SECCIONES
ARMENIA
LOCALES
DIÁSPORA
UGAB
INSTITUCIONES
EMPRENDIMIENTOS Y PYMES
OPINION
AGENDA
SOCIALES
EDICIONES
Temp.: -
Hum.: -
Miércoles 04 de Marzo - Buenos Aires - Argentina
PREMIO MEJOR MEDIO DE PRENSA PUBLICADO EN LENGUA EXTRANJERA - MINISTERIO DE LA DIASPORA DE ARMENIA 2015
Suren Sargsian, investigador, analista y experto en política exterior estadounidense.
¿Qué viene después en Irán?
04 de Marzo de 2026

El inicio de la guerra contra Irán había sido anticipado días antes, cuando Estados Unidos concentraba tropas en todo el Medio Oriente y se preparaba para operaciones militares. Hoy es difícil prever cómo se desarrollarán los acontecimientos y en qué medida Washington podrá lograr, en un corto plazo, sus principales objetivos: un cambio completo de poder en Irán y la eliminación definitiva de sus programas nuclear y de misiles.

Este proceso podría extenderse por semanas. Sin embargo, si Washington concluye que un cambio de gobierno no es alcanzable —porque la población iraní no sale a las calles— podría declarar una "victoria" prematura y retirarse de la región sin haber logrado una transferencia real de autoridad. En ese caso, la guerra podría considerarse un fracaso, ya que el objetivo central habría quedado incumplido.

La administración Trump no ha logrado construir un amplio respaldo político interno: esta guerra no es popular entre la ciudadanía, y tampoco lo es el propio presidente. Según las encuestas, apenas el 27% de los estadounidenses aprueba los ataques conjuntos de Estados Unidos e Israel contra Irán. Dentro del Partido Republicano, ese apoyo llega solo al 40%, mientras que únicamente el 43% de los estadounidenses tiene una opinión favorable de Trump. Son indicadores notablemente débiles para una administración en ejercicio.

Vale recordar que, tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, la aprobación de George W. Bush superó el 90%, y contaba con un sólido respaldo del Congreso y de la opinión pública para la invasión de Afganistán.

Ante la posibilidad de bajas y pérdidas de material bélico, la aprobación de Trump podría deteriorarse aún más, complicando la posición republicana de cara a las elecciones legislativas de noviembre de 2026. En ese contexto, la perspectiva de un juicio político en Estados Unidos también podría cobrar cierta viabilidad: mediante presión ciudadana sostenida, algunos republicanos podrían sumarse a los demócratas para impulsar un proceso de destitución. Por todo ello, una guerra prolongada y a gran escala es absolutamente contraria a los intereses de Trump; necesita mostrar resultados rápidos y traer las tropas a casa.

En el plano regional, las tensiones en Medio Oriente son elevadas, pero en el Cáucaso Sur no se registran por el momento escaladas significativas. Esto obedece, en gran parte, a que aún no se han producido flujos masivos de refugiados que pudieran representar un desafío para Armenia y los países vecinos. Dentro de Irán, un proceso de fragmentación no ha tomado forma y la población no sale masivamente a las calles en busca de un cambio de régimen.

Para Armenia, el peor escenario posible sería la fragmentación de Irán y la creación de estados independientes en su territorio. Sin embargo, esa perspectiva parece poco probable. Aunque teóricamente Irán podría verse arrastrado hacia una guerra civil, por el momento no hay señales concretas que apunten en esa dirección.

Si una guerra civil no estalla y el país no se fragmenta, lo más probable es que todas las partes declaren "victoria", presentando ante sus respectivas audiencias internas el resultado de sus acciones como un éxito. En situaciones de este tipo, los desenlaces políticos e informativos suelen ser tan determinantes como los militares.

Conviene subrayarlo: si no se produce un colapso interno ni una inestabilidad a gran escala en Irán, el impacto directo sobre Armenia será probablemente acotado. Podrían surgir consecuencias económicas o energéticas de carácter indirecto, pero en principio serían manejables.

En cuanto a la etapa posterior al conflicto, la situación podría volverse más compleja. Una pregunta clave es hasta qué punto Irán tolerará iniciativas de reordenamiento geopolítico o de seguridad en su vecindad inmediata —como el proyecto TRIPP— que perciba como amenazas a sus intereses. Por ahora, sin embargo, ni la fragmentación de Irán ni el colapso de su sistema islámico parecen escenarios realistas.

En paralelo, el margen político de Trump es estrecho. Necesita resultados visibles y rápidos, tanto para su audiencia interna como de cara a los próximos procesos electorales. Si esos resultados no son claros y concretos, la iniciativa militar podría convertirse en una pesada carga política. En definitiva, la situación sigue siendo fluida e impredecible: solo cuando quede claro si los procesos internos en Irán se profundizan o se estabilizan será posible formular evaluaciones más definitivas.

Más leídas