La Agencia de Desarrollo del Turismo y la Cultura de Artsaj difundió un comunicado donde se lee lo siguiente:
«En vísperas del 111.° aniversario del Genocidio Armenio, registramos que las fuerzas de ocupación azerbaiyanas destruyeron en Stepanakert la iglesia de la Intercesión de la Santísima Madre de Dios.
Esto no es simplemente la demolición de una iglesia. Es la continuación de la misma política que hace un siglo condujo al Genocidio Armenio. Hoy se manifiesta bajo nuevas formas: como genocidio cultural y como proceso deliberado de borrado de la patria, cuyo objetivo es la eliminación definitiva de la memoria histórica, la cultura y la presencia espiritual armenia en Artsaj. No se demuelen solamente edificios: se demuelen también la identidad del pueblo, su pasado y su derecho al futuro.
En este contexto, resulta inadmisible el silencio casi absoluto de las autoridades de la República de Armenia. Cuando se destruyen nuestros lugares sagrados, el silencio ya no es neutralidad: se convierte en complicidad con el crimen que se está cometiendo.
Igualmente vergonzoso y peligroso es el silencio de la comunidad internacional, así como el de los organismos internacionales y especializados dedicados a la preservación del patrimonio cultural. Ese silencio no solo no detiene al perpetrador, sino que alienta nuevos crímenes, creando un clima de impunidad.
Las autoridades de la República de Armenia tienen la obligación de emitir de manera inmediata y clara una condena política de esta barbarie, de denunciar públicamente la política de destrucción del patrimonio cultural en Artsaj y de adoptar medidas diplomáticas efectivas para llevar esta cuestión a los foros internacionales.
Al mismo tiempo, debe quedar inequívocamente establecido: el derecho de retorno de la población armenia de Artsaj a su patria es inalienable y no puede ponerse en duda. La destrucción del patrimonio cultural apunta también a negar ese derecho: al borrar la memoria, se busca impedir la posibilidad del regreso del pueblo.
La iglesia de la Intercesión de la Santísima Madre de Dios, construida entre 2000 y 2007, era uno de los centros espirituales más importantes de Stepanakert. Restableció la presencia eclesial en un territorio donde una iglesia activa desde fines del siglo XIX había sido clausurada durante el período soviético y reconvertida en edificio civil. El templo se convirtió en símbolo vivo del renacimiento de la fe, de la preservación de la memoria y de la continuidad de la identidad armenia.
Hoy, su destrucción es un episodio más de la misma cadena trágica que comenzó hace un siglo con el genocidio y que continúa ante nuestros ojos: dirigida no solo contra las piedras, sino también contra la memoria del pueblo, su dignidad y su derecho a vivir y regresar a su patria».