Hoy, la comunidad armenia en todo el mundo vive el Sábado Santo (Ավագ Շաբաթ, Avak Shapat), una jornada de recogimiento que recuerda la sepultura de Jesucristo y el misterio de su descanso en el sepulcro. En la espiritualidad de la Iglesia Apostólica Armenia, este día es también espera: una pausa solemne antes del anuncio que da sentido a la Pascua.
Según el orden litúrgico armenio, el nuevo día comienza tras los oficios de la tarde. Por eso, al caer la noche, en muchas iglesias se celebra la Vigilia Pascual, conocida como Ճրագալույց (Djrakaluis), una palabra vinculada al encendido de luces. En esa celebración, el templo se ilumina y los fieles encienden velas, un gesto sencillo pero significativo: la luz expresa la victoria de la vida sobre la muerte y el inicio del gozo pascual.
El momento culminante llega con el saludo tradicional, transmitido de generación en generación en la Iglesia Armenia:
«Քրիստոս յարեաւ ի մեռելոց» (Krisdos Hareav y Merelots)
«Օրհնեալ է յարութիւնն Քրիստոսի» (Orhneal e Harutiunn Krisdosí)
En español: “Cristo ha resucitado de entre los muertos; bendita es la Resurrección de Cristo”.
Con esta proclamación concluye el tiempo del Gran Ayuno y se abre la fiesta de la Santa Resurrección, corazón de la fe cristiana y, para muchos armenios, un punto de encuentro entre religión, identidad y memoria familiar. En la diáspora, estas celebraciones reúnen a generaciones: abuelos, padres y niños comparten la liturgia, se saludan con el anuncio de la Buena Nueva (Avedis) de la Resurrección y prolongan la alegría en el hogar.
Tras el período de abstinencia de la Gran Cuaresma, las familias se reúnen en torno a una mesa festiva que marca el fin del ayuno. Entre las tradiciones más emblemáticas de la Pascua armenia —casi infaltables en cada hogar— se encuentran los huevos teñidos de rojo, símbolo de vida nueva y de la sangre redentora de Cristo. Es esta costumbre, junto al encendido de velas traídas del templo y el tradicional juego de "chocar" los huevos entre grandes y chicos, la que acompaña el intercambio del saludo pascual (Avedis), convirtiendo la celebración en un momento de alegría compartida y profunda identidad familiar.
El Sábado Santo ofrece una oportunidad de acercarse a una tradición milenaria que, más allá de las fronteras, sigue expresándose con un lenguaje universal: el de la luz, la esperanza y la celebración de la vida. Y para los armenios, dentro y fuera de Armenia, es una noche que recuerda que la fe también se transmite en comunidad: en el templo, en casa y en el saludo compartido.
Քրիստոս յարեաւ ի մեռելոց - Օրհնեալ է յարութիւնն Քրիստոսի. (Krisdos Hareav y Merelots - Orhneal e Harutiunn Krisdosí)