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Domingo 09 de Agosto - Buenos Aires - Argentina
PREMIO MEJOR MEDIO DE PRENSA PUBLICADO EN LENGUA EXTRANJERA - MINISTERIO DE LA DIASPORA DE ARMENIA 2015
Iglesia - Santa Sede de Echmiadzín
Mensaje patriarcal del Katolikos de Todos los Armenios
08 de Agosto de 2026

El 7 de agosto, tras la primera audiencia judicial de la causa penal contra Su Santidad Karekín II, Supremo Patriarca y Katolikos de Todos los Armenios, y contra seis obispos miembros del Consejo Supremo Espiritual, la Hermandad de la Santa Sede y los fieles presentes participaron del oficio vespertino en la Catedral Madre de Echmiadzín. Al término de la ceremonia, el Patriarca impartió su bendición y su mensaje a los presentes.

PALABRAS DE SU SANTIDAD KAREKÍN II, KATOLIKOS DE TODOS LOS ARMENIOS, A LOS HIJOS DE ARMENIA REUNIDOS EN LA CATEDRAL MADRE

Amados hijos fieles:

Les traigo mi amor patriarcal, mi bendición y mi reconocimiento, porque después de que ustedes expresaran su rechazo ante el cerco judicial impulsado contra la Iglesia Armenia con procesos inaceptables, ahora, reunidos en la Catedral Madre, elevamos juntos una oración a Dios por nuestra Santa Iglesia y por nuestro pueblo.

La Iglesia Armenia es la cuna espiritual y el santuario de cada armenio. Nuestra Santa Iglesia es la fortaleza inquebrantable de la fe de nuestro pueblo, la que nos guía hacia Dios y la salvación, y la guardiana infatigable de la identidad armenia y de la herencia nacional-espiritual.

En nuestros días, las autoridades y las estructuras de poder están dando pasos para dañar el prestigio de la Iglesia, limitar su autonomía y someterla a su propia voluntad, así como para modificar, en función de conveniencias políticas circunstanciales, la percepción de la identidad nacional y los símbolos y recuerdos sagrados y entrañables. En efecto, la autonomía de la Iglesia ha sido, en todos los tiempos, una de las garantías fundamentales del bienestar de la nación y del fortalecimiento del Estado.

Constato con dolor que nuestra Santa Iglesia y su clero están siendo objeto de persecución por parte de las autoridades. Se aplicaron detenciones y restricciones de libertad, mediante causas penales ilegales y fabricadas, contra varios religiosos, un benefactor nacional y otras personas entregadas a la nación y a la Iglesia. Hace instantes regresé de la primera audiencia del proceso iniciado, con acusaciones infundadas e injustas, también contra mí y contra dos arzobispos y cuatro obispos miembros del Consejo Supremo Espiritual, audiencia que no llegó a celebrarse porque el juez se excusó de intervenir.

Queridos hermanos, estoy lleno de fe y determinación para defender mis justos derechos, garantizados tanto por la Constitución de nuestro Estado como por los principios fundamentales del derecho internacional.

Con esta conciencia y responsabilidad, y con amor hacia la nación y la patria, continuaré mi misión encomendada por el Señor a pesar de todas las dificultades y obstáculos, porque, como dice el salmista, Dios es nuestro refugio y nuestra fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones (Salmo 45:2). Sin duda, mi refugio es Dios, y mi servicio es para nuestro piadoso pueblo disperso por el mundo y para la patria querida.

Amados hijos fieles de Armenia: en este momento de reunión en oración, con amor paterno les traigo mi reconocimiento a ustedes y a todos mis hijos devotos de la Iglesia, en Armenia y en la diáspora, a las organizaciones nacionales y comunitarias, a los abogados y a los referentes científicos, educativos, culturales y políticos que, en las difíciles circunstancias actuales, apoyan con firmeza y dedicación a la Iglesia Madre y a su misión en beneficio de la nación. Debemos permanecer firmes y desplegar juntos un esfuerzo tenaz y sostenido para que cesen las injusticias en nuestro país, y para que la discriminación, la intolerancia y los discursos de odio y malicia no se propaguen. Debemos trabajar con tesón y constancia para que nuestro campo nacional y patrio se renueve con fraternidad y solidaridad, y para que en nuestra vida prevalezcan la verdad, la legalidad y la justicia, se respeten los seculares cánones y tradiciones de la Iglesia, y no se hieran los sentimientos religiosos de los fieles.

Mi exhortación como Patriarca a todos ustedes es que permanezcan serenos y prudentes, que no cedan ante provocaciones ni intrigas malintencionadas, y que se mantengan firmes en la fe y en la esperanza, porque Dios hace surgir bienes de toda circunstancia y prueba malintencionada, en beneficio de Su Santa Iglesia y de Su pueblo fiel. También en las tribulaciones se fortalece nuestra fe, se manifiestan la entrega firme a Dios, a la patria y a la Iglesia, y la fidelidad inquebrantable a nuestros sagrados valores nacional-espirituales. Frente a las amenazas externas e internas, fortalezcamos nuestra unidad nacional, hagamos fecundo nuestro camino con obras de entrega a la patria y de beneficio para la nación y, según el mensaje del Apóstol, fortalezcámonos en el Señor y en el poder de Su fuerza (Efesios 6:10).

Creo que nuestra Santa Iglesia, por la misericordia de Dios y por la entrega y el amor incondicionales de nuestro pueblo, superará también estos momentos difíciles y consolidará nuevos logros en el camino de su misión, para el bienestar y el esplendor de toda la vida del pueblo armenio.

Mi mirada está puesta en Dios y mis esfuerzos, en la construcción de la patria y el servicio a nuestro pueblo. Que Dios bendiga al Estado armenio y mantenga a nuestro pueblo sereno y en paz, en la patria y en la diáspora, hoy, siempre y por siempre.

Que la gracia, el amor y la paz de Nuestro Señor Jesucristo sean con ustedes y con todos. Amén.

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