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Instituciones - 111° Aniversario del Genocidio Armenio
Discurso del cónsul honorario Juan Carlos Merdinian en la Casa de Gobierno de Córdoba
01 de Mayo de 2026

El Gobierno de la Provincia de Córdoba recibió el 27 de abril, en la Casa de Gobierno a representantes de la comunidad armenia en el marco de los actos conmemorativos por el 111° aniversario del Genocidio Armenio. En ese acto de alto protocolo institucional, con la presencia del gobernador Martín Llaryora, el intendente Daniel Passerini, la vocal del Superior Tribunal de Justicia María Marta Cáceres Bolatti, el ministro de Vinculación y Gestión Institucional Miguel Siciliano, el fiscal federal Maximiliano Hairabedian e integrantes del cuerpo consular, tomó la palabra el cónsul honorario de la República de Armenia para Córdoba y Santiago del Estero, Ab. Juan Carlos Merdinian.

córdoba 11 aniversario 2026

El acto tuvo lugar tres días después de las conmemoraciones centrales del 24 de abril, fecha en que se recuerda el inicio del genocidio perpetrado por el Imperio Otomano en 1915. Ese día, Córdoba fue escenario de una serie de actos: una ceremonia en el Archivo Provincial de la Memoria —con música de duduk, oraciones y palabras de la juventud armenia— y un acto central en la Plaza San Martín, donde el rector de la Universidad Nacional de Córdoba encabezó los discursos. El Gobierno Provincial organizó también su acto oficial en el Salón Auditorio del Centro Cívico del Bicentenario, reuniendo a autoridades de los tres poderes del Estado, representantes de la colectividad armenia —entre ellas su presidenta, Lilian Balian—, referentes religiosos e instituciones educativas.

A continuación reproducimos íntegramente el discurso pronunciado por el cónsul Merdinian ante las máximas autoridades provinciales y municipales:

"Agradezco al Sr. Gobernador Martín Llaryora la oportunidad de recibirnos en su casa, a la Vocal del Superior Tribunal de Justicia Dra. María Marta Cáceres Bolatti, al Sr. Intendente Dr. Daniel Passerini, al Sr. Ministro de Vinculación y Gestión Institucional Miguel Siciliano, al Sr. Fiscal Federal Maximiliano Hairabedian, a los colegas del cuerpo consular de Córdoba, al Cr. Marcelo Bechara, Presidente de la Cámara de Comercio Exterior de Córdoba, a los Héroes y Veteranos de Malvinas, legisladores, secretarios, amigos.

Quisiera empezar mis palabras no relatando el motivo del acto en primer lugar, sino contarles primero de dónde venimos los armenios. Somos hijos de un pueblo milenario; nuestras raíces de identidad superan los 6.000 años, con una cultura que dio inicio a grandes transformaciones en su época: el uso del bronce, del hierro, su expansión al resto del continente. Cuando aquí, en los últimos lustros, escuchamos los debates sobre la igualdad de la mujer con el hombre, del feminismo y la inclusión, les digo que en la época precristiana ya nuestra deidad era mujer, la Diosa Anahid; que nuestras primeras mártires del cristianismo fueron mujeres, las Hripsimiantz y Sukiasiantz; que el monumento más impresionante de Ereván es la Madre Armenia, que en sus poderosas manos de hierro descansa un enorme sable. Y decirles también que venimos de un pueblo que desde sus inicios fue ecologista, protector del medio ambiente, que amó la tierra y sus frutos —lo vemos en las esculturas milenarias adornadas sobre piedra: la espiga de trigo, la vid, los pájaros—, y que los arqueólogos modernos y contemporáneos siguen descubriendo nuestro grandioso pasado: la bodega más antigua del mundo, el zapato de cuero más antiguo, el observatorio astronómico de Karahunj, de 6.000 años. Los lugares públicos de Ereván, sus calles y avenidas, están poblados de gigantescas estatuas y llevan los nombres de nuestros poetas, artistas, arquitectos, historiadores. De nosotros hablaban Jenofonte y Heródoto; los primeros mapas hablan de la grandeza de nuestra nación.

Entonces me pregunto: ¿qué mente siniestra, asentada en la ignorancia, la intolerancia, la prepotencia y el desprecio a la raza humana puede tener como plan macabro hacer desaparecer de sus tierras milenarias a este pueblo, de la forma más cruel, con los sufrimientos más desesperantes, con métodos y procedimientos repetidos sistemáticamente, de provincia en provincia, con indicaciones telegráficas del poder central, que nuestros archivos conservan? Todo es muerte: guerra o genocidio. Pero en este último no existe la legítima defensa, lo que lo convierte en un agravante. Fuimos sorprendidos en la mesa familiar, en el descanso nocturno, al salir de nuestros colegios, dentro de nuestras iglesias.

¿Cómo no sabremos del valor de la libertad, si fuimos sojuzgados durante 700 años en el Imperio Otomano? ¿Cómo no vamos a valorar la dignidad y el orgullo de ser, si siempre nos quisieron humillar? ¿Cómo no vamos a defender la memoria, si es el legado, la enseñanza que podemos brindar al mundo del peligro de estos forajidos cuando asumen el poder? O quizás detrás también haya cómplices, si a los ojos del mundo de hoy todo se mueve por negocios, la vida víctima de la ambición de pocos. Perseguimos la justicia porque aun hoy, a 111 años, nos fue negada.

Pero ya el gran filósofo Hobbes nos contaba en su gran obra Leviatán que el hombre es el lobo del hombre, y luego él y Rousseau crearon la teoría del contrato social: es decir, el hombre —y por tanto los Estados— sin ley está en caos; es indispensable para convivir la ley y los órganos con poder de coerción para hacer cumplir esta convivencia armoniosa y pacífica entre los hombres. Pero con nosotros no se cumplió hace 111 años. Hoy los distintos organismos de las Naciones Unidas no han podido hacer algo para parar guerras y muertes a diario, tampoco. Entonces, al decir de Hobbes y, más recientemente, Daron Acemoğlu, Premio Nobel de Economía, sin instituciones poderosas que pongan freno a los abusos, fracasan los Estados y la humanidad queda atrapada en la amenaza de su propia destrucción.

Pero cada colectividad dispersa de los pocos sobrevivientes es consciente, lo ha vivido, y lo ofrece como experiencia y advertencia al mundo. La fuerza del hombre, si fue creado a imagen y semejanza de Dios, tiene una fuerza que trasciende espacio y tiempo. Así lo fue Gandhi, enfrentando al gran poder británico; lo fue Mandela, venciendo al Apartheid; también Martin Luther King y tantos otros luchadores que no temieron enfrentar a los más fuertes. Los acompañaba la fuerza del convencimiento por la verdad.

Armenia, hoy ya República Democrática e Independiente, es de por sí misma un canto a la vida. Desde Armenia trabajan sus ciudadanos por el desarrollo y el orgullo cuya historia —hoy contada— los sustenta. Pero quiero decirles algo muy particular: esta Armenia también es generosa como el carácter de su pueblo. Envió ayuda a sus genocidas cuando sufrieron el terremoto: aviones con víveres y medicamentos. La misma generosidad que sentimos en cada país que abrió sus puertas para recibir a nuestros abuelos dolientes. Aquí encontramos la solidaridad, la aceptación, la libre práctica de nuestros cultos; nos abrazamos con cada vecino.

Y hoy quieren Armenia y los armenios del mundo cooperar, trabajar en conjunto, abrazarse en las grandes causas humanitarias con todos los pueblos del mundo. Aquí tenemos firmados acuerdos y memorandos sobre economía, turismo, ciencia, arte, educación y cultura; intercambios de experiencias con universidades, con hombres y mujeres de empresa, con alumnos y profesores universitarios. Córdoba hace su parte: este Consulado logró, en este breve período desde su creación, el acuerdo entre la Universidad Nacional de Córdoba y la Universidad Americana de Armenia; el acuerdo con el actual Ministerio de Economía de la Provincia de Córdoba, que dentro de su extenso articulado sienta las bases que posibilitarán el próximo Foro de Negocios, que llevará el poder industrial y agropecuario de Córdoba a Armenia en el próximo mes de octubre. Contribuiremos con la idea de internacionalizar la marca Córdoba —es nuestra— y ayudamos a concretar el hermanamiento de las ciudades de Etchmiatzin con Córdoba, sumado a un articulado similar al comentado, que ya dio sus primeros frutos con la visita del Intendente y del Presidente del Consejo Deliberante de Etchmiatzin, quienes disfrutaron del programa elaborado por este Consulado junto a la Intendencia, con visitas a las distintas reparticiones y conocimiento de un tratamiento y gestión municipal muy avanzados. El Intendente de Etchmiatzin invitó al Sr. Intendente a Armenia, con la propuesta de inaugurar un espacio —avenida o plaza a determinar— con el nombre de Ciudad de Córdoba, Argentina.

Hace pocos días, tras la inauguración del segundo Tumo en Núñez, en la cena con su creador el Sr. Pegor Papazian, le dije: "A solo dos días de nuestra magna fecha, Ing. Pegor, Tumo —presente en 10 países, con más de 30 filiales, con 10 proyectos más para este año— es la ejemplar muestra del triunfo de la vida sobre la muerte, de la verdad sobre la mentira. Este pueblo diezmado, indefenso, perseguido, hoy llena el mundo con su cultura, capacidad e innovación, promoviendo la creatividad, ayudando a niños y jóvenes del mundo, por millones, a encontrar un sentido a sus vidas, a su futuro, a su esperanza de vivir." Y me comentó, casi sin palabras, que Tumo es en honor a Hovannes Tumanyan, considerado el poeta de todos los armenios.

Apelo fundamentalmente a los jóvenes presentes: a ocupar lugares, a educarse cada vez más, a interpretar señales, a tener una sana crítica de cada acontecimiento, porque tarde o temprano, en este planeta cada vez más chico, nos afectará todo, lo bueno y lo malo —quizás esto último con mayor rapidez—. Ayer, el silencio premió a los genocidas: ¿quién se enteró cuando nos masacraban? Lo de hoy no es silencio, sino algo mucho más peligroso: demasiado ruido, psicología de la persuasión y manipulación de los medios, vender mentiras por verdad, confusión en las redes, IA: qué es cierto y qué no. Requiere mucha atención y preparación la prevención de males. Jóvenes: la verdad es como el agua, siempre busca su nivel. Es un principio de la hidrostática, el Principio de Arquímedes, luego desarrollado por B. Pascal. Cualquier elemento, cualquier cuerpo arrojado en un vaso de agua hace elevar su nivel. Tiremos una piedrita de negación y veremos que se eleva; de injusticia, se elevará más. Y si, ya cansados, quieren taparla de piedras, verán cómo el agua se derrama en la superficie: la verdad llegará a toda la sociedad.

Triunfaremos. Gracias.

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