En el marco de una campaña interna del partido celebrada en Gyumri, Nikol Pashinian anunció que las próximas elecciones parlamentarias darán lugar a una "Revolución 3". Según su lectura, las elecciones de 2018 produjeron una revolución política interna; las de 2021 confirmaron un cambio sociopsicológico y de mentalidad en la sociedad; y las del 7 de junio de 2026 deberían convertirse en una revolución histórico-política que conduzca a Armenia desde una "política de supervivencia" hacia una "fase de Estado de desarrollo sostenido". Para ello, Pashinian fijó además una meta electoral precisa: alcanzar el 65% de los votos.
Ahora bien, si analizamos los procesos políticos de los últimos años no a través del relato oficial, sino por la lógica de sus consecuencias reales, el panorama cambia sustancialmente.
El cambio de gobierno de 2018 culminó con la crisis de seguridad más grave de la historia reciente de Armenia: la guerra de 44 días y la contundente derrota militar. La reelección del mismo gobierno en 2021, ya consumada la guerra, condujo directamente a la pérdida de Artsaj. Siguiendo esta lógica, en las elecciones de 2026 está en juego el destino mismo de Armenia.
Resulta igualmente llamativo el umbral del 65% proclamado públicamente por Pashinian. Anuncios de este tipo suelen emplearse como herramienta propagandística: movilizan a los propios partidarios y construyen un clima de "victoria inevitable". Sin embargo, ningún estudio sociológico publicado hasta la fecha indica que el gobierno actual pueda obtener semejante resultado. En este contexto, la circulación pública de esa cifra puede leerse como un encargo político prefabricado, que luego se intentará presentar como resultado electoral legítimo.
La verdadera incógnita de estos comicios, no obstante, puede estar determinada por un factor diferente: la participación ciudadana. La experiencia política demuestra que el uso del aparato administrativo del Estado opera con mayor eficacia en escenarios de baja concurrencia. Una participación alta, en cambio, reduce ese efecto y otorga mayor peso a la decisión genuina de los ciudadanos.
Si el 7 de junio acuden a las urnas más de 1.300.000 votantes — cerca del 55% del padrón —, el resultado dependerá no de los mecanismos de control del poder, sino de la voluntad política real de la sociedad armenia.
En ese caso, el 7 de junio no será una nueva proclama revolucionaria, sino el día del veredicto ciudadano sobre ocho años de gobierno.
La pregunta verdadera es cuántos armenios llegarán a las urnas.
Esa decisión determinará si el 7 de junio es la continuación de la "revolución"..., o su fin.