La vida de Alex Manoogian parece guion de Hollywood antes que biografía real. Un refugiado del Imperio Otomano que llegó a Estados Unidos con apenas 50 dólares en el bolsillo terminó construyendo un imperio empresarial millonario, revolucionó la industria de la grifería y se convirtió en uno de los mayores filántropos armenios del siglo XX, distinción que le valió el título de Héroe Nacional de Armenia.
Manoogian nació en 1901 en el Imperio Otomano. Tras el Genocidio Armenio, debió abandonar su tierra natal y llegó a Estados Unidos en 1920, con apenas 19 años.
América estuvo lejos de ser la tierra de oportunidades que había imaginado. Hablaba poco inglés, no tenía contactos ni recursos económicos, y aceptó cualquier trabajo que consiguiera. En Detroit fue lavador de autos, operario de máquinas, mecánico y peón.
Después de varios años de trabajo duro, logró ahorrar unos 5.000 dólares. Con ese capital cofundó, en diciembre de 1929, Masco Screw Products, la pequeña fábrica que con el tiempo se convertiría en Masco Corporation, uno de los mayores fabricantes de artículos para el hogar del mundo.
Abrir una fábrica a fines de 1929 parecía una locura: apenas unas semanas antes, el derrumbe de Wall Street había desatado la Gran Depresión, con miles de empresas cerrando y el desempleo en alza. Muchos creyeron que el emprendimiento de Manoogian no duraría ni unos meses.
La apuesta funcionó. Masco consiguió contratos para proveer piezas a gigantes automotrices como Ford y Chrysler, y creció de manera sostenida incluso en uno de los períodos más difíciles de la economía estadounidense.
El invento que le dio fama mundial es algo que miles de millones de personas siguen usando todos los días. Manoogian adquirió los derechos de una patente desarrollada originalmente por el ingeniero Landis Perry —cuyo diseño tenía fallas técnicas que impedían fabricarlo en masa—, rediseñó por completo el mecanismo e introdujo el sistema de válvula de bocha, creando así la primera canilla monocomando de éxito comercial, lanzada bajo la marca Delta.
Antes de su invento, la mayoría de las canillas tenían manijas separadas para agua fría y caliente. El diseño de Manoogian permitió controlar temperatura y caudal con una sola palanca, y terminó convirtiéndose en el estándar mundial de la industria. Por este logro, la prensa estadounidense lo bautizó "el Rey de las Canillas".
Aunque hoy se lo asocia mayormente a Perry como creador del concepto original, es Manoogian quien lo transformó en un producto viable y quien queda en la historia como su artífice comercial e industrial.
Pese a haber construido una fortuna inmensa, dentro de la diáspora armenia se lo recuerda ante todo como uno de sus más grandes filántropos. Durante más de 30 años presidió la Unión General Armenia de Beneficencia (UGAB), y financió la construcción de escuelas, iglesias, museos, hospitales y centros culturales armenios en todo el mundo.
Mantuvo, además, un compromiso profundo con la patria ancestral: pese a ser un industrial estadounidense y firme defensor del libre mercado, apoyó numerosos proyectos educativos y culturales en la Armenia soviética durante toda la Guerra Fría, algo que le valió críticas tanto de políticos norteamericanos como de funcionarios soviéticos. Manoogian sostuvo siempre que su ayuda no estaba dirigida a los gobiernos, sino al pueblo armenio.
En 1966 donó además su lujosa residencia de Detroit a la ciudad, que desde entonces funciona como residencia oficial del intendente y lleva su nombre: la Mansión Manoogian, un gesto más de un empresario que, a lo largo de toda su vida, volcó buena parte de su fortuna hacia su comunidad de origen.