El primer ministro afirmó que Armenia debe concentrarse en la firma y ratificación del tratado de paz con Azerbaiyán. Presentó ese paso como fundamental para el futuro del país, aunque Bakú mantiene sus exigencias sobre la Constitución armenia y continúan pendientes cuestiones sensibles entre ambos Estados.
Cuando eso ocurra, podremos decir que hemos colocado la piedra fundamental para la continuidad del Estado armenio». Con estas palabras, el primer ministro Nikol Pashinian volvió a colocar este martes el acuerdo de paz con Azerbaiyán en el centro de su proyecto político para el futuro de Armenia.
Pashinian sostuvo que, en la próxima etapa, el país debe concentrar sus esfuerzos en conseguir la firma y posterior ratificación del acuerdo rubricado con Azerbaiyán, un objetivo que el Gobierno presenta como decisivo para cerrar definitivamente décadas de conflicto y garantizar la estabilidad de Armenia.
La declaración se inscribe en el concepto de la «Armenia Real» que el primer ministro viene desarrollando en los últimos años y mediante el cual propone abandonar las reivindicaciones históricas que, a su juicio, pueden entrar en contradicción con los intereses del actual Estado armenio.
El documento al que hizo referencia Pashinian fue rubricado el 8 de agosto de 2025 en Washington por los cancilleres Ararat Mirzoyan y Jeyhun Bayramov, durante el encuentro que mantuvieron Pashinian y el presidente azerbaiyano Ilham Aliyev en la Casa Blanca, con la participación del presidente estadounidense Donald Trump.
El texto establece, entre otros principios, el reconocimiento mutuo de la soberanía, la integridad territorial y la inviolabilidad de las fronteras, así como el compromiso de no formular reclamaciones territoriales y de abstenerse del uso o de la amenaza del uso de la fuerza.
Sin embargo, más de un año después de aquella reunión, el acuerdo continúa sin la firma definitiva.
Y allí aparece uno de los puntos más delicados del proceso.
Azerbaiyán continúa condicionando la firma del tratado a una modificación de la Constitución de Armenia. Bakú sostiene que la referencia de su preámbulo a la Declaración de Independencia de 1990 puede interpretarse como una reivindicación sobre Artsaj y, por lo tanto, como un reclamo territorial contra Azerbaiyán.
Ereván rechaza esa interpretación y sostiene que la Constitución armenia no contiene reivindicaciones territoriales contra ningún Estado.
La cuestión adquiere especial importancia porque el Gobierno de Pashinian impulsa, paralelamente, la elaboración de una nueva Constitución. Aunque las autoridades armenias insisten en presentar ese proceso como una necesidad interna del país, las reiteradas exigencias provenientes de Bakú mantienen abierto el debate acerca de cuánto pesan las condiciones azerbaiyanas en esa reforma.
El tratado tampoco resolverá por sí solo todos los problemas existentes entre Armenia y Azerbaiyán.
Continúa pendiente la delimitación y demarcación completa de la frontera, mientras que Armenia busca garantizar que la apertura de las comunicaciones regionales se realice bajo su soberanía y jurisdicción.
En ese contexto aparece también el proyecto TRIPP, acordado en Washington, que contempla una vía de comunicación a través de la provincia armenia de Syunik. Su implementación será uno de los temas más sensibles de los próximos meses, especialmente en lo referido al régimen de funcionamiento y al pleno ejercicio de la soberanía armenia sobre ese territorio.
A ello se suma una cuestión que continúa ocupando un lugar central para la sociedad armenia: los prisioneros que permanecen detenidos en Bakú, entre ellos antiguos dirigentes políticos y militares de Artsaj.
Tampoco han desaparecido las consecuencias del vaciamiento de Artsaj en septiembre de 2023. Más de 100.000 armenios debieron abandonar entonces sus hogares y trasladarse a Armenia, mientras siguen sin solución definitiva las cuestiones relacionadas con sus derechos, sus propiedades y la posibilidad de regresar a su tierra.
El mensaje del primer ministro deja en claro que el Gobierno ha convertido la normalización con Azerbaiyán en uno de los pilares de su proyecto para los próximos años.
Para Pashinian, la firma y ratificación del acuerdo permitirán establecer las bases de un Estado armenio estable, reconocido dentro de sus fronteras internacionales y capaz de desarrollar relaciones pacíficas con sus vecinos.
Pero la verdadera dimensión del acuerdo no dependerá solamente de las palabras escritas en un documento.
La cuestión fundamental será si la firma pone efectivamente fin a las exigencias de Bakú o si, por el contrario, Azerbaiyán continuará planteando nuevas condiciones a Armenia una vez concluido el tratado.
Por eso, mientras Pashinian define el acuerdo como la «piedra fundamental» para garantizar la continuidad del Estado armenio, permanece abierta una pregunta que excede la firma de cualquier documento: ¿Qué garantías concretas tendrá Armenia de que la paz será acompañada por el respeto efectivo de su soberanía, sus fronteras y sus derechos?.
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