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Locales - Honorable Senado de la República Argentina
Distinción a la Iglesia Apostólica Armenia
03 de Octubre de 2026

La Cámara alta entregó su Diploma de Honor a la Iglesia Apostólica Armenia por más de un siglo de labor espiritual, social y comunitaria en el país. Lo recibieron Monseñor Arén Shaheenian y Carlos Varty Manoukian.

La Iglesia Apostólica Armenia recibió el jueves 1 de octubre el Diploma de Honor del Honorable Senado de la Nación, un reconocimiento a la labor espiritual, social y comunitaria que desarrolla en la Argentina desde hace más de un siglo.

La distinción quedó en manos de Monseñor Arén Shaheenian, Obispo Primado de la Iglesia Apostólica Armenia para la Argentina y Chile, y de Carlos Varty Manoukian, vicepresidente del Centro Armenio de la República Argentina. En sus discursos, uno y otro repasaron la historia de la Iglesia en el país y el lugar que ocupa en la vida de la comunidad.

Encabezó la ceremonia el presidente provisional del Senado, Bartolomé Abdala, junto a Gustavo Guillermé, presidente del Congreso Mundial de Diálogo Intercultural e Interreligioso "Una Senda hacia la Paz", la entidad que impulsa estas iniciativas. El acto formó parte de una jornada que reunió a representantes de distintas confesiones y que Guillermé vinculó con la visita que el Papa León XIV hará a la Argentina en noviembre.

"Una Iglesia viva, misionera y evangelizadora"

Monseñor Shaheenian abrió su mensaje con una definición: la Iglesia Apostólica Armenia "no es solamente una institución del pasado, ni únicamente un espacio destinado a conservar tradiciones. Es una Iglesia viva, misionera y evangelizadora".

El Primado recorrió sus orígenes, desde la predicación de los apóstoles Tadeo y Bartolomé hasta San Gregorio el Iluminador y la creación del alfabeto por San Mesrob Mashdots, para mostrar que evangelizar y educar fueron siempre una misma tarea. "La iglesia formaba el corazón; la escuela formaba la inteligencia; la familia transmitía la vida", resumió.

Esa historia continuó en el país. "Cuando el pueblo armenio llegó a la Argentina, trajo consigo una historia de dolor, pero también una profunda esperanza", recordó, y describió lo que significó la iglesia para aquellos primeros inmigrantes: "No fue únicamente un templo para celebrar la Divina Liturgia. Fue también un hogar, una escuela, un lugar de memoria, una casa de solidaridad y un espacio donde las familias podían reencontrarse con su idioma, su cultura y su fe".

Monseñor Shaheenian insistió en que esa misión no se agota en la colectividad. "Nuestra misión no se limita a los armenios. La Iglesia Apostólica Armenia forma parte de la sociedad argentina y tiene una responsabilidad ante todo el pueblo argentino. Somos herederos de una tradición particular, pero estamos llamados a ofrecer sus frutos al bien común", sostuvo. Y fue más allá: "La fe que recibimos no debe encerrarnos, sino impulsarnos a servir".

Para el Primado, la presencia de la Iglesia en el país es "un signo de gratitud: gratitud a esta tierra que recibió a nuestros padres y abuelos, y compromiso con la sociedad que compartimos". Antes de terminar agradeció la distinción al Senado, a Abdala y a Guillermé.

"Donde hubiera un grupo de armenios, tenía que haber una iglesia"

Manoukian dedicó el reconocimiento a quienes fundaron la comunidad. El Centro Armenio, Institución Administrativa de la Iglesia, lo recibe "como tributo a las generaciones fundacionales, que hace un siglo priorizaron reafirmar la fe colectiva por sobre los intereses y el bienestar individual y grupal".

"Cuando los armenios llegaron a estas tierras, muchos con las heridas abiertas del genocidio de 1915, no traían más que su memoria, sus oraciones y su deseo de volver a empezar. Y aportaron algo más: la certeza de que donde hubiera un grupo de armenios, tenía que haber una iglesia", señaló.

Aquellos refugiados se reunieron primero en salones prestados y casas de familia, y después levantaron los templos. "La iglesia fue para ellos mucho más que un lugar de culto. Fue escuela, fue hogar, fue el sitio donde se conservaron el idioma, los cantos sagrados, las tradiciones y la identidad", dijo el vicepresidente del Centro Armenio, para quien el bautismo cristiano es, entre los armenios, "además un sello de armenidad".

De esa fe nacieron los templos que desde hace un siglo "llenan de Armenia la geografía argentina": la Catedral San Gregorio el Iluminador de Palermo, consagrada en 1938, y las iglesias de Flores, Vicente López, Valentín Alsina, Liniers, el Cementerio Armenio y Córdoba, junto con los jachkares, los monumentos a los mártires y los colegios.

Manoukian destacó también lo que la colectividad le devolvió al país: profesionales, docentes, médicos, artistas y dirigentes. "Nuestra comunidad tiene ya cinco generaciones de argentinos orgullosos de su ser y respetuosos del pasado de sus mayores", afirmó, y cerró: "La Argentina, que les dio a los armenios un sitio de paz y progreso, sabe que cuenta con ellos".

Durante la ceremonia se proyectó un video institucional sobre la Iglesia Apostólica Armenia y su historia en la Argentina. Asistieron autoridades nacionales, senadores, la encargada de asuntos consulares de la República de Armenia, Ruzanna Azroian, miembros del cuerpo diplomático y representantes de las instituciones de la comunidad.

En el mismo acto, el Senado entregó también Diplomas de Honor al Papa Francisco y a L. Ron Hubbard, fundador de la Iglesia de Scientology.

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