Guarda tu boca; en el cielo queda escrito todo lo que de ella sale.
Las palabras tienen un poder mucho mayor del que muchas veces imaginamos.
Con nuestra boca podemos bendecir o herir, levantar o destruir, dar esperanza o sembrar desánimo.
La Biblia nos enseña que Dios escucha cada palabra que pronunciamos y que nuestras palabras reflejan lo que hay en nuestro corazón. Por eso, es necesario guardar nuestra boca y hablar con sabiduría, amor y verdad.
Cuando una persona habla con enojo, orgullo, mentira, murmuración o maldición, esas palabras no pasan desapercibidas delante de Dios.
Del mismo modo, cuando alguien bendice, anima, ora, da gracias y proclama la verdad, esas palabras también son valiosas ante el Señor.
Cada palabra tiene un impacto en quienes la escuchan y también revela la condición del corazón.
Antes de hablar, pregúntate:
¿Lo que voy a decir edificará o destruirá?
¿Traerá paz o división?
¿Honrará a Dios o solo expresará mi enojo?
Un corazón lleno de la presencia de Dios procurará usar la boca para consolar, exhortar con amor, enseñar y bendecir.
Pide al Espíritu Santo que guarde tus labios y te dé dominio propio para hablar en el momento correcto y con las palabras correctas.
Que de tu boca salgan oraciones, gratitud, alabanza y palabras que den vida a quienes te rodean.
Recordemos, que el Señor se agrada de un corazón sincero y de unos labios que proclaman la verdad con amor.
"Pon guarda a mi boca, oh Dios; guarda la puerta de mis labios."
(Salmo 141:3).
Que esta sea nuestra oración cada día, para que nuestras palabras glorifiquen a Dios y sean de bendición para los demás.
Monseñor Aren Shaheenian
Obispo Primado de la Iglesia Armenia para Argentina y Chile