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Miércoles 17 de Junio - Buenos Aires - Argentina
PREMIO MEJOR MEDIO DE PRENSA PUBLICADO EN LENGUA EXTRANJERA - MINISTERIO DE LA DIASPORA DE ARMENIA 2015
Kegam Mkrtchian
Gira, gira la calesita
17 de Junio de 2026

No nos referimos a la conocida calesita electoral (el voto en cadena o "carrusel"), sino a algo más simple: lo principal se repite de elección en elección entre nosotros, y así sigue sin cambiar.

Circulaba en los años soviéticos un viejo chiste: el zar Nicolás de Rusia resucitaba milagrosamente "del más allá" y, al llegar, encontraba un mitin en marcha. Algunos estaban sentados arriba, en el escenario; todos los demás, abajo, en la sala. Preguntó quiénes eran unos y quiénes los otros. Le respondieron que arriba estaban los gobernantes, abajo el pueblo. "Pero si en mi época era igual", dijo. "¿Para qué hicieron la revolución entonces?"

En 2018, el movimiento de Nikol Pashinian —llámenlo revolución o golpe de Estado, como prefieran— triunfó y lo llevó al poder junto a sus seguidores, en parte porque en el país simplemente no había manera de cambiar el gobierno mediante elecciones. Pero ahora, a pesar del descontento acumulado contra él y su administración, la historia parece haberse repetido. Resultó que el electorado armenio en su mayoría creyó y otorgó más votos al principal responsable de facto de la pérdida del milenario Artsaj armenio, de los miles de muertos sacrificados, de tantos prisioneros y desaparecidos; al que le dio la espalda al problema del Artsaj; al que llamó "fugitivos" a los propios artsajíes y los culpó por no haber muerto; al que nos dictó renunciar a nuestra herencia histórica, a nuestras raíces, al Genocidio armenio, a los valores nacionales y al monte Ararat, y vivir bajo el materialismo de la "Armenia real" y del "donde hay pan, allí te quedás".

Y que le dio mandato a él y a su fuerza para cerrar las escuelas de más de 220 aldeas, para desnacionalizar la educación primaria, secundaria y superior, para desmantelar el sistema de la Academia Nacional de Ciencias, para fusionar las universidades en grupos y expulsar del centro de la capital esas casas de estudio —junto con todo su cuerpo docente y estudiantil— hacia las afueras de la ciudad, a una "ciudad académica" cuya construcción nadie sabe bien cómo se realizará. Y para continuar con la interferencia ilegal y grosera en los asuntos de la Iglesia apostólica armenia, así como para seguir sembrando la enemistad y la división que ya se han vuelto su marca registrada.

Si el resultado preliminar registrado refleja o no el verdadero voto del electorado armenio, quizás aún se aclare. Pero mucho se ha dicho y se seguirá diciendo, con razón, sobre todo el proceso electoral —desde la campaña preelectoral hasta el escrutinio final—, factores que en conjunto podrían haber cambiado mucho.

Por ejemplo, la campaña del Contrato Civil comenzó mucho antes de los plazos oficialmente previstos: ¿lo recuerdan? Desde el 28 de febrero, con el "autobús de la alegría". Y antes y después de eso, el Canal H1, con sus noticieros, fue en la práctica la plataforma de propaganda diaria y monopólica —con pequeñas excepciones— de Nikol Pashinian y su partido. Todo eso se combinó luego con medidas sociales del Estado, adoptadas en el año electoral o en sus vísperas, que resulta difícil no calificar como un peculiar soborno preelectoral con cierto efecto real por parte de la fuerza gobernante.

Y en cuanto a la campaña propiamente dicha, señalemos las medidas sin precedentes desplegadas por el partido gobernante y su líder: intensa contrapropaganda, restricción de las posibilidades de los principales competidores, negación de sus derechos constitucionales —"está loco si cree que va a ser primer ministro", llegó a decir—, difamación, persecución y bloqueo. Se puso en marcha el mecanismo de la justicia selectiva, que ya aspira a volverse costumbre: quien estorba a Pashinian, quien le resulta un verdadero opositor o, en este caso, un competidor serio, de repente resulta ser un criminal o al menos tener alguna vulnerabilidad legal. Y no tarda la instrucción que parece impartida directamente a los tribunales: "todavía le quedan al menos diez años que debe permanecer en Armenia", es decir, que debe estar condenado por ese tiempo. Las amenazas y el vocabulario del primer ministro hacia quienes lo critican durante sus giras de campaña, como que no son dignos ni siquiera de ser un funcionario público cualquiera, mucho menos de jefe de Estado. ¿Era este el líder de Armenia que queríamos?

Y una cosa más. Si una fuerza que pretende participar en las elecciones incluye en su programa preelectoral disposiciones ilegales, ¿la Comisión Electoral Central debería aceptar su solicitud y registrarla, o debería rechazarla? El gobernante Contrato Civil, que como autoridad estatal es responsable de garantizar la legalidad de todo el proceso electoral y, al menos moralmente, de servir de ejemplo de esa legalidad, incluyó en su programa preelectoral disposiciones como la destitución del Katolikós de Todos los Armenios, la elección de un nuevo Katolikós y cuestiones afines lo que no solo es una violación de alguna ley ordinaria, sino de la propia Constitución del país. Y cuando la ley se viola una vez, incluso a nivel institucional, puede convertirse en práctica habitual. Y también en ejemplo para otros.

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