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Armenia - Las aguas del olvido
El descenso del Lago Van revela vestigios del pasado armenio
16 de Enero de 2026

La sequía en Turquía oriental expone el patrimonio histórico sumergido

El Lago Van, espejo de agua que durante siglos guardó los secretos de una civilización borrada del mapa, comienza a revelar su historia sumergida. La sequía que afecta al este de Turquía ha provocado el retroceso de las aguas del lago más grande del país, dejando al descubierto lo que muchos prefieren olvidar: lápidas y Jachkars armenios de un antiguo cementerio que data de los siglos XV y XVI.

Las imágenes que circulan en medios armenios muestran piedras sepulcrales blanqueadas por décadas bajo el agua salina, cruces de piedra talladas con la maestría característica del arte armenio medieval, testimonios silenciosos de una comunidad que habitó estas tierras mucho antes de que la historia oficial quisiera recordar.

El lago que se retira

El año 2025 fue particularmente severo para el Lago Van. Las precipitaciones escasas durante el invierno y las temperaturas anormalmente altas en verano aceleraron un proceso que los expertos locales observan con preocupación creciente. En octubre pasado, el retroceso del agua reveló un antiguo camino de piedra que conectaba con la isla de Çarpanak, con cerca del 80% del trayecto de un kilómetro ahora visible sobre el lecho del lago.

El Dr. Mustafa Akkuş, de la Universidad Yüzüncü Yıl de Van, advirtió en su momento que si las condiciones secas continúan, en 3 a 5 años las personas podrían caminar hasta la isla. No se equivocaba. Ahora, además del camino, emergen cementerios.

El Lago Van es una cuenca cerrada, sin salida al mar. Cada gota de agua que se evapora o se consume no puede ser reemplazada desde otras fuentes. La combinación de precipitaciones reducidas, temperaturas elevadas y alta evaporación ha creado una crisis que no solo afecta al lago, sino también a las fuentes de agua potable, los acuíferos y los humedales de toda la región.

Jachkars: piedras que hablan

Los Jachkars que ahora reaparecen son mucho más que simples lápidas. Se trata de losas de piedra talladas con cruces ornamentales que representan una de las expresiones más refinadas del arte cristiano armenio medieval. Estas piedras varían en tamaño, típicamente entre 1 y 3 metros de altura, aunque algunos ejemplares monumentales pueden superar los 4 metros. Cada una está decorada con elaborados diseños: cruces talladas sobre símbolos de eternidad o ruedas solares, patrones geométricos únicos, inscripciones en armenio antiguo.

Desde 2010, el arte de las cruces de piedra armenias figura en la lista del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la UNESCO. Se estima que existen aproximadamente 50.000 Jachkars históricos en Armenia, cada uno único en su diseño. Servían como piedras conmemorativas, emblemas religiosos, símbolos de victoria. Aunque frecuentemente se ubicaban en cementerios, raramente funcionaban como lápidas en el sentido literal.

Los que ahora emergen del Lago Van son parte de ese legado. Pertenecieron a la población armenia local de Van, una comunidad próspera que durante siglos habitó estas tierras hasta que la historia tomó un rumbo trágico.

Van: el corazón armenio de Anatolia oriental

El Lago Van fue el centro del reino de Urartu desde aproximadamente el año 1000 a.C., y posteriormente del Reino Armenio de Vaspurakan. Junto con los lagos Sevan y Urmia, Van fue uno de los tres grandes lagos del Reino Armenio, conocidos colectivamente como "los mares de Armenia".

La región conserva aún testimonios de ese pasado: monasterios, iglesias, inscripciones en piedra. La más célebre es la Catedral de la Santa Cruz en la isla de Akdamar, construida entre 915 y 921 por el arquitecto-monje Manuel bajo la supervisión del rey Gagik I de Vaspurakan. Sus muros exteriores están cubiertos de bajorrelieves que narran escenas bíblicas y de la vida cotidiana armenia de hace más de mil años.

Pero la presencia armenia en Van no terminó en la edad media. Aproximadamente 1,5 millones de armenios vivían en el Imperio Otomano en 1915. Entre ese año y 1916, entre 664.000 y 1,2 millones murieron durante el genocidio armenio. La ciudad de Van fue escenario de uno de los episodios más dramáticos: la resistencia armenia contra las masacres otomanas, un último intento desesperado de sobrevivir ante la aniquilación sistemática.

Los cementerios que ahora emergen del lago pertenecen a esa comunidad que fue borrada. Las tumbas del lago no son las únicas que han desaparecido o sido profanadas. En agosto de 2021, un cementerio armenio en el distrito de Tuşba fue destruido con excavadoras, con lápidas rotas y huesos esparcidos por el terreno. El cementerio armenio en la propia isla de Akdamar ha sufrido daños por abandono y uso inadecuado, con lápidas históricas rotas o volcadas, el área convertida en zona de picnic sin protección adecuada.

La tierra que recuerda

Un reciente informe de las Naciones Unidas advierte que Turquía corre el riesgo de entrar en sequía severa para 2030, con el 88% del país en riesgo de desertificación. La crisis ambiental que vive el país tiene consecuencias devastadoras para sus ecosistemas, pero también está teniendo un efecto inesperado: está devolviendo a la superficie aquello que fue sumergido, olvidado, negado.

"Cuando los gobiernos guardan silencio sobre la historia, la naturaleza misma a veces nos recuerda aquellas páginas que fueron olvidadas deliberadamente", señala el texto armenio original que dio origen a este reporte. Y es una verdad que resuena mientras las aguas del Lago Van continúan retrocediendo.

Estas tumbas emergentes son más que un hallazgo arqueológico. Son un recordatorio tangible de que el pasado no puede ser borrado con tanta facilidad como se quisiera. Que la memoria histórica tiene formas de resurgir, incluso desde el fondo de un lago. Que la tierra misma guarda testimonio de quiénes habitaron estos lugares, más allá de las narrativas oficiales o los silencios calculados.

El descubrimiento plantea preguntas incómodas sobre la preservación del patrimonio cultural, sobre el reconocimiento histórico, sobre la responsabilidad de proteger la memoria de todos los pueblos que han habitado estas tierras ancestrales. Mientras Turquía enfrenta sus desafíos ambientales, el Lago Van le devuelve, queriendo o no, fragmentos de un pasado que aún espera reconocimiento pleno.

La sequía pasará. Las lluvias eventualmente regresarán. Pero las preguntas que estas piedras plantean permanecerán, esperando respuestas que vayan más allá del silencio.

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