Por Hayk Ghazarian, candidato a doctor en Ciencias Económicas, miembro del Consejo de Defensa de los Derechos de los Artsajtsís
En los últimos meses circula, entre bambalinas y en la prensa, el debate sobre la importancia de elegir presidente en la República de Artsaj y sobre los posibles candidatos. Aunque la comunidad internacional no reconoce a Artsaj como Estado —pero tampoco lo rechaza, y su entramado institucional sigue plenamente constituido—, sostener de derecho la continuidad de sus principales instituciones, la presidencia y la Asamblea Nacional, resulta clave para la autoorganización de los artsajtsís, la preservación de su patrimonio cultural, el eventual retorno de la población desplazada, la defensa de sus derechos sociales, habitacionales y civiles, y la internacionalización de la causa de Artsaj.
Según pudimos saber, con ese objetivo el vicepresidente de la Asamblea Nacional de Artsaj, Gagik Baghunts, impulsó a fines de julio pasado una reunión con los jefes de los bloques parlamentarios en la que se analizó la figura de Stepán Hasan-Jalalian como posible candidato a la presidencia.
Los participantes del encuentro se manifestaron a favor de esa candidatura. A mi criterio, Hasan-Jalalian reúne las condiciones necesarias para un cargo de esa responsabilidad: formación en ciencias políticas —se graduó con honores en la maestría de Ciencia Política de la Facultad de Relaciones Internacionales de la Universidad Estatal de Ereván, y se encuentra actualmente en proceso de defensa de su tesis doctoral— y una mirada orientada a la gestión estatal.
Resulta especialmente significativo que Hasan-Jalalian sea artsajtsí de nacimiento y descienda de una de las casas nobiliarias más célebres del pueblo armenio: los Hasan-Jalalian, la dinastía principesca que durante siglos tuvo a su cargo la responsabilidad temporal y espiritual de la histórica estatalidad de Artsaj y de su población armenia.
Buena parte de los círculos políticos, sociales e intelectuales de Artsaj se manifiesta a favor de su candidatura. Hasan-Jalalian mantuvo siempre el vínculo con su tierra natal y con sus habitantes, y colaboró activamente con los círculos oficiales e intelectuales-científicos de Artsaj. Conoce en profundidad la problemática de la región, sobre la que cuenta con numerosas investigaciones, libros y artículos publicados, y participa con frecuencia en medios de comunicación.
En cuanto a su trayectoria laboral, Hasan-Jalalian tiene experiencia en gestión estatal: trabajó cerca de diez años en la Asamblea Nacional de Armenia, donde recibió una distinción del presidente del cuerpo, y luego se desempeñó en la Comisión de Ética de Altos Funcionarios y en la Comisión de Prevención de la Corrupción de Armenia. Es, además, políticamente independiente: no integra ni adhiere a ninguna fuerza partidaria. Cabe destacar también que, por decisión propia, sirvió en el Ejército de Defensa de la República de Artsaj como comandante de pelotón.
Todos estos antecedentes —sumados al hecho de que Hasan-Jalalian representa a un linaje que, entre los siglos XIII y XIX, dio a Artsaj cerca de 40 katolikoses y una veintena de príncipes— dan fe de que, de resultar electo, Stepán Hasan-Jalalian podría ejercer la presidencia de Artsaj con criterio, equilibrio, eficacia y decisiones firmes e imparciales, y contribuir a la sanación de las heridas identitarias y de dignidad nacional sufridas por los artsajtsís, a su autoorganización y unidad, y a representar dignamente ante Armenia y la comunidad internacional los intereses de la población de Artsaj y de los compatriotas retenidos ilegalmente en cárceles de Bakú.
La elección de un representante de los Hasan-Jalalian para la presidencia de la República enviaría un mensaje al mundo y en particular a Azerbaiyán: que Artsaj fue armenio durante siglos y que hoy la responsabilidad de sostener su estatalidad recae, por derecho propio, en el heredero de una de sus antiguas casas principescas. También es muy importante que Stepán Hasan-Jalalian, en debates y exposiciones públicas, sostenga posiciones de principios y sin concesiones, respaldadas por un manejo sólido de los temas que aborda.
Considero que la Asamblea Nacional de Artsaj no se equivocaría —y, por el contrario, daría un paso acertado y necesario en esta coyuntura crítica y aciaga— si eligiera a Stepán Hasan-Jalalian para la presidencia de la República.
Como especialista en gestión estatal y miembro del Consejo de Defensa de los Derechos de los Artsajtsís, cercano a las problemáticas de los artsajtsís, valoro especialmente las cualidades personales y de gestión de Stepán Hasan-Jalalian, su origen, su rico caudal de conocimientos, su valentía, su energía y su sabiduría.
Teniendo en cuenta la actitud positiva de los círculos intelectuales y oficiales de Artsaj hacia su candidatura, espero una amplia discusión de la élite artsají y de la comunidad armenia de Artsaj, y su respaldo a la candidatura de Stepán Hasan-Jalalian en las redes sociales, en distintos formatos, para relevar de manera objetiva y realista las disposiciones y opiniones de la gente.
Esto es muy importante para que el futuro posible presidente, Stepán Hasan-Jalalian, cuente con legitimidad y una alta confianza pública en un cargo de tanta responsabilidad.