César Gueikian, hijo de inmigrantes armenios de segunda generación criado en Buenos Aires, es hoy el presidente y CEO de Gibson Brands, la legendaria fabricante de guitarras que dio forma al sonido del rock mundial. Su historia es la de un hombre que supo combinar con maestría tres pasiones aparentemente dispares: los negocios, la música y su identidad armenia.
Gueikian creció en Buenos Aires, donde desde los 10 años ya acompañaba a su padre —un empresario que comercializaba licencias de Hallmark y Peanuts para Sudamérica— aprendiendo los fundamentos del comercio y el emprendimiento. Al mismo tiempo, descubrió la guitarra a través de los discos de vinilo que su padre coleccionaba: Pink Floyd, Led Zeppelin, los Beatles y los Stones fueron su banda sonora. Pero fue el primer álbum de Black Sabbath el que lo marcó para siempre.
Sus padres no tenían recursos para comprarle una Gibson SG como la que tocaba Tony Iommi. Sin embargo, a los 13 años ganó un torneo de tenis en Miami, usó el dinero del premio para comprar una Fender Stratocaster, la vendió con ganancia al regresar a Argentina y con eso financió su primera Gibson Les Paul Standard. Fue el comienzo de una colección que hoy supera las 200 guitarras. Esa misma lógica —detectar una oportunidad, actuar con decisión y pensar a largo plazo— sería luego la marca de toda su carrera.
Tras su licenciatura en la Universidad de San Andrés y un MBA en la Escuela de Negocios de la Universidad de Chicago, pasó por Deutsche Bank, Merrill Lynch y UBS, donde llegó a liderar el grupo de situaciones especiales a nivel global. En 2012 fundó su propio fondo de inversión, Melody Capital Partners, que gestionó cerca de 2.000 millones de dólares antes de una exitosa venta en 2021.
Mientras construía esa trayectoria en las altas finanzas, seguía de cerca la caída de Gibson. La empresa había abandonado su negocio central de guitarras para incursionar en electrónica de consumo, acumulando más de 500 millones de dólares en deuda hasta declararse en quiebra en 2018. Gueikian llevaba años comprando esa deuda en descuento, convencido de que la marca podía resurgir. Cuando llegó el momento, no dudó.
Incorporado primero como director comercial, revirtió el rumbo en menos de cinco años: cerró divisiones deficitarias, consolidó las fábricas —a las que él mismo bautizó craftories, fusionando artesanía e industria— y puso el foco absoluto en la calidad de los instrumentos. La planta de guitarras acústicas en Bozeman, Montana, más que duplicó su tamaño. Hoy Gibson lidera el mercado estadounidense con el 34% de las ventas anuales, por encima de Fender.
Pero quizás lo más significativo para los lectores de Sardarabad sea lo que Gueikian reconoce sin titubear como la fuente de todo: su herencia armenia. "La comunidad armenia en la que crecí tiene una historia de sacrificio", afirma. "Se trabaja mucho, sin quejarse, y luego se cosechan los frutos del esfuerzo. Esa es la manera armenia." Esos valores, sostiene, también guían la cultura interna de Gibson: "No nos importa de dónde viene alguien, cómo se ve o cuál es su acento. Lo que importa es el carácter."
Esa conexión con Armenia se traduce además en hechos concretos. En 2023, junto a Tony Iommi de Black Sabbath —quien con el tiempo se convirtió en amigo cercano y colaborador musical— y Serj Tankian, vocalista de System of a Down e armenio americano, grabó el single "Deconstruction" bajo el nombre Gibson Band. Los ingresos fueron donados íntegramente al Armenia Fund.
Un porteño armenio que convirtió su pasión por la música, su formación financiera y el legado de sus ancestros en una lección magistral de liderazgo, resiliencia e identidad. La historia de César Gueikian es, en definitiva, una historia armenia.