Fuerte condena internacional al secretario general de la OSCE por su respaldo a la destitución del Katolikós
Organizaciones de derechos humanos exigen una aclaración pública inmediata tras la difusión de una llamada en la que el diplomático turco Feridun Sinirlioglu se mostró dispuesto a colaborar con el gobierno armenio en la remoción de Karekín II.
Cuatro organizaciones internacionales —el Centro Armenio de Derechos Políticos, el Comité Helsinki de Armenia, el Foro por la Libertad Religiosa en Europa y Solidaridad Cristiana Internacional (CSI)— emitieron este jueves 23 de julio una declaración conjunta en la que expresan "profunda preocupación" y exigen al secretario general de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE), Feridun H. Sinirlioglu, una aclaración pública e inmediata sobre sus declaraciones respecto de la Iglesia Apostólica Armenia.
El origen del escándalo
Todo comenzó con una llamada telefónica grabada el 8 de julio, en la que dos bromistas rusos, haciéndose pasar por el primer ministro armenio Nikol Pashinian, contactaron a Sinirlioglu. Durante la conversación —difundida públicamente días después— el funcionario turco acusó al Katolikós de "politizar" a la Iglesia Apostólica Armenia y accedió a "estudiar" de qué manera la OSCE podría respaldar al gobierno armenio en su intento de removerlo. Cuando le preguntaron si sería posible "cambiar al Katolikós", quien se hacía pasar por Pashinian respondió que estaba "evaluando todos los caminos posibles" y pidió respaldo ante una eventual crítica pública, a lo que Sinirlioglu contestó: "Está bien, haré lo posible, lo voy a intentar."
Las organizaciones firmantes remarcan que en ningún momento de la conversación el secretario general objetó que la destitución forzada de un líder religioso por parte del Estado violaría las libertades fundamentales que la OSCE está llamada a proteger.
Un compromiso histórico en juego
El comunicado recuerda que el Acta Final de Helsinki de 1975, en su Principio VII, obliga a los 57 Estados participantes —entre ellos Armenia— a respetar "los derechos humanos y las libertades fundamentales, incluida la libertad de pensamiento, conciencia, religión o creencia". La autonomía de las organizaciones religiosas para regular sus propios asuntos internos y canónicos es, según los firmantes, un componente central de esa garantía.
Una campaña que no es nueva
El documento subraya que las declaraciones de Sinirlioglu no pueden analizarse de manera aislada: desde mayo de 2025, el gobierno de Pashinian lleva adelante una campaña sistemática contra la Iglesia Apostólica Armenia, que las organizaciones enmarcan dentro de un ataque más amplio contra la democracia y el Estado de derecho. El primer ministro pidió públicamente la destitución de Karekín II, presentó una "hoja de ruta" para lograrlo y formuló acusaciones contra el Katolikós y altos clérigos. Varios obispos tienen prohibido salir del país, y sacerdotes de alto rango fueron detenidos bajo cargos penales que, según los firmantes, parecen tener motivación política.
Las organizaciones destacan además el rol histórico de la Iglesia —reconocido en el artículo 18 de la Constitución armenia como su "misión excepcional"— en la preservación de la lengua, la cultura y la identidad nacional armenias desde la adopción del cristianismo como religión de Estado en el año 301. Recuerdan también que el Katolikós defendió los derechos de la población armenia, incluida la de Nagorno Karabaj, víctima de limpieza étnica en 2023.
Los reclamos
La declaración conjunta exige a Sinirlioglu:
Los firmantes se declararon dispuestos a reunirse con representantes de la OSCE y advirtieron que, hasta el momento, Sinirlioglu "no ha estado a la altura" de su responsabilidad institucional.
La respuesta de Pashinian
Consultado por la prensa tras la difusión de la grabación, el propio Pashinian evitó pronunciarse directamente sobre el contenido de la llamada. Sostuvo que los informes sobre supuestos planes oficiales para destituir a Karekín II "no se corresponden con la realidad" y calificó el revuelo generado en torno al episodio como un "discurso impuesto desde afuera" que atenta contra la soberanía de Armenia. El primer ministro sugirió, con ironía, que los mismos bromistas rusos llamaran directamente al propio Katolikós o al empresario opositor Samvel Karapetian para conocer sus respuestas.
La grabación fue obra de los bromistas rusos conocidos como Vovan y Lexus, con un historial documentado de este tipo de operaciones dirigidas a funcionarios y dirigentes políticos.