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Diáspora - Zela Margossian
Ceasefire
13 de Enero de 2021

Cuando compuso Ceasefire (Cése al fuego), Zela Margossian no tuvo que imaginar el momento en que las bombas dejaron de caer en la zona de guerra. Es un recuerdo vívido de su infancia en Beirut durante la guerra civil. La pieza musical refleja la alegría que sintió al poder dejar el búnker para ir a la calle a jugar al futbol.

“Mamá y papá salían en búsqueda de agua o pan, cualquier cosa que necesitáramos”, recuerda. “Luego los escuchábamos ‘¡regresa, regresa! y volvíamos a bajar … creo que el trauma que tenemos de la guerra nos fue transferido por nuestros padres. De niños sentimos su estrés, su bronca." 

“Pero creo que en los búnkeres, a pesar que afuera el mundo era un infierno, nos divertíamos porque éramos niños. Luego, de adolescentes nos preguntábamos ‘por qué mi país siempre está en ruinas?"

Para Margossian, compositora y pianista radicada en Sydney, la llegada del COVID-19 fue sólo una parte de lo que ella llama un año loco. A esto se le sumó la devastación de la gigantesca explosión que tuvo lugar en el mes de agosto en Beirut. 

Su familia huyó al Líbano en 1990, fueron refugiados, producto de la guerra con Azerbaijan. Sintió una enorme angustia cuando el conflicto resurgió el año pasado. Incluso, un cantante de ópera, amigo de la familia falleció en combate.

A la edad de 21 años, se instaló en Armenia durante 6 años para continuar sus estudios de piano y sumergirse en el mundo de la cultura musical local, escuchó la fusión de música armenia con el jazz. Siempre le gustó las cuerdas coloridas del jazz, pero contaba con poco tiempo debido a su carrera como pianista, que tenía una orientación más clásica.

El punto máximo de su carrera llegó cuando tocó el concierto de piano Prokofiev junto a la Orquesta Nacional del Líbano a la edad de 26 años. “A pesar de que me fue bien, luego de ese concierto, me dije a mí misma, esta no es mi profesión”, comentó.

“No quiero pasar mi tiempo estresándome para presentar un programa que es 99% preciso, pero que no contiene ninguna fibra de mis emociones. Era como si otra persona subiese al escenario para tocar música." 

Su transición musical se complicó al mudarse a Australia, donde no conocía a ningún músico. Pero unos años más tarde, escuchó hablar de los talleres de música dirigidos por mujeres de Sandy Evans organizados a través de Sydney Improvised Music Association (SIMA).

"Estaba tan nerviosa al audicionar, sabía que no era una pianista de jazz, pero di lo mejor de mí y conseguí entrar en el taller”, dijo Margossian.

“Me gustó tanto, especialmente ver mujeres mentoras, su entrega y su motivación”, continúa la artista.

Posteriormente audicionó para un curso de jazz en el Conservatorio de Sydney, pero a pesar de su  destreza como pianista, su manejo del idioma fue considerado insuficiente. Cuando por fin consiguió entrar, tuvo que retirarse por cuestiones personales.

No obstante, en el tiempo que estuvo allí, sintió que su creatividad y conocimiento se expandían, lo que la motivó a componer (con su impronta personal que fusiona música armenia clásica, folk armenio y jazz harmony) , y tocar con músicos locales, lo que le permitió armar un quinteto y grabar en 2008 su álbum debut, justamente titulado Transition (Transición)

Para Margossian la música es más que entretenimiento o placer, puede hacer la diferencia para la gente que está en situaciones extremas.

“Incluso durante la guerra, vimos a los soldados cantar canciones de amor para consolarse entre sí. La música siempre está presente y en ella, la esperanza," concluyó.

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