Un acto organizado en la Plaza de la Ciudad Vieja de Praga el 29 de julio combinó discursos antiarmenios en turco, inglés y ruso con fotografías de comienzos del siglo XX de Artsaj y Ereván, en lo que analistas armenios describen como una nueva ofensiva de propaganda territorial de Bakú.
Mientras el Gobierno de Nikol Pashinian negocia con Bakú una serie de concesiones en nombre de la paz, Azerbaiyán lanzó una campaña de propaganda antiarmenia en pleno centro de Europa. El 29 de julio, en la histórica Plaza de la Ciudad Vieja (Staroměstské náměstí) de Praga, ciudadanos azerbaiyanos realizaron discursos en turco, inglés y ruso en los que calificaron a los armenios de "gitanos" que, según su relato, habrían usurpado tierras azerbaiyanas —entre ellas, la propia Ereván— con el respaldo de Rusia.
El operativo incluyó la exhibición de fotografías de comienzos del siglo XX de Artsaj (Nagorno Karabaj) y de Ereván, entre ellas imágenes de antiguos baños públicos, presentadas como supuesta prueba de una presencia azerbaiyana previa en la región. Una de las fotografías utilizadas, de hecho, había sido tomada de una publicación armenia, a juzgar por el epígrafe en idioma armenio que conservaba.

El objetivo de este tipo de actos no es nuevo. Durante años, Bakú desplegó una campaña similar para instalar la idea de que Nagorno Karabaj era territorio azerbaiyano, un relato que allanó el camino a la limpieza étnica de la población armenia de Artsaj en 2023. Consumado ese objetivo, el discurso oficial azerbaiyano —algo que el propio Ilham Aliev no oculta— avanza ahora sobre la propia República de Armenia.
Frente a este cuadro, se plantea la necesidad de que las autoridades armenias, y en particular la Cancillería, eleven notas de protesta no solo ante Bakú, sino ante los organismos correspondientes de cada país europeo donde se organicen actos de este tipo con reclamos territoriales basados en una historia tergiversada. Al fin y al cabo, es la propia Azerbaiyán la que, con estas iniciativas, desmiente el supuesto "proceso de paz" que dice impulsar, mientras se beneficia de la política de silencio de las autoridades armenias y multiplica sus herramientas de desinformación.
En ese sentido, se remarca que Armenia debería organizar exposiciones propias en distintas ciudades del mundo para mostrar cómo Azerbaiyán destruyó el patrimonio cultural armenio en Najicheván y, más recientemente, en el propio Artsaj ocupado, y para dejar en claro que un siglo atrás no existía un Estado azerbaiyano en esos territorios, por lo que los armenios no pudieron haberse apropiado de algo que no existía. Tampoco sorprende que la Fundación Heydar Aliev no limite este tipo de acciones a la República Checa: se trata de un proceso que se prevé continuo y que exige una respuesta a todos los niveles cuanto antes, antes de que sea demasiado tarde.