israel —que abarca vínculos militares, energéticos e tecnológicos— es un secreto a voces. Algunas de las armas que Aliyev utilizó para expulsar al pueblo de Nagorno-Karabaj (Artsaj) provenían de Israel: los drones 'suicidas' Harop, los misiles cuasibalísticos LORA y los drones kamikaze SkyStriker. Durante las recientes escaladas entre Israel e Irán, Azerbaiyán ha sido señalado como "socio silencioso" de esta alianza. A medida que la ofensiva militar estadounidense e israelí contra Irán alcanza un pico agudo e inesperado, crece la especulación sobre si Aliyev podría abrir un frente contra Irán, convirtiéndose llanamente en un mercenario al servicio de otros.

El pretexto ya está tomando forma: los supuestos ataques iraníes con drones en marzo de 2026 contra el Aeropuerto Internacional de Najicheván y la aldea de Shakarabat, a los que se suma la más reciente historia de presuntos espías del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI).

¿Qué pasaría si los azerbaiyanos se incorporaran a esta guerra regional? Antes de analizarlo, conviene examinar los cuatro pilares fundamentales que determinarían la supervivencia del régimen de Aliyev.

Geografía

Azerbaiyán es un país sin salida directa al océano, rodeado por tierra de su archienemigo Armenia, un Irán cada vez más hostil, una Rusia desconfiada y una Georgia amiga pero militarmente débil. Además, comparte cuatro fronteras marítimas con Rusia, Kazajistán, Irán y Turkmenistán en el Mar Caspio, un mar interior compartido por los "Cinco del Caspio", donde Rusia e Irán ejercen un dominio absoluto.

Su exclave, Najicheván, es una pesadilla estratégica: encajonada entre Turquía, Irán y Armenia. Actualmente, la única ruta de acceso terrestre confiable a este territorio pasa por suelo iraní, a través del llamado "Corredor del Arax". A eso se suma que Azerbaiyán no puede sobrevolar ni transitar por Armenia, y que sus principales conexiones aéreas con Europa deben pasar por el espacio aéreo georgiano.

Economía

Bakú es, en esencia, una "estación de gas y petróleo" para Europa. Como exrepública soviética, fue alguna vez la joya energética de la URSS: el Grupo de Ejércitos A de Hitler intentó apoderarse de sus campos petroleros y fue aniquilado por el Ejército Rojo en el Cáucaso. Tras la disolución de la URSS, Azerbaiyán se convirtió en un nodo clave para BP (British Petroleum) y, con el descubrimiento de los yacimientos de gas Shah Deniz, en proveedor esencial de gas para Europa. Desde entonces, su economía quedó cautiva de esos yacimientos y de la infraestructura que los transporta.

El Oleoducto Bakú-Tiflis-Ceyhan (BTC) transporta casi el 30% de las importaciones de petróleo de Israel. El Gasoducto del Cáucaso Sur (GCS) es el eje del Corredor Meridional del Gas, fundamental para la seguridad energética de la UE. Según la Agencia Internacional de Energía (AIE), el petróleo y el gas representan aproximadamente el 90% de las exportaciones totales de Azerbaiyán y generan el 50% de su presupuesto estatal.

Capacidad militar

Ante todo, Bakú es un importador neto de armamento. Rusia fue su principal proveedor; luego, con el acercamiento a Turquía, Ankara ocupó ese lugar. A medida que el dinero del gas engrosó las arcas, Aliyev diversificó sus compras: Israel se convirtió en un proveedor estratégico e imprescindible, aunque también Bielorrusia y otros países han abastecido al ejército azerbaiyano. Sus fuerzas armadas y su aviación son modestas. Si bien Bakú ostenta una imagen de "ejército curtido en combate" tras las operaciones de 2020 y 2023 en Karabaj, esas victorias dependieron en gran medida de los cazas F-16 turcos, los drones Bayraktar TB2, la inteligencia israelí y mercenarios yihadistas sirios.

Política

Con excepción de Armenia y Georgia en ciertos períodos, los estados del Cáucaso han conocido mayormente líderes autocráticos. Azerbaiyán no es la excepción: está gobernado por la dinastía Aliyev. Primero fue Heydar Aliyev, otrora poderoso hombre del KGB en el Politburó soviético. A su muerte, le sucedió su hijo. Este celebra elecciones, claro está, pero no son ni libres ni democráticas: en cada una de ellas obtiene cerca del 90% de los votos, mientras periodistas independientes y activistas languidecen en prisión. El ACNUR y numerosas organizaciones internacionales han alzado su voz sin resultado alguno. La lógica es simple: quien vende gas a la democrática UE, automáticamente pasa a ser considerado un líder democrático. Así funciona el orden global actual. Toda su familia integra la administración: su esposa ocupa el cargo de vicepresidenta, por ejemplo.

El escenario del "frente contra Irán"

Establecidos los hechos sobre el terreno, imaginemos que Bakú se convierte en mercenario y abre un frente contra Irán. Irán ha demostrado no tener ninguna misericordia con sus enemigos y no ha vacilado en atacar líneas económicas vitales. El oleoducto BTC y el GCS, que abastecen a la UE de petróleo y gas respectivamente, atraviesan Georgia: no durarían más de una hora una vez que los drones de Teherán entraran en acción.

Esos dos ductos son la única vía realista que tiene Bakú para exportar sus 50 millones de barriles de petróleo anuales y sus 12.800 a 12.900 millones de metros cúbicos de gas hacia la UE. La alternativa rusa —el Oleoducto Bakú-Novorossiysk (Ruta Norte)— apenas puede transportar 5 millones de barriles al año. En pocas palabras: una sola hora de misiles iraníes podría evaporar el PBI de Azerbaiyán para la próxima década.

La paradoja rusa y turca

El factor ruso es determinante. Azerbaiyán no integra la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC), el equivalente ruso de la OTAN, que está obligado a defender a sus miembros, entre ellos el archirival de Bakú: Armenia. Desde el inicio de la guerra en Ucrania, Bakú le ha hecho el desplante a Moscú en reiteradas ocasiones, lo que generó una tensión que el año pasado estuvo a punto de desembocar en un conflicto abierto. Putin no tiene ningún motivo para salvar a la dinastía Aliyev. Para Rusia, Irán es un aliado mucho más estratégico, capaz de definir su propia profundidad estratégica. Que Teherán le propine una paliza a Aliyev sería bien tolerado por Moscú, aunque Rusia probablemente prefiera un Aliyev debilitado y humillado a uno completamente derrotado.

En cuanto a Turquía, Ankara y Bakú se jactan de su relación bajo el lema "una nación, dos estados", una retórica que históricamente no tiene demasiado sustento. Se da por sentado que son socios militares y que Turquía acudiría en auxilio de Azerbaiyán ante un ataque. Pero hay un problema concreto: para enfrentarse a Irán en defensa de Bakú, Turquía tendría que ingresar a territorio iraní por tierra, ya que es la única ruta disponible. El espacio aéreo armenio está custodiado por Moscú, lo que descarta esa opción.

En cuanto a Georgia, aunque podría estar dispuesta a facilitar tal despliegue, no querrá verse arrastrada a una guerra que solo le traería muerte, destrucción e ira de Moscú. El 20% de su territorio ya está ocupado por Rusia, y Tiflis no tiene ni los medios ni el presupuesto para embarcarse en otra aventura militar.

En el peor de los escenarios, si Teherán ejecuta un golpe de decapitación del liderazgo —método ya consagrado en la doctrina militar occidental—, Bakú se hundiría en un caos de consecuencias imprevisibles. La razón es simple: toda la arquitectura estatal reposa en un único centro de poder personal. Juez, jurado, fiscal, dios y diablo, todo en uno.

Si un analista puede percibir esta dinámica y leer bien el tablero de ajedrez del Cáucaso, es muy probable que los estrategas militares y asesores de Aliyev ya le estén recomendando que siga denostando a Teherán en público, pero que se mantenga bien lejos de abrir fuego. En toda guerra, se puede disparar el primer tiro, pero nadie sabe cómo ni dónde terminará, ni qué región arderá a continuación. Mi sensación es que Bakú no querrá librar su última guerra y que, al menos por ahora, evitará convertirse en un mercenario.

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