Se presentó un nuevo libro en Montevideo, La Escuela Nersesian del Centro Nacional Armenio del Uruguay (1935-1967), escrito por el Dr. Gustavo Zulamian. Más de 150 personas participaron de este evento cultural en la sede social de la Unión Compatriótica Armenia de Marash. Un libro con una excelente encuadernación, 364 páginas y en dos idiomas, español y armenio.
La presentación de este nuevo libro de Zulamian estuvo a cargo de la presidenta del Centro Nacional Armenio del Uruguay, Ing. Maral Tavokjian, y del Mag. Hovhannés Bodukian, responsable de la traducción al armenio. El evento fue conducido por Gerardo Polatian y contó con la actuación del conjunto de danzas folklóricas Gayané. Entre los presentes se encontraba la embajadora de Armenia en Uruguay, Mariam Gevorgyan junto al arzobispo Hagop Kelendjian.

Maral Tavokjian expresó que "el libro nos lleva al contexto en que se formó nuestra colectividad: una comunidad conformada mayoritariamente por sobrevivientes del Genocidio Armenio, que llegaron a estas tierras sin nada material, pero con una necesidad profunda: seguir siendo armenios. De esa necesidad nacieron las primeras escuelas comunitarias, y en 1935 se funda la Escuela Nersesian. El libro recorre sus distintas etapas, sus maestros, sus alumnos, sus ideales y también sus tensiones internas: las discusiones sobre banderas e himnos, los vínculos con la madre patria, el sueño de la repatriación, y las divisiones que, con el tiempo, dieron lugar a nuevas configuraciones institucionales dentro de nuestra colectividad que llegan hasta nuestros días, podríamos decir, sin cambios.
Lo que más me conmueve de esta historia es algo que Gustavo documenta con mucho respeto: cómo una escuela modesta en infraestructura fue inmensa en espíritu. Enseñaba idioma, historia y cultura armenia en paralelo con la educación pública uruguaya. Y esa apuesta silenciosa, sostenida durante décadas por maestras e integrantes institucionales, principalmente mujeres (aquella comisión de fomento y de damas), a la que concurrían hijos de las familias trabajadoras de la época, con el objetivo de aprender el idioma y mantener lazos con sus raíces.
Quiero destacar el trabajo de investigación de Gustavo Zulamian Ohanian, que se tomó el tiempo de indagar en archivos, testimonios y documentos para reconstruir esta historia con seriedad y cariño".
Bodukian definió a Gustavo Zulamian como un azkaín kordzich (activista nacional, en armenio), como los activistas armenios del siglo XIX: desde su adolescencia como estudiante, después como editor de la revista Hay Endanik, por la realización de documentales como 24 de abril: tres generaciones o el libro Entre la historia y la memoria: los armenios de Marash en el Uruguay, hasta su participación como directivo de la UGAB. Recordó que "siempre estuvo vinculado con la educación armenia en Uruguay, no solo como directivo del colegio Nubarian, sino en distintos eventos en los que el tema fue la educación —particularmente la armenia— y su historia, y siempre estuvo especialmente interesado por la escuela Nersesian del CNA y el misterio de su reconocimiento comunitario. Gustavo, al igual que los activistas nacionales del siglo XIX con los que lo comparé al principio, comprendió la importancia de las escuelas en el proceso de preservación de la identidad nacional, base de la creación del Estado nacional.

El libro analiza no solo las circunstancias de creación de la Escuela Nersesian, sino en general de las escuelas armenias en Uruguay, las condiciones en las que surgen, las dificultades que enfrentan y el entusiasmo con el que se busca solucionarlas. Además, informa sobre el resto de las escuelas, sus programas, los libros que utilizaban, las materias que impartían y los aspectos que se evaluaban. Y habla de los primeros educadores, de los intelectuales que emprendieron incluso la edición de libros escolares en Uruguay.
Analiza la fundación de la Escuela Nersesian en el marco de la realidad comunitaria, partiendo de la creación del CNA en el contexto de un conflicto en la Iglesia Armenia entre el sacerdote y el Consejo Directivo, y la transformación de esa organización panarmenia en una institución progresista; como tal, sus vínculos con la Armenia Soviética. Analiza también el desarrollo de esas relaciones con la Diáspora a través de los hitos que las marcaron: la Segunda Guerra Mundial, la posterior Guerra Fría y, fundamentalmente, la repatriación —que no fue multitudinaria en nuestra comunidad, pero que marcó el devenir de la escuela y de toda la comunidad—. La llegada de materiales de la patria, las visitas que llegaban a la escuela, y los viajes a la Madre Patria, no solo turísticos, sino los de jóvenes que fueron con el propósito de formarse en Armenia. Pero junto a la clara posición ideológica de la institución respecto de la Patria, se destaca en el trabajo de la escuela la concurrencia de miembros de distintos sectores de la comunidad. Un momento en el que, más que lo ideológico, pesaba la cercanía a la escuela y la convicción generalizada de que lo que la escuela daba era una identidad nacional más allá de parcializaciones ideológicas o sectoriales.
En el marco de la historia de la Escuela Nersesian no solo se habla de las escuelas existentes, sino del proceso que vivió la educación posteriormente: la necesidad de crear una escuela unificada, el divisionismo comunitario que generó dificultades en esa escuela unida y, tras su creación, en el marco de un deterioro de la confianza en la educación armenia, la necesidad de una escuela integrada y de alto nivel, donde la profundización del divisionismo llevó a la creación de dos escuelas, una junto a la otra.
De la escuela se destaca fundamentalmente la formación de una generación que habla o hablaba armenio, o que al menos tiene o tuvo noción del idioma, pero que indiscutiblemente se formó con un alto sentido de la identidad más allá de las diferencias políticas que se fueron gestando. Una escuela que generó, además, una intensa actividad social y cultural.
En la sociedad de hoy, el centro de enseñanza sigue jugando un rol fundamental en la formación del ciudadano, en el formato del Estado que se quiere construir y en el concepto de identidad que queremos preservar. Y desde ese punto de vista, el libro es también una invitación a reflexionar sobre qué armenio queremos formar y con qué fin lo hacemos".
Bodukian destacó el hecho de la traducción del libro al armenio, incluida en la misma edición impresa: "la importancia de que la historia comunitaria llegue también a Armenia y al resto de la Diáspora, y un valor agregado: hacerlo en armenio occidental, como una forma de contribuir a la no extinción de ese armenio. Quiero, en ese sentido, agradecer la colaboración del arzobispo Hagop Kelendjian en la revisión de la traducción".
Finalmente, el Primado de la Diócesis de la Iglesia Armenia en el Uruguay, arzobispo Hagop Kelendjian, se refirió a Zulamian como "un investigador brillante y un gran intelectual".
"El intelectual no es el que escribe libros, sino quien tiene la sensibilidad sobre la cultura y la tarea de educar. Veo en el libro que dentro de nuestra colectividad se han hecho obras importantes, y alguien tenía que escribir sobre toda esa herencia de nuestros antepasados. Recordaba las líneas del gran historiador armenio del siglo V, Movsés Jorenatsí, que decía que somos una nación pequeña pero que ha hecho muchas obras valientes en nuestro país, y que estas obras son dignas de ser mencionadas. Y en la colectividad armenia puedo decir lo mismo: somos una comunidad pequeña en comparación con colectividades de otros países, pero han hecho muchas obras de valentía. Lo importante es la educación, y como vemos, la Escuela Nersesian hizo mucho, y algunos de los alumnos del colegio que hoy están acá siempre hablan conmigo en armenio. No es como dicen, que hay que hablar armenio en la casa para aprenderlo: en la casa no hablan inglés, pero aprenden inglés; no hablan alemán o francés, pero aprenden esos idiomas. Leyendo el libro, uno se emociona al ver cómo los armenios que todavía no estaban bien instalados en el país, y que eran representantes de la primera generación, no tenían educación universitaria, pero apreciaban la educación armenia. Los alumnos salían de la escuela hablando armenio. Nunca despreciaron el idioma, el espíritu, el rezo. Eso es importante. Así se puede fortalecer el espíritu armenio. Vamos a lamentar mucho si fracasamos en nuestra misión. Y la persona que podía escribir sobre todo esto era Gustavo".
Dirigiéndose al autor del libro, el arzobispo Kelendjian expresó: "es una gran obra, tienes mucha capacidad intelectual, eres muy detallista, como buen profesional y buen escritor. Te felicito con todo el corazón; nunca vi una obra de esta magnitud hecha dentro de esta colectividad".