Armenia celebra este domingo 12 de julio Vardavar, una de las festividades más arraigadas y populares del pueblo armenio. Este año, sin embargo, la tradicional fiesta del agua llega acompañada de un dato que abrió interrogantes: la Municipalidad de Ereván destinó 199,5 millones de drams —aproximadamente 520.000 dólares— a la organización de los festejos en la capital.
Vardavar es hoy una de las grandes celebraciones de la Iglesia Apostólica Armenia. En el calendario eclesiástico corresponde a la Fiesta de la Transfiguración de Jesucristo y constituye una de las cinco grandes festividades de la Iglesia Armenia.
Según la tradición evangélica, Jesucristo subió a un monte acompañado por los apóstoles Pedro, Santiago y Juan y allí se transfiguró ante ellos, revelando su gloria divina.
Pero los orígenes de Vardavar se remontan también a la Armenia precristiana. La antigua celebración estaba asociada a Astghik, diosa armenia del amor, la belleza, la fertilidad y el agua, a quien se ofrecían rosas y en cuyo honor se realizaban juegos con agua y se liberaban palomas.
Tras la adopción del cristianismo por Armenia, aquellas antiguas costumbres populares fueron incorporadas y resignificadas dentro de la celebración de la Transfiguración de Jesucristo. De este modo, Vardavar conservó símbolos y prácticas profundamente arraigados en la cultura armenia, pero adquirió un significado esencialmente cristiano.
A lo largo de los siglos, arrojarse agua unos a otros se convirtió en una de las expresiones más características de la festividad.
Hoy, Vardavar es una jornada en la que niños, jóvenes y adultos ocupan calles, plazas y parques con baldes, botellas y mangueras. Durante algunas horas, prácticamente nadie queda al margen de una celebración que atraviesa generaciones y forma parte de la identidad popular armenia.
Este año, la Municipalidad de Ereván decidió otorgar a la celebración una dimensión mucho mayor.
Las autoridades anunciaron un «nuevo formato», con epicentro en la Plaza de la República y un amplio programa de actividades acuáticas, espacios destinados a los niños, competencias, propuestas gastronómicas y espectáculos musicales.
Entre los artistas anunciados para el espectáculo figuran Aram MP3 e Iveta Mukuchyan, mientras que la principal figura internacional es el conocido DJ italiano Alex Gaudino. La programación incluye además la participación de otros músicos y DJs.
El objetivo declarado por las autoridades municipales es fortalecer la proyección turística de Ereván y convertir Vardavar en una celebración capaz de atraer visitantes extranjeros y posicionarse internacionalmente como una de las fiestas características de Armenia.
Para la organización del evento fueron destinados 199,5 millones de drams, equivalentes a unos 520.000 dólares.
Hasta el momento, no se difundió públicamente un detalle de los honorarios individuales abonados a los artistas dentro del presupuesto global destinado a la celebración.
La cifra, inevitablemente, genera preguntas.
Desde la perspectiva de las autoridades municipales, el desembolso puede ser considerado una inversión en turismo, promoción internacional y actividad económica. Una celebración de gran escala puede atraer visitantes, beneficiar a los sectores gastronómico y hotelero y proyectar una imagen dinámica de la capital armenia.
Pero también resulta legítimo preguntarse si era necesario destinar más de medio millón de dólares de fondos públicos a una celebración de un solo día.
En un país donde continúan existiendo importantes necesidades sociales, problemas de infraestructura y numerosas demandas presupuestarias, la magnitud del gasto merece, al menos, una explicación clara y detallada.
La discusión, por supuesto, no debe centrarse en Vardavar.
Nadie cuestiona el valor de una tradición profundamente arraigada en la historia, la fe y la identidad del pueblo armenio.
La pregunta es otra: cuánto deben gastar las autoridades públicas —en este caso, la Municipalidad de Ereván— para transformar una celebración religiosa y popular en un gran espectáculo.
Vardavar sobrevivió durante siglos sin grandes escenarios, DJs internacionales ni presupuestos millonarios.
Sobrevivió porque pertenecía al pueblo.
Y quizás allí radique, precisamente, su mayor fuerza.