Con esa frase, Pashinian abrió las deliberaciones de la Tercera Cumbre Armenia Mundial ante delegados elegidos por el propio Gobierno. Las cifras oficiales de asistencia no fueron verificadas y el encuentro llega rodeado de críticas por su costo y su formato.
Los armenios de la diáspora que llegaron a Ereván para la Tercera Cumbre Armenia Mundial esperaban escuchar qué lugar les reserva Armenia en su proyecto de país. El primer ministro Nikol Pashinian se los dijo sin rodeos: la República no tiene para ofrecerles nada más que a sí misma. Ni un lugar en las decisiones ni una causa compartida más allá de sus fronteras, sino un Estado al que pueden sumarse como ciudadanos.
El mensaje marcó el tono del encuentro que organiza la Oficina del Alto Comisionado para Asuntos de la Diáspora, a cargo de Zareh Sinanian, y que se extiende hasta el domingo 8 en el Centro de Exposiciones Meridian. Desde la ceremonia inaugural del jueves, cuando el presidente de la Asamblea Nacional, Ruben Rubinian, pidió pensar el vínculo con la diáspora desde la “Armenia Real”, quedó claro que esta cumbre no viene a escuchar propuestas. Viene a presentar una doctrina: la que reduce la identidad armenia al Estado y la patria a sus 29.743 kilómetros cuadrados.
Ante los delegados, Pashinian defendió la doctrina con la que su partido, el Contrato Cívico (CC), ganó las elecciones de junio. “El Estado es lo más importante que podemos tener como pueblo. No hay nada más importante que el Estado, y todos nuestros esfuerzos, acciones, objetivos y visiones están y deben estar ligados a él”, afirmó.
El primer ministro admitió que la “Armenia Real” recibe críticas constantes y dijo que las toma como una prueba de su viabilidad: si la ideología puede responder las preguntas que se le hacen, está viva; si no puede, tiene un problema. Rechazó en particular la acusación de que busca desfigurar la identidad armenia. “No solo no compartimos esa formulación, sino que estamos convencidos de que se trata precisamente de proteger, preservar y desarrollar nuestra identidad. Nuestro Estado es nuestra identidad, y nuestra identidad es nuestro Estado”, sostuvo.
Según Pashinian, los armenios deben percibir al Estado como su patria, y ese Estado debe convertirse en una herramienta de seguridad, prosperidad y libertad para sus ciudadanos, que pase de generación en generación. La patria, insistió, es la República dentro de sus fronteras internacionalmente reconocidas.
Sobre la diáspora, fue taxativo: “La República de Armenia solo puede ofrecerle una cosa a la diáspora: a sí misma. Se ofrece como patria, que es un Estado con todos sus atributos. Esa patria le ofrece amor, pero también respeto”. Dijo que Armenia está “redefiniendo” su relación con las comunidades y presentó como pieza central de ese modelo a la red de más de diez comisionados para la diáspora designados por el Gobierno. Su tarea es representar al Estado ante las comunidades y transmitir sus planteos a Ereván.
Durante su participación en la cumbre, Pashinian volvió sobre la idea central de su discurso: “la patria es el Estado”, y la ciudadanía es uno de sus atributos. También se refirió a la armenología, es decir, el estudio de la lengua, la historia y la cultura armenias. Sostuvo que no puede darse por hecho que esa disciplina esté suficientemente desarrollada en Armenia. Una concesión llamativa ante un auditorio que en buena parte sostuvo durante décadas, desde sus comunidades, la enseñanza de la lengua, la historia y la cultura armenias.
Consultado por la relación con Turquía, se mostró convencido de que ambos países establecerán pronto relaciones diplomáticas, “con el reconocimiento mutuo de la integridad territorial, la soberanía y las fronteras”. Agregó que es “un hecho que debemos reconocer”.
Otro de los ejes del encuentro es la repatriación. En una reunión con los comisionados para la diáspora, Pashinian anticipó que el Gobierno la definió como el objetivo último de la relación con las comunidades y que esa meta será incorporada al proyecto de la nueva Constitución, cuyo texto el oficialismo prevé dar a conocer este mes.
El anuncio va en la misma dirección que el resto del discurso: la diáspora deja de ser un actor con agenda propia y pasa a ser vista como una reserva de futuros ciudadanos, profesionales e inversores para el Estado. Es el mismo proyecto constitucional en el que Pashinian propone eliminar la referencia a la Declaración de Independencia, el documento que recoge las aspiraciones nacionales vinculadas a Artsaj.
El programa de cuatro días incluye paneles, mesas redondas, una Expo Armenia Mundial y exposiciones sobre democracia, seguridad, educación, ciencia, inteligencia artificial, inversiones, filantropía y cultura.
El Gobierno armenio sostiene que la cumbre reúne a 800 participantes, 600 de la diáspora y 200 de Armenia. Esa cifra, sin embargo, es la misma que figuraba como meta en la convocatoria de agosto y en el contrato de organización, y no existe ningún conteo independiente de asistentes. Ni siquiera la información oficial es uniforme: los documentos de la convocatoria hablan de “más de 50 países” y la agencia estatal Armenpress, de “unos 55”.
Los asistentes no fueron designados por las instituciones comunitarias. Se inscribieron en forma individual y fueron seleccionados por los propios organizadores, según su perfil profesional y su afinidad con las prioridades fijadas por el Estado. Ese mecanismo, sumado a la ausencia de las instituciones que se negaron a participar, reduce al mínimo la presencia de voces críticas en el recinto. Hasta el momento no trascendieron cuestionamientos abiertos a la política oficial durante las sesiones.
Según el contrato publicado en el sistema de compras electrónicas del Estado, la Oficina del Primer Ministro adjudicó la organización al consorcio formado por Outsource SRL y Monte Corporation SRL, por 294 millones de drams (unos 811.000 dólares). Ambas firmas tienen numerosos contratos previos con organismos públicos. El contrato prevé que las ceremonias de apertura y cierre se realicen fuera del Meridian, en espacios como el Teatro Nacional de Ópera y Ballet Spendiarian.
La cifra supera la de la segunda cumbre, de 2024, que costó 242,4 millones de drams. La primera, de 2022, había costado 309 millones de drams, adjudicados entonces sin licitación.
Las Instituciones Armenias de la República Argentina (IARA) resolvieron no participar institucionalmente del encuentro, después de que Sinanian no respondiera dos pedidos de reunión previa. Aclararon además que ninguna persona que asista a título individual representa a la colectividad armenia de Argentina.
La crítica más dura llegó desde Ereván. En una columna titulada “¿Cooperativa de la diáspora o lavadero?”, el historiador Haik Demoian, exdirector del Museo-Instituto del Genocidio Armenio, acusó al oficialismo de usar la cumbre para construir estructuras diaspóricas paralelas con “rostros desconocidos” que dicen representar a la diáspora sin tener respaldo en sus comunidades.
Demoian comparó la iniciativa con la práctica soviética de reclutar, a través de los segundos y terceros secretarios armenios de las embajadas, a figuras leales a Moscú pero rechazadas por sus propias comunidades. Según el historiador, la diáspora real aprendió esa lección hace tiempo. Por eso augura que la “diáspora de Nikol”, como las primeras cooperativas de la era soviética, funcionará en un sótano y allí encontrará su final.
El exdirector también advirtió sobre riesgos de corrupción en la seguidilla de grandes eventos organizados en el mismo predio después de la COP17. Según su hipótesis, todos los gastos podrían cubrirse con el presupuesto del primer evento, mientras los fondos asignados al segundo y al tercero se imputarían a ese primero, lo que permitiría desviar sumas enormes del presupuesto público. Llegó a estimar que al menos el 70 % de lo gastado en la cumbre sería dinero apropiado indebidamente, aunque admitió que en los papeles “todo va a estar en regla”. Lamentó además que Armenia no tenga medios verdaderamente independientes capaces de investigarlo.
Demoian dirigió dos acusaciones a los armenios de la diáspora que participan del encuentro: respaldar los intentos encabezados por Pashinian de poner en duda el hecho histórico del Genocidio Armenio y convalidar el vaciamiento de Artsaj. Como prueba del escaso interés que despierta la cumbre, invitó a revisar la cantidad y el contenido de las reacciones en la página de Facebook de la Oficina del Alto Comisionado.
La primera Cumbre Armenia Mundial se realizó en octubre de 2022, tras la guerra de 2020, con el objetivo declarado de recomponer la relación entre Armenia y la diáspora. Estuvo marcada por la negativa a asistir de la Santa Sede de Echmiadzín y del Katolikosado de Cilicia, entre otras instituciones de la diáspora. La segunda, en septiembre de 2024, quedó en el centro de la polémica por las declaraciones de Pashinian sobre el Genocidio Armenio ante los delegados.
Dos años después, la tercera edición confirma el rumbo: menos diálogo con las instituciones que sostuvieron la vida armenia fuera del país durante más de un siglo, y más énfasis en un Estado que pide ser aceptado como única patria.