El conflicto entre Estados Unidos e Irán atraviesa su momento más crítico. Tras el fracaso de las negociaciones directas celebradas el 11 y 12 de abril en Islamabad, las primeras negociaciones cara a cara desde 2015, Washington impuso un bloqueo naval sobre los puertos iraníes, mientras China se posiciona como el único actor con capacidad real de influir sobre Teherán y evitar una catástrofe global.
El escollo principal resultó insalvable: Washington exigió que Irán renunciara al desarrollo de armas nucleares, condición que Teherán rechazó.
Irán, por su parte, reclamó control del Estrecho de Ormuz, pago de reparaciones de guerra y el cese del fuego en toda la región. El vicepresidente JD Vance abandonó Islamabad tras 21 horas de negociaciones sin acuerdo, aunque dejó abierta la puerta a una segunda ronda.
EL BLOQUEO NAVAL Y SUS CONSECUENCIAS GLOBALES
Tras el fracaso de las negociaciones, el presidente Donald Trump anunció que la Marina estadounidense comenzaría a bloquear todos los buques con origen o destino en puertos iraníes en el Golfo Pérsico y el Golfo de Omán. El bloqueo entró en vigor el lunes 13 de abril por la mañana de EE.UU..
La medida agrava una situación ya de por sí crítica: el Estrecho de Ormuz concentra en condiciones normales aproximadamente el 20% del comercio mundial de petróleo y gas licuado, y había sido bloqueado por Irán desde el 28 de febrero, cuando EE.UU. e Israel lanzaron ataques aéreos sobre el país persa que causaron la muerte del líder supremo Alí Jamenéi. Actualmente, más de 230 buques tanqueros cargados aguardan dentro del Golfo sin poder salir.
Los precios del petróleo superaron los 100 dólares por barril tras el anuncio. Expertos advierten que esta situación podría prolongarse hasta finales de 2026, ya que los precios no bajarán hasta que el estrecho sea reabierto y las instalaciones petroleras dañadas sean reparadas.
El vicepresidente Vance calificó el cierre iraní del estrecho de "terrorismo económico" y defendió el bloqueo como una respuesta proporcional. Trump, por su lado, sostuvo que no puede permitirse que un país "chantajee al mundo".
Arabia Saudita presiona a Washington para que levante el bloqueo y retome las negociaciones, advirtiendo que la situación podría desestabilizar también el estrecho de Bab el-Mandeb en el Mar Rojo, vital para sus exportaciones petroleras. Francia y el Reino Unido anunciaron que convocarán negociaciones orientadas a restaurar la libertad de navegación en el estrecho.
PEZESHKIAN A MACRON: "LAS AMENAZAS SON INEFICACES"
En medio de la escalada, el presidente iraní Masoud Pezeshkian habló por teléfono con su par francés Emmanuel Macron y fue categórico: el enfoque basado en amenazas, presión y acciones militares no funciona y solo agrava los problemas que la propia parte estadounidense ha creado.
Pezeshkian señaló además que Europa puede jugar un papel constructivo impulsando a Washington a negociar dentro del marco del derecho internacional, y advirtió que amenazar el Estrecho de Ormuz tendrá consecuencias generalizadas para todo el mundo. Sobre las negociaciones fallidas, el mandatario iraní fue directo: fueron las demandas excesivas y la falta de voluntad política de la administración estadounidense las que impidieron llegar a un acuerdo, a pesar de los avances logrados a nivel técnico.
EL FACTOR CHINO: EL ÁRBITRO INDISPENSABLE
Las cuatro propuestas formuladas esta semana por el presidente chino Xi Jinping —coexistencia pacífica, arquitectura de seguridad regional estable, respeto a la soberanía e integridad territorial, y acción concertada en el marco del derecho internacional— no son mera retórica diplomática. Son la declaración pública de un actor que ya actuó decisivamente en la sombra para frenar esta guerra.
Cuando Trump se acercaba a su propio plazo para destruir por completo la "civilización" iraní, quedó claro que solo un país tenía suficiente influencia para convencer a Teherán de desescalar: China. Funcionarios iraníes le atribuyeron a un impulso de último momento de Beijing su aceptación del alto el fuego del 8 de abril, lo que fue validado por el propio Trump. La Casa Blanca reconoció que el papel de Beijing en la tregua tuvo lugar en los "más altos niveles" de ambos gobiernos. Desde el inicio del conflicto, el canciller chino Wang Yi realizó 26 llamadas telefónicas con sus pares de países relevantes, y China y Pakistán presentaron conjuntamente una iniciativa de cinco puntos para restaurar la paz en el Golfo.
La motivación china es tanto estratégica como económica: el cierre del Estrecho de Ormuz golpea directamente a China, que importa aproximadamente la mitad de su petróleo crudo desde Medio Oriente. Además, este martes Xi le dijo al primer ministro español Pedro Sánchez que "el orden internacional se desmorona en el caos", usando sus palabras más contundentes hasta ahora para describir el colapso del orden liderado por Occidente.
Cada una de las cuatro propuestas de Xi funciona como una crítica implícita y directa tanto al bloqueo naval de EE.UU. como a los ataques sobre Irán: apuntan exactamente a lo que Washington viene haciendo.
Sin embargo, el rol de China no está exento de tensiones. Según informes de inteligencia estadounidense, Beijing se prepara para entregar nuevos sistemas de defensa aérea a Irán en las próximas semanas. Trump amenazó con imponer un arancel del 50% si esos reportes se confirman; China los negó categóricamente.
¿HAY SALIDA DIPLOMÁTICA?
A pesar de la escalada, EE.UU. e Irán continúan en contacto y evalúan los detalles de una posible segunda reunión presencial. Trump afirmó que desde el lado iraní "lo han llamado" y que Teherán "quiere llegar a un acuerdo, urgentemente". El alto el fuego de dos semanas pactado el 8 de abril vence el 22 de abril, por lo que el margen diplomático es estrecho.
La crisis en el Estrecho de Ormuz sigue siendo uno de los mayores riesgos para la economía global en lo que va de 2026, con consecuencias directas sobre el precio de los combustibles y el abastecimiento energético mundial. Y con China posicionándose como árbitro indispensable, el conflicto ha dejado de ser únicamente una disputa entre Washington y Teherán.
Por ahora, nadie tiene las cartas suficientes para cerrar este conflicto, y los ataques israelíes sobre el Líbano no dejan de complicar cualquier salida diplomática.