Un psicólogo y un sociólogo armenios advirtieron en Ereván sobre las dificultades de los soldados que regresan del cautiverio en Azerbaiyán. La conferencia LIBERTAS reunió a especialistas, juristas y diplomáticos para analizar la situación de los armenios que siguen detenidos en Bakú.
Los soldados armenios que regresan del cautiverio no solo cargan con problemas económicos y de salud, sino también con secuelas psicológicas y una carga menos visible: la mirada de su propia sociedad. Así lo planteó el psicólogo Jachatur Gasparian, doctor en Ciencias Psicológicas y director del centro de salud mental Intra, durante la conferencia internacional LIBERTAS, realizada el viernes 16 de octubre en Ereván bajo el lema “Libertad, justicia y reintegración”.
“Uno de los principales problemas que enfrentan es la adaptación”, explicó Gasparian. “En nuestra sociedad, a los prisioneros que regresan se los suele recibir con dos actitudes extremas. Una es la compasión excesiva, sobre todo de parte de familiares y allegados. La otra es evasiva, porque parece surgir hacia ellos una actitud discriminatoria: si estuvieron cautivos, entonces son potenciales traidores”.
Según el especialista, estas dificultades vienen acompañadas de recuerdos traumáticos que no se limitan al cautiverio, sino que se remontan también a lo vivido antes de caer prisioneros. Para ilustrarlo, relató el caso de un joven al que atendió: “Lo que más lo atormentaba era que, cuando le informaron a su comandante que estaban rodeados, no hubo ninguna señal, ningún paso, ninguna respuesta. Eso fue lo que más lo afectó psicológicamente”.
Los números de la reintegración
Los datos presentados en la misma conferencia por el sociólogo Armen Jachikian confirman ese diagnóstico. Según un estudio realizado entre ex prisioneros, el 87% dijo necesitar apoyo económico y laboral, el 36% tiene problemas para dormir, el 33% sufre pesadillas frecuentes y el 28% reconoce conductas agresivas.
Jachikian explicó que muchos de los consultados atribuyen su dificultad para readaptarse no tanto a la falta de asistencia institucional como a lo psicológico. Sin embargo, buena parte de ellos afirmó que no recurriría a un psicólogo. Cuando se les preguntó qué le dirían a un prisionero recién liberado, la respuesta fue: “Simplemente, olvidate”.
Una advertencia que se repite
No es la primera vez que Gasparian alerta sobre el tema. Hace un año, en un debate sobre cómo ayudar a los ex prisioneros a superar el estrés postraumático, sostuvo que en la sociedad armenia existe un trato estigmatizante hacia quienes vuelven del cautiverio, a quienes muchos ven como un sector ajeno e indeseable. Advirtió entonces que una gran cantidad de ellos decidió emigrar, porque en Armenia no encontraron un clima social favorable, y señaló que la asistencia psicológica a los repatriados no forma parte de la atención estatal. En ese momento, su equipo trabajaba junto a la Cruz Roja y había visitado a unos 40 ex prisioneros y sus familias.
“Muchas veces cayeron prisioneros no por un error propio, sino por las circunstancias”, afirmó en aquella ocasión. “Como nación, podemos pensar en cómo apoyarlos, no en culparlos por haber caído prisioneros”.
Sin contacto desde diciembre
La conferencia, dedicada a los armenios detenidos en Azerbaiyán, las vías para su liberación y la reintegración de quienes ya volvieron, fue organizada por el Centro Covcas de Derecho y Resolución de Conflictos, que preside Hilda Tchoboian, en el marco de la iniciativa LIBERTAS, junto con Intra, el Centro Internacional de Derecho Comparado y la ONG Arpi. Contó con el patrocinio de la Municipalidad de Lyon y de la Fundación Léa y Napoléon Bullukian.
Uno de los testimonios más inquietantes fue el de la abogada Siranush Sahakian, representante de los prisioneros armenios ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Según denunció, el último contacto físico con los detenidos se produjo el 24 y 25 de diciembre de 2025, y desde entonces no hubo ninguna observación directa. Bakú solo envió, a través del tribunal de Estrasburgo, fichas de ingreso, algunos resultados médicos y fotografías de celdas en las que ya no aparecen los armenios, algo que la jurista consideró una señal negativa.
Sahakian afirmó además que existen pruebas, “más allá de toda duda razonable”, de que los prisioneros sufren torturas sistemáticas y tratos inhumanos, a partir de los testimonios y documentos médicos de quienes ya fueron repatriados. También denunció que los detenidos están privados de recibir y enviar cartas, y que el correo armenio, Haypost, se niega a despachar cualquier envío dirigido a Azerbaiyán, pese a que el Gobierno había sugerido esa vía.
La abogada cuestionó también el manejo oficial de las visitas consulares: según sostuvo, Suiza había dado su consentimiento para realizarlas en nombre de Armenia, algo que Ereván hoy niega. “Es como si la responsabilidad se trasladara de Azerbaiyán a terceros países”, señaló.
En un mensaje grabado, el alcalde de Lyon, Grégory Doucet, saludó el proceso de paz entre Ereván y Bakú, pero advirtió que no puede haber una paz duradera mientras haya presos políticos detenidos arbitrariamente en Azerbaiyán, y reclamó su liberación inmediata. Recordó que la ciudad colgó en las rejas de su municipalidad el retrato del ex presidente de Artsaj Araik Harutiunian, uno de los dirigentes que siguen presos en Bakú.