Propuesta pública abierta a las alianzas opositoras.
La incorporación de clérigos de la Iglesia Apostólica Armenia (IAA) en los primeros diez lugares de las listas preelectorales de las alianzas opositoras sería un paso políticamente inteligente, que encontraría una alta respuesta electoral. Esta propuesta surge de una realidad política concreta: el gobierno en ejercicio, con su mayoría política, ha emprendido una confrontación, persecución jurídica y pública sin precedentes contra la Iglesia Apostólica Armenia.
No se trata de divergencias de valores, sino de presión institucional, descrédito público, acoso legal y el socavamiento de la legitimidad de la IAA. En la IAA abundan clérigos brillantes, jóvenes, ilustrados, de alta formación y vocación, dinámicos, con una profunda comprensión de las prioridades nacionales. En estas condiciones, la inclusión de un clérigo de la IAA en el top diez de las listas opositoras ya no es un gesto simbólico. Es un paso político defensivo y equilibrador, con al menos 4 fundamentos:
1) Confrontación institucional, no "aceptación permanente de desafíos"
Durante años, la Iglesia Apostólica Armenia ha aceptado desafíos en forma de cambios sociales y críticas. Sin embargo, la situación actual es cualitativamente diferente. Por primera vez, el poder del Estado intenta, a nivel sistemático, politizar el descrédito de la Iglesia, crear una confrontación pública hacia la institución espiritual y reformular los pilares de la identidad nacional sin la Iglesia.
Esto ya no es un "desafío de la época". Es una confrontación política iniciada por el poder contra una institución de alcance nacional. Y si el gobierno lleva a cabo un ataque institucional, la oposición está obligada a garantizar una defensa institucional. La situación es sin precedentes, y las soluciones también deben ser audaces e inéditas.
2) La cuestión de la legitimidad de la IAA frente a un 70–80% de confianza pública
La paradoja es evidente: una de las instituciones con el índice más alto de confianza social —la Iglesia Apostólica Armenia, con un 70–80% de credibilidad pública— se ha convertido en blanco de una presión política sin precedentes.
Esto significa que el poder no solo se enfrenta a la institución y al Katolikós, sino también a la mayoría social que sostiene esa confianza, subrayo: se enfrenta a la mayoría pública que rechaza ese programa político. La oposición, si desea convertirse en un polo representativo de alcance nacional, está obligada a institucionalizar esa confianza, capitalizar el posicionamiento de la mayoría pública y hacerlo políticamente aplicable.
La inclusión de clérigos en el top diez de las alianzas opositoras significa para dichas alianzas que:
Si la oposición no hace esto, el capital de confianza del 70–80% queda políticamente no representado, inutilizado, no contabilizado e inútil para ambas partes.
3) Separación Estado–Iglesia: jurídica, no ideológica
La participación o candidatura de un clérigo no contradice en modo alguno el principio de separación entre lo espiritual y lo secular.
La separación Estado–Iglesia se refiere a la división funcional de la gobernanza, no a la limitación de los derechos civiles ni de la fe religiosa.
El clérigo, como ciudadano de la República de Armenia, tiene derecho a elegir y a ser elegido, es decir, es ya un ser político y sujeto político, aunque no partidario.
Su incorporación al parlamento no significa la participación de la Iglesia en la gestión ejecutiva del Estado. Significa la presencia, en la institución central del poder secular, de los fundamentos espirituales, morales y de los valores nacionales, no solo a nivel simbólico, sino a nivel de influencia institucional y representativa concreta. Eso permitirá a la oposición consolidar su agenda política tomando en cuenta los fundamentos vitales de la nación y sus valores.
Desde el punto de vista de la tecnología política, esto también se ha vuelto una necesidad. No viola la separación Estado–Iglesia, sino que restaura los pilares morales y espirituales de Armenia en la institución política donde se decide el futuro de la nación y del Estado.
4) Cálculo político frente a la presión política
La política anticlerical del gobierno ha creado un vacío de valores y una polarización social. La inclusión de un clérigo:
Este es un paso defensivo, con la lógica de una contraofensiva institucional.
Si el gobierno ha elegido la confrontación sistemática con la Iglesia Apostólica Armenia, la oposición no puede limitarse al rol de observadora, comentarista o crítica. La inclusión de un clérigo de la IAA en el top diez de las alianzas opositoras debe convertirse en una decisión política experta.
Eso legitimará a la oposición colectiva y posicionará a las alianzas preelectorales como defensoras de las instituciones nacionales. Institucionalizará el recurso público del 70–80% de confianza. Restaurará el equilibrio político alterado.
De lo contrario, se creará una situación peligrosa en la que una institución nacional de alta confianza queda absolutamente desprotegida en términos políticos, y la comunidad opositora se ve privada de un aliado natural.
Esta es la respuesta necesaria a una política gubernamental concreta. La presencia de un clérigo en el nivel de las elecciones y las decisiones políticas se convierte en un mensaje de alcance nacional: que las alianzas opositoras están dispuestas a defender las instituciones nacionales, no solo de palabra, sino con hechos.
Este imperativo político y electoral ya no es solo un paso estratégico: es una obligación nacional que restaura el equilibrio de valores e institucional, consolida la identidad nacional y demuestra la legitimidad moral y nacional de las alianzas opositoras preelectorales. La presencia espiritual como necesidad política, en el contexto de la política anticlerical del gobierno, no es solo una necesidad, sino un paso políticamente tecnológico y legítimo.
La representación de las minorías nacionales en la Asamblea Nacional es obligatoria por ley. La Armenia espiritual debe estar representada obligatoriamente en el centro de la responsabilidad política.
Esto no es una violación de la separación Estado–Iglesia.
Es su restauración: sobre la base de los pilares morales y nacionales, y el retorno de las prioridades a la institución de alcance popular.
P.D. Faltan 65 días para el inicio de la presentación de listas ante la Comisión Electoral Central. La propuesta es clara: sean los iniciadores, construyan su propia mayoría. Apóyense en las aspiraciones y objetivos de su electorado, no actúen de forma lineal y predecible, pasen a una política no lineal, proactiva. Seguir las encuestas no es estrategia; crear una agenda basada en valores es estrategia. El resultado político llega cuando uno forma las reglas del juego, no solo cuando responde a ellas.
Vladimir Martirosian, politólogo