-Esta mañana, los contraataques de Irán adquirieron una dimensión completamente distinta: mucho más amplia y considerablemente más peligrosa. Si hasta ahora los objetivos habían sido principalmente bases militares, aeropuertos, puertos, estaciones de radar y centros logísticos de Estados Unidos e Israel —así como de sus aliados árabes de facto— y algunos hoteles de carácter simbólico, a partir de hoy Irán ha comenzado a golpear el sector más sensible de las monarquías árabes del Golfo Pérsico: las infraestructuras petroleras y los grandes complejos industriales.
Uno de los principales complejos de procesamiento o extracción de petróleo de la empresa estatal saudí Saudi Aramco fue alcanzado por misiles y se incendió. También fue atacada la planta de aluminio de Aluminium Bahrain (ALBA), una de las más grandes de Oriente Medio, junto con otros objetivos estratégicos.
Este cambio de blancos implica que los ataques ya no se dirigen únicamente contra infraestructuras militares, sino también contra las bases económicas de la región.
Si esta tendencia continúa, podrían producirse fuertes fluctuaciones en los precios mundiales del petróleo, interrupciones en las cadenas globales de suministro y graves perturbaciones económicas en numerosos países dependientes de los recursos energéticos.
En la dirigencia político-militar iraní no se observan fisuras. Por el contrario, las Fuerzas Armadas de Irán están aumentando la intensidad de los ataques y ampliando el radio geográfico del conflicto. Durante operaciones en dirección a Kuwait fue derribado el primer caza estadounidense (el piloto logró eyectarse y sobrevivir). Con anterioridad, se había informado oficialmente de la muerte de tres militares estadounidenses.
En Pakistán, Irak, Afganistán y otros países, se han activado estructuras y milicias chiíes aliadas de Irán, que han lanzado ataques contra embajadas y consulados estadounidenses. La guerra también ha involucrado al movimiento libanés Hezbolá, que ya ha disparado varios misiles hacia Israel. Se prevé asimismo la participación activa del movimiento político-militar yemení Ansar Allah (hutíes), lo que representaría un serio desafío tanto para Israel y Estados Unidos como para Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos.
Ello significa que, además del estrecho de Ormuz, podría volver a cerrarse también el estrecho de Bab el-Mandeb, asestando un nuevo golpe a la economía regional y mundial, dado que por estas rutas transita una parte sustancial del comercio marítimo internacional y del transporte global de energía.
Trump aspiraba a obtener un resultado similar al de la breve operación especial llevada a cabo el 3 de enero de este año en Venezuela. Sin embargo, hoy se enfrenta a una guerra regional de gran escala, para la cual ni la sociedad estadounidense ni sus fuerzas armadas parecen estar preparadas.
En síntesis, la guerra ya no se desarrolla según el escenario que planearon Trump y Netanyahu. Como señalé y fundamenté desde el primer día del conflicto, sus cálculos estratégicos resultaron profundamente erróneos e ilusorios.