Cerca del monte Ararat, en el área donde se busca desde hace décadas el Arca de Noé, un equipo de investigadores detectó anomalías subterráneas que reavivan el debate en torno a la formación rocosa. La información fue difundida por medios rusos que citan al diario turco Milliyet. Según los reportes, un escaneo radiológico del subsuelo reveló numerosas irregularidades y cavidades de bordes definidos en el sector conocido como Durupınar. Si se trata o no de restos de la embarcación bíblica se sabrá recién dentro de dos meses, según explicó el jefe del proyecto, el profesor Cenker Atila, del Departamento de Arqueología de la Universidad Sivas Cumhuriyet.
Los trabajos se realizan sobre la formación rocosa de la región de Durupınar, ubicada a unos 28 kilómetros del Ararat, cuya silueta se asemeja a la de un enorme navío. Mide 164 metros de largo, medida que coincide con los 300 codos que el Antiguo Testamento le atribuye al arca. Del proyecto participan cerca de 20 investigadores y estudiantes de cinco países, en un estudio de carácter multidisciplinario.
"Nuestro proyecto se puso en marcha el 28 de junio de 2026. Hasta ahora generamos modelos 3D, puntos GPS y mapas. También realizamos estudios del subsuelo con sistemas de radar utilizados por la fuerza aérea de Estados Unidos. Tratamos de entender si hay cavidades subterráneas, restos de madera u otros fragmentos que puedan haber conformado la forma de un barco. Aunque los resultados definitivos los tendremos recién en dos meses, los datos actuales ya son muy importantes para nosotros", declaró el profesor de arqueología, según citó el diario turco.
De acuerdo con el arqueólogo, la investigación reveló numerosos huecos y estructuras angulares que se cruzan en varios niveles y confluyen hacia el centro de la formación.
"La presencia de anomalías y de cavidades que se cruzan en ángulo recto abrió el interrogante de si podrían ser parte de un barco. Tomamos muestras de tierra e hicimos algunos análisis. El trabajo continúa: vamos a recolectar cerca de mil muestras de suelo. Ya confirmamos que la cantidad de carbono que surge de la parte interna de la formación es un 40% mayor que la de la parte externa. Esto sugiere la posible presencia de materia orgánica o restos de madera. Los datos que ya tenemos aumentan la probabilidad de que aquí esté el Arca de Noé", afirmó el científico.
El radar utilizado —conocido como BakhtarRadar, derivado de una tecnología de detección subterránea desarrollada originalmente para la fuerza aérea estadounidense— fue operado junto al ingeniero en geomecánica Khosrow Bakhtar, especialista con más de cuatro décadas de experiencia en la detección de cavidades y estructuras ocultas bajo tierra. Según los propios investigadores, los resultados por ahora son preliminares: las anomalías detectadas por radar no alcanzan, por sí solas, para probar un origen artificial de la formación, aunque sí permiten definir con mayor precisión los puntos donde se realizarán las perforaciones de prueba. Se espera que un informe científico completo se publique durante 2027.
No es la primera vez que la ciencia mira con atención a Durupınar. En 1996, un estudio geológico publicado en el Journal of Geoscience Education había planteado que la formación es un sinclinal doblemente buzante, una estructura rocosa plegada capaz de generar naturalmente, por erosión, un contorno alargado similar al de un casco de barco. Esa hipótesis convive hoy con los nuevos hallazgos, que todavía no permiten descartarla.
Según la tradición bíblica, que recuerdan los medios, Noé construyó el arca por orden divina para salvar a su familia y a los animales del diluvio universal, y tras las aguas la embarcación descendió sobre los montes de Ararat. En 1949, un avión de la fuerza aérea estadounidense fotografió durante un vuelo de misión secreta la formación geológica de Durupınar, que el mundo científico bautizó como la "anomalía del Ararat".