El presidente de Azerbaiyán, Ilham Aliyev, afirmó en una entrevista con la cadena árabe Al Arabiya que la razón por la cual aún no se ha firmado oficialmente el acuerdo de paz con Armenia radica en un artículo vigente de la Constitución armenia que, según él, “pone en duda la integridad territorial de Azerbaiyán”.
Aliyev sostuvo que, una vez que Armenia modifique dicho artículo, el acuerdo podrá rubricarse formalmente. “El hecho de que Azerbaiyán y Armenia hayan firmado este documento en la Casa Blanca, en presencia del presidente Donald Trump, ya significa el fin de una guerra que se prolongó, con interrupciones, durante más de treinta años. Esto abre oportunidades completamente nuevas para el Cáucaso Sur, así como para regiones más amplias como Asia Central y Medio Oriente”, declaró.
Sin embargo, estas afirmaciones no deben interpretarse sin una crítica. Al atribuir exclusivamente a Armenia la responsabilidad del estancamiento y exigir modificaciones constitucionales como condición previa, Aliyev impone un marco unilateral que ignora el contexto de la ofensiva militar azerbaiyana y el desplazamiento forzado de la población armenia de Nagorno-Karabaj. En lugar de demostrar una voluntad genuina hacia una paz justa y sostenible, el presidente azerbaiyano condiciona el proceso a concesiones que afectan directamente la soberanía y el orden interno de Armenia.
Asimismo, Aliyev advirtió que cualquier intento de intervención externa por alterar lo acordado en Washington podría poner en riesgo el proceso de paz, aunque, según él, las consecuencias serían principalmente perjudiciales para Armenia. “Independientemente de quién haya firmado los documentos en Washington, lo hicieron en nombre de Armenia y con la firma de su propio líder. Si algo cambia, si se retractan de lo suscrito, eso deteriorará seriamente las relaciones entre Armenia y Estados Unidos”, afirmó.
Con este tipo de declaraciones, Bakú no solo busca ejercer presión sobre Ereván, sino también condicionar a la comunidad internacional, presentándose como garante de estabilidad mientras mantiene un discurso basado en la imposición. Una paz verdadera difícilmente podrá construirse sobre amenazas veladas y exigencias unilaterales que omiten las graves consecuencias humanas y políticas del conflicto.