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Locales - En la Argentina.
45 años de servicio a la armenidad

Iniciando una nueva etapa

08 de Septiembre de 2020

Hoy es domingo 6 de septiembre de 2020.

Acabo de terminar de presenciar la misa en la transmisión que todos los domingos se hace por Facebook desde la Catedral San Gregorio El Iluminador. Me uno en oración a muchas personas que como yo siguen la celebración religiosa desde sus casas debido a la pandemia del Covid-19. Me uno a nuestros eclesiásticos en el  pedido de paz para el mundo, salud para los enfermos y por el descanso eterno del alma de nuestros difuntos,  con el deseo sincero de confortar los corazones  de las familias que perdieron a un ser querido en estos últimos meses, sin poder darles el adiós que hubieran querido o necesitado.

Es un domingo de oración y de celebración. Al término de la misa, el heroico Himno de la República de Artsaj nos convoca a la celebración del 29º aniversario de la proclamación de la independencia de Artsaj (Karabaj) y al reconocimiento de cada uno de los que forjaron el movimiento de liberación. Nos remite al heroico pueblo de Artsaj, que no dudó en contribuir con la fuerza y la vida de sus hombres, mujeres, jóvenes y niños a la creación de esta segunda República armenia, que avanza día a día en el fortalecimiento de la democracia y lucha por el reconocimiento internacional de sus derechos.

En lo comunitario e institucional, también es un día de celebración para nosotros. Hace cuarenta y cinco años, veía la luz el primer ejemplar de SARDARABAD, publicación de la Asociación Cultural Tekeyán de la Organización Demócrata Liberal Armenia, de la mano de nuestro querido y recordado Nahabet Nahabetian y un grupo de entusiastas y firmes colaboradores como Daniel Youssefian, Mihrán Sarafian, Haig Shahinian, Armando Balassanian, Avedís Barsamian, Avedís Nalbandian  y mucha gente que empujaba de atrás para concretar ese sueño y compromiso de aporte a la manutención de la armenidad en Sudamérica, particularmente en la Argentina.

Los recuerdo en silencio y les rindo homenaje a todos los que no están y que nos acompañaron en estos cuarenta y cinco años. Les digo cuánto aprecio su trabajo y les agradezco por su enorme contribución al crecimiento y desarrollo del ser armenio en la Argentina.  Les agradezco con admiración por haber tomado una decisión importante en tiempos difíciles y por haberla sostenido en las tormentas.

De pronto, distintas imágenes de estos cuarenta y cinco años vienen a mi mente como una película. En muchos casos, cada cuadro, cada imagen tiene una historia en sí misma y es parte del proceso de transformación que llevó a Sardarabad de ser una publicación quincenal -la primera en publicarse en sistema offset en la Argentina- a convertirse en semanario, a armarse en una pc y cambiar sistemas operativos para llegar al día de hoy de esta manera, online, en coincidencia con nuestro aniversario. Esos cuadros son también partes importantes del proceso de cambios que sufrió nuestra comunidad y nos hacen transitar un camino completamente distinto del de aquellos días, en un paisaje diferente.

En cuarenta y cinco años, se creó un Estado en una región autónoma; Armenia recuperó su Estado independiente y en la diáspora comenzó un camino nuevo de concientización, entrega  y concertaciones. Se encendió la luz o "la llama", como dijo el presidente de Armenia, Armén Sarkisian y con ella, el desafío de mantenerla siempre encendida.

No sabemos qué puede pasar en los próximos años, ni siquiera en los próximas horas, pero el día a día que vivimos es próspero en creación, en unidad, en fe, lo que augura un futuro bueno para la comunidad, a pesar de algunos datos locales que pueden sonar pesimistas.

Hemos recorrido con la comunidad menos de la mitad de su historia más que centenaria. En casi ciento veinte años, cuatro generaciones de armenios estudian, trabajan, construyen, crean en el país que les dio cobijo o donde nacieron, con la mirada puesta en Armenia. Y Armenia mira a la Diáspora. Se construye, se desarrolla con fuerzas locales y con la Diáspora, en una conexión única e indisoluble, que medios, instituciones y personas ayudan a sostener día a día.

En ese trabajo estuvimos y estamos hoy y siempre, con dedicación, con entrega, con respeto y con amor por nuestras raíces, aunque el viento nos lleve a donde sea. Es un camino infinito en el que cambian los actores pero no cambia el paso.  

Recibí este trabajo como un legado, casi como un mandato de su fundador y primer director, Nahabet Nahabetian. Me tocó coordinarlo bajo la atenta y dedicada dirección de su hijo, Sergio Nahabetian y hoy la incorporación de la tercera generación encarnada en Alex Nahabetian, su gestión, su trabajo y su entrega permiten esta actualización, con la que a partir de hoy llegamos a nuestros históricos lectores y a las nuevas generaciones.

La pandemia aceleró el proceso de cambios que son bienvenidos.

La llama sigue viva donde quiera que estemos y como quiera que la mantengamos.

¡Gracias por acompañarnos hoy y siempre!

Diana Dergarabetian

 

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Tapa de la primera edición, 6 de septiembre de 1975

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