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Sábado 28 de Febrero - Buenos Aires - Argentina
PREMIO MEJOR MEDIO DE PRENSA PUBLICADO EN LENGUA EXTRANJERA - MINISTERIO DE LA DIASPORA DE ARMENIA 2015
Diáspora - EE.UU. e Israel atacan Irán
La región al borde de una guerra abierta.
28 de Febrero de 2026

En un operativo conjunto denominado "Operación Furia Épica", Washington y Tel Aviv lanzaron esta madrugada ataques coordinados contra múltiples ciudades iraníes. Irán respondió con misiles contra Israel y cuatro bases militares estadounidenses en el Golfo. La escalada amenaza con arrastrar a toda la región.

El ataque y sus objetivos

En la madrugada del sábado 28 de febrero de 2026, Estados Unidos e Israel lanzaron ataques coordinados contra objetivos en territorio iraní, incluyendo el centro de Teherán, las ciudades de Qom, Kermanshah, Isfahán y Karaj, así como instalaciones en las provincias occidentales de Ilam y en el sur del país. La operación, bautizada oficialmente como "Operación Furia Épica" por el Departamento de Defensa estadounidense, fue descrita por el presidente Donald Trump como "masiva y en curso".

Según fuentes occidentales y declaraciones del propio Trump, los objetivos militares declarados incluyen: destruir las capacidades balísticas de Irán, desarticular su programa nuclear, atacar su armada y desmantelar grupos armados respaldados por Teherán en la región. Simultáneamente, Israel confirmó haber lanzado ataques denominados internamente "Operación Escudo de Judá", que el ministro de Defensa Israel Katz calificó de "ataque preventivo" destinado a "eliminar amenazas al Estado de Israel".

Entre los blancos figuró el distrito de Teherán donde habitualmente reside el ayatolá Ali Jamenei, que alberga también el palacio presidencial y el Consejo de Seguridad Nacional. Según fuentes con conocimiento directo del operativo, el líder supremo iraní e importantes funcionarios del régimen fueron señalados como objetivos. Se confirmaron al menos siete impactos de misiles en esa zona.

Uno de los episodios más graves del ataque fue el impacto de un misil israelí sobre una escuela primaria de niñas en la ciudad de Minab, provincia de Hormozgán, en el sur de Irán. La agencia oficial IRNA informó de al menos 40 muertos en ese solo incidente. Las comunicaciones en amplias zonas de Teherán quedaron interrumpidas tras los primeros ataques.

Una diplomacia rota horas antes del ataque

El contexto diplomático previo resulta fundamental para comprender la gravedad del momento. Los ataques se produjeron apenas dos días después de que concluyera en Ginebra una tercera ronda de negociaciones nucleares entre EE.UU. e Irán, mediadas por Omán. El canciller omaní había señalado "progresos significativos" y confirmado que Irán había acordado degradar sus reservas de material nuclear al nivel más bajo posible. Más aún: el propio Trump había declarado el viernes que prefería la diplomacia pero que "todas las opciones seguían disponibles".

Un alto diplomático regional con conocimiento de las negociaciones declaró a medios internacionales: "Una vez más, cuando las negociaciones se acercaban al éxito, Israel intervino para anticiparse a la diplomacia." La ruptura del canal negociador agrava el panorama y reduce los márgenes para una salida no militar al conflicto.

La represalia iraní: misiles sobre Israel y el Golfo

La respuesta de Irán no se hizo esperar. Horas después del ataque, Teherán lanzó una ofensiva de represalia que incluyó misiles dirigidos contra el norte de Israel y contra bases militares estadounidenses en varios países del Golfo: la base aérea Al Udeid en Qatar, la base Al-Salem en Kuwait, la base Al-Dhafra en los Emiratos Árabes Unidos y el cuartel general de la Quinta Flota de EE.UU. en Baréin. También se reportaron explosiones en Riad, Arabia Saudita. Una persona murió en Abu Dabi por escombros de un misil iraní interceptado.

El canciller iraní Abbas Araghchi contactó a sus homólogos de Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Kuwait, Baréin e Irak para advertirles que no permitieran que EE.UU. e Israel usaran sus territorios contra Irán, o quedarían expuestos como "objetivos legítimos". Un funcionario iraní declaró que "todos los activos e intereses estadounidenses e israelíes en Oriente Medio se han convertido en blanco" y que "no hay líneas rojas después de esta agresión".

Reacciones internacionales e cierre del espacio aéreo

El gobierno israelí declaró estado de emergencia en todo el país, ordenó a la población refugiarse en zonas protegidas y suspendió actividades educativas y reuniones públicas. Israel cerró su espacio aéreo al tráfico civil. Otros países de la región, incluyendo Irán, Irak e i los Emiratos Árabes Unidos, hicieron lo mismo, provocando cancelaciones masivas de vuelos y el caos en las rutas aéreas regionales.

El presidente francés Emmanuel Macron advirtió que el "estallido de guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán" tendrá "graves consecuencias para la paz y la seguridad internacionales" y llamó a detener la escalada. Reino Unido expresó preocupación por la seguridad de sus ciudadanos en la región. Otros gobiernos occidentales, en cambio, respaldaron el derecho de Israel a defenderse.

Antecedente inmediato: la guerra de junio de 2025

Esta escalada no surge de la nada. En junio de 2025, EE.UU. e Israel ya habían librado una guerra de 12 días contra Irán, atacando instalaciones nucleares en Natanz, Fordow e Isfahán. Aunque el programa nuclear iraní fue dañado, Teherán sostuvo que no fue destruido. El actual ataque marca la escalada más grave desde ese conflicto y supone la primera vez que Washington lanza una operación denominada oficialmente "operaciones de combate mayores" en territorio iraní.

Un factor interno iraní completa el cuadro: desde diciembre de 2025, el país atraviesa protestas antigubernamentales masivas —las más grandes desde la revolución de 1979—, desencadenadas por la crisis económica, el colapso del rial y el aumento de precios. Trump ha llamado reiteradamente a los iraníes a "tomar el control de su gobierno" y aseguró: "La hora de vuestra libertad está llegando."

¿Qué significa esto para Armenia?

Aunque Armenia no es parte del conflicto, su proximidad geográfica con Irán convierte la situación en un asunto de seguridad nacional que no puede ignorarse.

Seguridad fronteriza. La frontera sur armenia, en la región de Syunik, limita directamente con Irán. Una escalada prolongada podría aumentar el riesgo de incidentes accidentales, movimientos militares imprevistos o tensiones indirectas. Las autoridades armenias siguen de cerca la evolución del conflicto y evalúan medidas preventivas.

Impacto económico y comercial. Irán representa para Armenia una vía estratégica de comercio y conexión regional. Si el conflicto afecta infraestructuras, rutas de transporte o genera nuevas sanciones internacionales, el intercambio bilateral podría verse gravemente comprometido, con consecuencias sobre precios, logística y abastecimiento.

Equilibrio geopolítico en el Cáucaso Sur. El debilitamiento o la distracción estratégica de Irán podría alterar equilibrios en el Cáucaso Sur, una región ya marcada por tensiones persistentes. Armenia deberá sostener una diplomacia cuidadosa, preservando su estabilidad interna y evitando quedar atrapada en una polarización mayor entre potencias.

Un escenario incierto, de consecuencias globales

Las próximas horas serán decisivas para determinar si la confrontación se limita a intercambios puntuales o si evoluciona hacia un conflicto de mayor escala. Analistas advierten que, aunque ambas partes podrían intentar mantener ciertos límites para evitar una guerra total, el riesgo de errores de cálculo es alto. La participación directa de Estados Unidos convierte la crisis en un foco de tensión global con potencial de arrastrar a actores regionales y extrarregionales.

La posibilidad de que se amplíe el teatro de operaciones —hacia el Golfo Pérsico, el Líbano o Siria— mantiene en alerta a los gobiernos del área. Irán controla el estrecho de Ormuz, por donde transita el 20% del petróleo mundial: cualquier impacto sobre esa ruta estratégica repercutiría de inmediato en los mercados internacionales.

Para Armenia, la prioridad inmediata es clara: reforzar la vigilancia fronteriza, proteger sus canales económicos estratégicos y sostener una política exterior equilibrada en un entorno regional cada vez más volátil.

La escalada entre Estados Unidos, Israel e Irán no es un episodio aislado. Es un recordatorio de la fragilidad del orden regional y de cómo los conflictos en Oriente Medio pueden repercutir directamente en la seguridad y estabilidad del Cáucaso Sur.

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