La primera versión de “Las golondrinas” -basada en un poema escrito por Jaime Dávalos y musicalizado por el autor junto a Eduardo Falú- fue estrenada por el binomio Gieco-Alín un año atrás en el Teatro Avenida de la ciudad de Buenos Aires, secundados por Vitale al piano, la Orquesta Aeropuertos Argentina -dirigida por Néstor Tedesco- y el Coro de las 110 Voces, conducido por Santiago Chotsourian.
Demirdjian añadió a esa pieza excelsa creada en Salta en 1963 la letra en armenio de “Dzidzernag” (“Golondrina”), creada en la tierra de sus ancestros armenios en 1854 por Parsegh Ganachian y Kevork Dodokhian. Indistintamente, sea en los tramos cantados en castellano como en las estrofas en armenio, la metáfora de la golondrina hecha canción remite a la identidad, el dolor del éxodo, el exilio forzado, la añoranza, los sueños y la esperanza de retornar al genuino lugar de pertenencia.
Dos años atrás, Víctor Pintos le contó a Gieco que una cantante argentina de origen armenio había recorrido 19 provincias del país de sus antepasados llevando bajo el brazo el proyecto musical “Meg ierk, meg marz” (“Una canción, una provincia”) inspirada en la obra cumbre “De Ushuaia a La Quiaca” emprendida por Gieco y Gustavo Santaolalla a principios de la década del ‘80. Todo el material de esa experiencia caucásica fue subido a Youtube en 19 episodios.
El comentario a la pasada del periodista causó tal impacto en la sensibilidad de su amigo músico, que el consagrado León apareció por sorpresa en la previsible rutina de Alín y le propuso sin vueltas: “qué bueno lo que hacés! hagamos algo juntos en homenaje a las víctimas del Genocidio armenio de 1915”.
Ahora, con el hecho consumado y el sueño cumplido de compartir escenario con uno de sus más admirados colegas, Alín rescata de su ídolo: “es como Bob Dylan. Les explico a mis amigos de Armenia y se conmueven tanto como yo. Pero lo más valorables de León es su sencillez. En todo momento te hace sentir cómodo”.
El inesperado tándem con León fue una de las razones de peso que impulsó a Alín a retornar a Buenos Aires a mediados de 2025, después de haber permanecido seis años en Gümrí, considerada “la capital cultural de Armenia”. A esa altura, Alín mostraba el aplomo de la cantante y guitarrista que había seguido rigurosamente los pasos de su padre bajista Daniel Demirdjian, su madre Alejandra Kilidjian (de reconocidas virtudes con la guitarra y la mandolina) y su hermano pianista Sevag.
Más tarde, de ese primer espacio formativo pasaría a integrar como solista los coros de los tres niveles de la escuela del barrio y un dúo de canciones infantiles con Talín Leylek, antes de grabar como solista tres discos de estudio y uno más en vivo. A sus 36 años, Alín no deja de aferrarse a su guitarra acústica y su voz, por estos días potenciada por el desbordante talento de Gieco, el hombre siempre dispuesto para aportar a las grandes causas.