El dictador azerbaiyano Ilham Aliyev realizó declaraciones provocadoras desde Kovsakan —ciudad armenia del distrito de Kashatagh en el Artsaj ocupado— en las que se jactó de los resultados de la agresión contra el pueblo armenio y descartó cualquier intención de amenaza futura contra Armenia, aunque sus propias palabras contradicen esa afirmación.
"Hemos logrado todo lo que queríamos", declaró el autócrata, en referencia a la ocupación del Artsaj y la expulsión de más de 100.000 armenios de su tierra ancestral en septiembre de 2023. Con cinismo, Aliyev se refirió a los observadores europeos desplegados en la frontera armenio-azerbaiyana: "Si hubiéramos disparado un solo tiro, sus talones simplemente habrían 'brillado' y no habría quedado ni rastro de ellos". Según él, no es necesario proteger a Armenia de Azerbaiyán —porque ya obtuvimos todo lo que buscábamos.
En un pasaje que roza lo grotesco, Aliyev se quejó de que "sesenta mil hectáreas de nuestros bosques fueron destruidas por los salvajes invasores", atribuyendo el daño a los armenios en los distritos de Kelbajar, Lachin y Zangelan. La denuncia proviene del mismo hombre que ordena la destrucción sistemática de iglesias armenias, cementerios y monumentos históricos en el Artsaj ocupado.
La ironía no puede pasarse por alto: mientras Aliyev lamenta daños ecológicos, organizaciones internacionales de monitoreo han documentado desde 2021 decenas de sitios históricos, religiosos y residenciales armenios destruidos en el Artsaj ocupado, con una aceleración dramática tras la ofensiva militar de septiembre de 2023 que expulsó a toda la población armenia de la región.
Entre los blancos más simbólicos figura el monumento al centenario del Genocidio Armenio en Shushí, demolido para construir en su lugar una plaza con bandera azerbaiyana que el propio Aliyev inauguró en septiembre de 2024. Sobre ese mismo suelo se levantaron además una mezquita y un museo que celebran la "victoria" azerbaiyana.
El centro de investigación Caucasus Heritage Watch, de las universidades Cornell y Purdue, relevó mediante imágenes satelitales un aumento del 75% en la destrucción de iglesias, monasterios, cementerios, jachkares e inmuebles culturales armenios en el Artsaj, tendencia que la Comisión de Libertad Religiosa Internacional de Estados Unidos incluyó en su informe anual de 2025 al recomendar que Azerbaiyán sea designado país de especial preocupación.
En otro tramo de su discurso, Aliyev calificó la hostilidad armenia hacia Azerbaiyán como irracional: "Las razones de su odio hacia nosotros probablemente deberían ser estudiadas por psiquiatras, psicólogos y médicos". Aseguró que "el pueblo azerbaiyano no le ha hecho nada malo al pueblo armenio" —declaración que ignora décadas de agresión militar, pogromos, deportaciones y la limpieza étnica del Artsaj— y advirtió que "mientras existan fuerzas políticas en la sociedad armenia que alberguen odio hacia Azerbaiyán, debemos permanecer vigilantes".
Las declaraciones de Aliyev desde Kovsakan siguen un patrón bien documentado. En enero de 2025, el autócrata escaló su retórica respecto a Armenia y amenazó con nuevas acciones militares si Ereván no cedía a las exigencias territoriales azerbaiyanas. Habla de paz con una mano mientras empuña la amenaza con la otra. "Logramos todo lo que queríamos" es la confesión de quien concibe la diplomacia como un instrumento de sometimiento, no de convivencia.