Mientras el primer ministro armenio Nikol Pashinian publicaba videos en redes sociales haciendo "corazoncitos" con las manos al ritmo de diversas canciones, el presidente de Azerbaiyán, Ilham Aliyev, aprovechaba su mensaje de Año Nuevo para enfatizar el creciente poderío militar de su país y cuestionar la vigencia del derecho internacional.
El contraste entre ambos líderes no podría ser más evidente. Mientras Pashinian disfrutaba del espectáculo de drones en la Plaza de la República de Ereván, tocaba el duduk (instrumento tradicional armenio) y bailaba al ritmo de música popular, Aliyev pronunciaba un discurso centrado en la capacidad de combate de las Fuerzas Armadas azerbaiyanas.
En su alocución de fin de año, Aliyev declaró que el ejército de Azerbaiyán ha fortalecido significativamente su poder durante los últimos cinco años, equipándose con armamento de producción local y equipos adquiridos en el extranjero, lo que ha permitido al ejército "aumentar significativamente su potencial militar".
El mandatario azerbaiyano fue particularmente enfático al referirse a la preparación de sus tropas. "Nuestro ejército, equipado con nuevas armas y equipos, ahora está en condiciones de cumplir cualquier misión", afirmó Aliyev, destacando el crecimiento de la capacidad de combate y la expansión de las unidades de operaciones especiales.
Según el presidente, miles de soldados sirven ahora en las unidades de comando recién creadas, como parte de un proceso de modernización militar sin precedentes.
Uno de los aspectos más preocupantes del discurso de Aliyev fue su referencia explícita al colapso del orden internacional. El presidente azerbaiyano señaló que las normas del derecho internacional "ya no funcionan en el mundo de hoy", y que muchos países han adoptado el principio de que "quien es fuerte, tiene la razón".
Pese a estas declaraciones, Aliyev insistió en que Bakú no tiene intención de iniciar un nuevo conflicto armado: "No tenemos intención de comenzar una nueva guerra. Las guerras están en el pasado para nosotros". Sin embargo, consideró necesario mantener la preparación militar debido a los cambios en el sistema de seguridad internacional.
En relación con Armenia, Aliyev declaró que la cuestión de Karabaj ha sido completamente eliminada de la agenda internacional, y que el Grupo de Minsk ya pertenece a los archivos de la historia.
El mandatario justificó el uso de la fuerza para restaurar la integridad territorial de Azerbaiyán como un ejercicio de derechos soberanos dentro del marco de la Carta de las Naciones Unidas y las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU.
Mientras tanto, Pashinian, en su mensaje de Año Nuevo, destacó que 2025 fue el primer año desde la independencia de Armenia sin víctimas ni heridos por tiroteos con Azerbaiyán, presentando esto como un logro de su política de "Armenia Real".
El primer ministro armenio incluso llegó a plantear una frase polémica: "Karabaj era nuestro, ahora ya no lo es" expresa la conciencia de alguien atrapado en una trampa geopolítica, mientras que la conciencia correcta es: "La República de Armenia no era nuestra, ahora sí lo es".
Esta declaración, que en esencia justifica la pérdida de Artsaj (Nagorno Karabaj) como precio de la "soberanía" armenia, ha generado fuertes críticas tanto dentro como fuera del país.
El contraste entre la actitud festiva de Pashinian y el tono marcial de Aliyev refleja dos visiones radicalmente opuestas sobre el futuro del Cáucaso Sur. Mientras el líder armenio celebra una "paz" construida sobre concesiones territoriales y el abandono de la población armenia de Artsaj, el presidente azerbaiyano consolida su victoria militar y mantiene la presión sobre Ereván.
Analistas señalan que las declaraciones de Aliyev sobre el fin del derecho internacional y el fortalecimiento militar continuo de Azerbaiyán son señales preocupantes para la estabilidad regional, especialmente considerando que el ejército azerbaiyano está siendo adaptado a los estándares de la OTAN en estrecha cooperación con el ejército turco.
Ambos líderes tienen la mirada puesta en 2026, aunque por razones diferentes. Pashinian enfrenta elecciones parlamentarias en junio, donde su gestión y la pérdida de Artsaj serán temas centrales del debate político. Por su parte, Aliyev consolida su posición como líder victorioso que "restauró la integridad territorial" de Azerbaiyán.
La pregunta que muchos se hacen en Ereván es si los "corazoncitos" de Pashinian serán suficientes para convencer a un electorado que ha visto cómo más de 120,000 armenios fueron expulsados de sus hogares ancestrales en Artsaj, mientras el primer ministro baila en la Plaza de la República.