Una nueva polémica sacude el escenario político armenio tras las declaraciones del primer ministro Nikol Pashinian durante su reciente visita al memorial de Dzidzernagapert, donde afirmó que “durante 60 años nadie ha realizado renovaciones en el complejo”.
La diputada opositora Lilit Galstian calificó estas declaraciones como “una mentira deliberada”, acusando al gobierno de “engañar a la sociedad y demonizar a administraciones anteriores”.
Según Galstian, existen registros documentados de múltiples intervenciones importantes, entre ellas:
La diputada también criticó el silencio de funcionarios presentes, incluida la ministra Zhanna Andreasyan, señalando que “la omisión refuerza una narrativa falsa”.
El complejo de Tsitsernakaberd, símbolo central de la memoria histórica armenia, ha sido objeto de diversas restauraciones y mejoras a lo largo de las décadas, lo que contradice la afirmación oficial.
En este contexto, el debate trasciende lo técnico y se instala en el terreno político: la memoria histórica, su preservación y su utilización en el discurso público.
La controversia refleja una creciente tensión en Armenia sobre la interpretación del pasado y su uso en la política actual, especialmente en torno a un símbolo tan sensible como el memorial del Genocidio Armenio.