Las Instituciones Armenias de la República Argentina (IARA) expresamos nuestra más profunda preocupación y enérgico rechazo ante la reciente decisión del Gobierno de la República de Armenia de prohibir la salida del país a S.S. Karekin II, Patriarca Supremo y Katolikós de todos los armenios, impidiéndole participar en un conclave de obispos en Viena.
Este hecho no constituye un episodio aislado. Se inscribe en un proceso más amplio y sostenido en el tiempo, caracterizado por un preocupante deterioro institucional y un progresivo giro hacia prácticas de carácter autoritario que afectan no solo a la Iglesia Apostólica Armenia, sino también a la sociedad civil, a los partidos de oposición y a la relación histórica entre Armenia y su Diáspora.
Desde hace varios años observamos con alarma:
• Ataques sistemáticos contra sectores de la oposición política, incluyendo procesos judiciales y detenciones que generan fundadas dudas respecto de su motivación política.
• Un clima de hostigamiento hacia voces críticas dentro de la sociedad civil, que debilita el pluralismo y restringe el debate democrático.
• Intentos reiterados de desacreditar a la Diáspora armenia, insinuando falsamente que su compromiso con la memoria, la seguridad y la dignidad nacional constituye un obstáculo para la paz, promoviendo así una fractura artificial entre Armenia y su comunidad global.
• Y, de manera particularmente grave, una creciente intromisión del poder político en los asuntos internos de la Santa Iglesia Apostólica Armenia, mediante procedimientos arbitrarios y campañas de estigmatización de su liderazgo espiritual.
Estas conductas no solo vulneran principios esenciales del Estado de Derecho, la libertad de conciencia, la libertad de expresión y la participación política, sino que ponen en riesgo la cohesión del pueblo armenio en su conjunto, tanto en la República como en la Diáspora.
La Iglesia Apostólica Armenia no es un actor partidario ni una estructura subordinada al poder político. Es el pilar espiritual de nuestra identidad milenaria y custodio de nuestra fe. La separación entre Iglesia y Estado debe garantizar autonomía y respeto mutuo; nunca puede transformarse en un instrumento de presión, disciplinamiento o subordinación.
La prohibición impuesta al Patriarca Supremo representa un precedente alarmante. Impedir su participación en una instancia eclesiástica internacional constituye una vulneración directa de la libertad de movimiento y una señal inequívoca de interferencia estatal en la vida interna de la Iglesia Nacional.
Por todo ello, desde IARA rechazamos con firmeza:
Toda acción destinada a silenciar o neutralizar a la oposición política mediante mecanismos de presión institucional o judicial.
Los intentos de dividir a Armenia de su Diáspora mediante discursos que buscan desacreditar el compromiso histórico de las comunidades armenias del mundo.
La persecución o intimidación de referentes religiosos, sociales o políticos por el ejercicio legítimo de sus funciones.
La utilización del aparato estatal para promover confrontaciones internas que debilitan la unidad nacional.
Como representantes de toda la Comunidad Armenia de la República Argentina hacemos un llamado urgente a las autoridades de la República de Armenia a:
• Respetar plenamente la autonomía, organización y gobierno interno de la Santa Iglesia Apostólica Armenia.
• Garantizar los derechos inviolables de todas las personas, organizaciones civiles y partidos políticos, sin discriminación ni persecución.
• Preservar la independencia del Poder Judicial y el pluralismo político como pilares de toda democracia.
• Reconstruir una relación de respeto y cooperación con la Diáspora armenia, reconociendo su rol histórico, su compromiso permanente y su aporte invaluable a la Nación.
Reafirmamos que la fortaleza de Armenia no puede edificarse sobre la confrontación interna, la restricción de libertades ni la estigmatización de quienes piensan distinto. La unidad nacional no se impone; se construye sobre la base del respeto institucional, el diálogo genuino y la convivencia democrática.
La identidad armenia —forjada a lo largo de siglos de adversidad— no puede ser erosionada por prácticas contrarias a los valores que caracterizan nuestra esencia nacional. Iglesia y Estado son entidades distintas y así deben continuar, en un marco de respeto recíproco y equilibrio institucional.