"La gente ya está al borde del colapso, no puede pagar los créditos": alarma por la crisis en el agro armenio
No sabría decir si la prohibición rusa a los productos agrícolas armenios responde a motivos económicos o políticos, pero lo cierto es que Nikol Pashinian, al admitir públicamente que existe un problema de calidad en la producción piscícola nacional, dejó a los productores de pescado en una situación muy delicada. Así lo afirmó este miércoles el diputado Harutyun Mnatsakanian, del bloque Armenia Fuerte, en una conferencia de prensa.
Las restricciones rusas comenzaron a fines de mayo, cuando Rosseljoznadzor —el organismo ruso de control veterinario y fitosanitario— suspendió la certificación para el pescado y los productos pesqueros armenios, tras una inspección en la que, según Moscú, la mitad de las plantas procesadoras se negó a colaborar. La medida se fue ampliando en las semanas siguientes a damascos, cerezas, ciruelas, uvas, berenjenas, papas y frutos secos, en medio de la presión rusa sobre Ereván por su acercamiento a la Unión Europea, en vísperas de las elecciones legislativas del 7 de junio.
"El problema no pasa por si es económico o político. El problema es que las explotaciones agrícolas y los emprendimientos de invernadero están frente a un riesgo serio, y esa cuestión debe resolverse por la vía política. No va a ser una solución fácil, pero tenemos que afrontar esas dificultades. Hacen falta acciones políticas. Hay que encontrar el punto de equilibrio que evite que se perjudiquen las empresas agropecuarias y la economía de la República de Armenia", sostuvo el legislador.
"La gente ya está al borde del colapso, están en una situación muy mala, no pueden pagar los créditos", agregó Mnatsakanian, uno de los 29 diputados que recibieron mandato el 21 de julio dentro de la lista de Armenia Fuerte, el bloque impulsado por el empresario Samvel Karapetian.
Consultado sobre si Europa necesita los productos agrícolas armenios, el diputado respondió que, de existir esa necesidad, debería haberse construido con trabajo sostenido y a largo plazo, y no quedándose de brazos cruzados hasta llevar la situación a un punto crítico para recién entonces empezar a pensar en la diversificación de mercados.
Sobre la cosecha de damasco, recordó que este año fue escasa: se exportaron oficialmente unas 7.600 toneladas, frente a las cerca de 50.000 toneladas del año anterior.
En cuanto a la uva, consideró que el Estado debe concentrarse por ahora en la uva de variedades técnicas (para vinificación) y hacer todo lo posible para que esa producción sea efectivamente comprada.
"Ya se siente el peligro inminente. Si los productores no logran este año entregar su uva, hay una alta probabilidad de que mañana arranquen esos viñedos. Y si los arrancan, esa uva no va a producirse por lo menos durante dos o tres años" —el tiempo mínimo para que una vid nueva vuelva a dar fruta aprovechable—, "sin hablar ya de los siete años" —el plazo que demanda alcanzar la madurez plena necesaria para obtener uva de calidad enológica—, concluyó Mnatsakanian.