El presidente turco Recep Tayyip Erdogan volvió a encender las alarmas regionales el pasado 12 de abril, al amenazar abiertamente a Israel con una intervención militar. Durante su discurso ante la Conferencia Internacional de Partidos Políticos de Asia, celebrada en Estambul, declaró: "Así como entramos en Karabaj, así como entramos en Libia, haremos lo mismo con ellos", en referencia directa al Estado israelí.
El mandatario turco añadió que "no hay nada que impida" ese paso, y que solo se necesita "ser fuertes" para poder darlo. También acusó a Israel de haber obligado a 1,2 millones de libaneses a abandonar sus hogares a raíz de ataques sobre asentamientos civiles.
El papel de Turquía en Karabaj: un antecedente que nos incumbe
La mención de Karabaj no es casual ni inocente. Turquía ha negado cualquier rol directo en las operaciones militares de Azerbaiyán en Nagorno Karabaj, pero reconoció haber utilizado "todos los medios", incluido el entrenamiento militar y la modernización del ejército azerbaiyano, para apoyar a su aliado cercano. Para la comunidad armenia, este punto no es un detalle histórico: es la herida abierta de la guerra de 2020 que resultó en la pérdida de territorios armenios y, en 2023, en el desplazamiento masivo de toda la población armenia de Karabaj. Que Erdogan cite esa intervención como un modelo a replicar revela con toda claridad lo qué entiende Ankara por "apoyo" a sus aliados.
La respuesta israelí: duras críticas e invocación del Genocidio Armenio
El ministro israelí de Patrimonio, Amichai Eliyahu (del partido Otzma Yehudit), condenó con dureza las declaraciones de Erdogan y lo acusó de hipocresía, recordando la historia de agresión territorial de Turquía en Chipre y el trato dispensado a las minorías, en particular los kurdos.
En su réplica, Eliyahu fue más lejos aún: "Turquía, que conquistó el norte de Chipre y controla territorios kurdos en el este, se atreve a darnos lecciones sobre moralidad. Turquía, que construyó su economía sobre el Genocidio Armenio, se atreve a acusarnos de genocidio". El ministro también propuso llevar ante el gobierno israelí una moción para romper completamente las relaciones diplomáticas con Turquía.
Esta mención explícita del Genocidio Armenio por parte de un funcionario israelí en el contexto de la disputa con Ankara no es un hecho menor. Vale recordar que el primer ministro Benjamin Netanyahu ya había reconocido a título personal el Genocidio Armenio perpetrado por el Imperio Otomano, rompiendo con décadas de cautela diplomática israelí hacia Turquía. Durante años, el gobierno israelí había evitado pronunciarse en ese sentido por temor a comprometer sus vínculos estratégicos y comerciales con Ankara, que cuenta con el segundo ejército más grande de la OTAN y una fuerte influencia regional.
Una escalada con antecedentes recientes
El cruce se produce días después de que un tribunal turco decidiera acusar a Netanyahu y a otros 35 funcionarios israelíes —entre ellos el ministro de Defensa Israel Katz y el ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir— por sus roles en la interceptación naval de la flotilla "Sumud", ocurrida en octubre de 2025.
Analistas advierten que detrás de la retórica de Erdogan yace un plan estructurado para construir un nuevo eje sunita en Medio Oriente, que podría buscar reemplazar el papel regional de Irán. Algunos expertos ya describen a "Turquía como el nuevo Irán", señalando que Ankara trabaja silenciosamente para consolidar un nuevo bloque regional.
Para la comunidad armenia, las palabras de Erdogan son un recordatorio de que la política expansionista e imperial de Turquía no reconoce fronteras geográficas ni históricas, y que la instrumentalización de conflictos ajenos —como ocurrió en Karabaj— continúa siendo una herramienta central de su estrategia regional.