El pasado 4 de mayo, la capital armenia se convirtió en el epicentro de la política europea. La VIII Cumbre de la Comunidad Política Europea (CPE) reunió en Ereván a dirigentes de casi medio centenar de países bajo el lema "Construir el futuro: unidad y estabilidad en Europa". El encuentro fue copresidido por António Costa, presidente del Consejo Europeo, y el primer ministro armenio Nikol Pashinian, y tuvo lugar en el Complejo Karen Demirchian, ante representantes de 48 naciones más Canadá como invitado especial.
Un momento histórico para Armenia
Pashinian calificó la cumbre de "histórica", y con razón: por primera vez en décadas, representantes de Armenia, Azerbaiyán y Turquía coincidieron en suelo armenio. El presidente azerbaiyano Ilham Aliyev participó por videoconferencia —la primera vez que un mandatario de Bakú toma parte en un evento en territorio armenio—, mientras que el vicepresidente turco Cevdet Yilmaz se convirtió en el primer alto cargo de Turquía en visitar Armenia desde que ambos países iniciaron en 2024 su proceso de normalización diplomática. El propio primer ministro destacó que hace dos años que no se registran víctimas en la frontera con Azerbaiyán, algo que describió como "sin precedentes desde la independencia".
La provocación de Aliyev sin respuesta
El tono histórico de la jornada fue empañado por la intervención del presidente azerbaiyano. Aliyev utilizó su mensaje grabado para reivindicar que Azerbaiyán "puso fin al separatismo en Karabaj" —eufemismo con el que justificó la operación militar de septiembre de 2023 que derivó en la limpieza étnica y el éxodo forzado de toda la población armenia de Artsaj— y aprovechó el foro para atacar al Parlamento Europeo por sus resoluciones críticas hacia Bakú, calificándolas de "una especie de obsesión".
Fue la presidenta del Parlamento Europeo, Roberta Metsola, quien tomó la palabra para responderle con firmeza: el Parlamento es un órgano democrático elegido directamente, y sus resoluciones nunca cambiarán su forma de funcionar.
El acercamiento de Armenia a Europa
Más allá de ese episodio, la cumbre consolidó el histórico viraje de Armenia hacia Occidente. Al día siguiente, el 5 de mayo, se celebró en Ereván la primera cumbre bilateral de la historia entre la UE y Armenia, con la participación de Costa y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. La reunión apuntó a profundizar la cooperación en materia de seguridad, conectividad, energía y digitalización, y la UE anunció el establecimiento de una misión civil —la EUPM Armenia— orientada a fortalecer la resiliencia del país frente a ciberataques, desinformación e injerencia extranjera, en un contexto en que Rusia tiene la mirada puesta en las elecciones legislativas armenias del próximo 7 de junio.
Canadá y el mensaje al mundo
La presencia del primer ministro canadiense Mark Carney marcó otro hito: fue la primera vez que un líder no europeo participó en una cumbre de la CPE (Comunidad Política Europea). Su incorporación refleja el acercamiento entre Europa y Canadá frente a las presiones del presidente estadounidense Donald Trump, con quien ambos mantienen crecientes fricciones comerciales e ideológicas. Al cerrar el plenario, Costa resumió el espíritu de la cumbre: "la diplomacia, el multilateralismo y el respeto del derecho internacional producen resultados", en un mensaje dirigido tanto a Washington como a Moscú. La próxima cumbre de la CPE tendrá lugar en Irlanda, en noviembre de 2026.
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Reflexión de Sardarabad
Pashinian tenía ante sí, frente a casi cincuenta jefes de Estado y de Gobierno, la oportunidad de recordar al mundo lo que ocurrió en Artsaj: el desplazamiento de más de 100.000 armenios, la destrucción de su patrimonio, la ruptura de siglos de presencia armenia en esa tierra. Eligió no hacerlo. Que haya sido Metsola —y no el propio anfitrión— quien respondiera a Aliyev dice mucho sobre la dirección que Pashinian ha decidido imprimir a su política exterior: una política de gestos y pragmatismo que, en aras de la firma de un tratado de paz, parece dispuesta a pasar la página sobre crímenes que aún no tienen ni justicia ni reparación. La comunidad armenia del mundo merece líderes que nombren lo que pasó, no que lo silencien precisamente cuando el escenario lo pide a gritos.