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Viernes 20 de Febrero - Buenos Aires - Argentina
PREMIO MEJOR MEDIO DE PRENSA PUBLICADO EN LENGUA EXTRANJERA - MINISTERIO DE LA DIASPORA DE ARMENIA 2015
Opinion - Hagop Avedikian, Ereván, Armenia
En el camino del Gólgota
20 de Febrero de 2026

Dentro de apenas dos semanas, junto con el mundo cristiano, también nosotros celebraremos la Semana de la Pasión: el camino que recorrió Cristo desde el tribunal de Poncio Pilato hasta el Gólgota, con la corona de espinas sobre su cabeza, en medio del escarnio y los escupitajos, acompañado por soldados romanos y por unos pocos fieles, entre ellos su Madre, hasta llegar al madero de la Cruz, ser elevado entre dos malhechores, clavado al leño y, tres días después, resucitar.

Algunos vivirán esa semana con recogimiento y profunda conciencia, sabiendo que el sacrificio de Cristo tuvo lugar por nosotros, en lugar nuestro y para nuestra salvación. Hallarán consuelo en la Santa Resurrección, en la victoria de la Verdad. Pero para muchísimos otros ese fin de semana será apenas un huevo rojo de Pascua, y para algunos, simplemente una ocasión para comer y beber con abundancia tras la Cuaresma y el ayuno.

También habrá quienes, como nuestro “inigualable” primer ministro, derramarán lágrimas de cocodrilo, se golpearán el pecho y, desde una distancia de dos mil años, confesarán con aparente sinceridad que no estuvieron al lado del Crucificado en el momento decisivo, que lo dejaron indefenso; mientras, al mismo tiempo, continúan persiguiendo sistemáticamente a la Iglesia Apostólica Armenia, a su clero y al Katolikós de Todos los Armenios, sometiendo a algunos a humillaciones y tormentos en sótanos, castigando a benefactores y fieles, supuestamente para “educarlos”, “moralizarlos” o “corregirlos”, pretendiendo reformar así nuestra Iglesia fundada hace más de 1700 años.

Ese mismo personaje, “milagrosamente” convertido al cristianismo, actuó y continúa actuando del mismo modo respecto a nuestros compatriotas que sufren en las cárceles el régimen de Alíyev, incluidos los dirigentes estatales de Artsaj, quienes recientemente fueron condenados por un tribunal turco-tártaro a cadena perpetua, o a veinte y dieciséis años de prisión. Él —el que proclama “¡el gobierno soy yo!”— guardó silencio, o lo hizo en virtud de un tácito acuerdo con Ilham y, sobre todo, con Recep Tayyip, sin pronunciar palabra en defensa de nuestros rehenes capturados, temiendo que, una vez en libertad, hicieran declaraciones reveladoras y se sumaran a la oposición interna, fortaleciéndola; y temiendo, en el caso de Rubén Vardanián, su capacidad para reactivar el movimiento Aurora, volver a situar en foros internacionales la causa del Genocidio Armenio y la de otros pueblos víctimas de genocidio.

Sí, nuestros rehenes han tenido y tienen dos enemigos principales: uno externo —el turco-tártaro— y uno interno —el nicolista—. Han tenido y tienen también a un Pilato que se lava las manos, encarnado en el poder ruso, así como a todo un grupo de fariseos, representados por nuestros llamados estados “amigos” de Europa y Estados Unidos.

No olvidemos tampoco que, además de enemigos, pilatos y fariseos, en el camino del Gólgota de las víctimas de la “justicia” turco-tártara —y de toda nuestra nación— abundan también los delatores de las treinta monedas de plata, los jueces que fabrican causas, los funcionarios que las ejecutan. Por ello se vuelve aún más arduo nuestro ascenso hacia la cumbre.

Sin embargo, como nos alienta el inquebrantable Ruben Vardanian en su última carta dirigida a su familia, superaremos el camino del Gólgota y finalmente alcanzaremos el Monte de la Ascensión, donde celebraremos nuestra Gloriosa Resurrección...

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