El monitoreo de redes sociales confirmó hoy un nuevo acto de destrucción cultural sistemática: la administración azerbaiyana de ocupación demolió la iglesia de San Hagop en Stepanakert, perteneciente a la Iglesia Apostólica Armenia construido en 2007. La piedra fundamental había sido colocada en septiembre de 2005 y las obras fueron concluidas a comienzos de 2007, gracias al apoyo del benefactor armenio-estadounidense Nerses Yepremian, en memoria de su hijo Hagop Yepremian.
El templo fue consagrado el 6 de mayo de 2007 en una ceremonia encabezada por el arzobispo Barkev Martirosian, con la participación de clérigos de la Diócesis de Artsaj de la Iglesia Apostólica Armenia, autoridades y fieles. Al día siguiente se celebró la primera Divina Liturgia, dedicada a las Fuerzas Armadas de Artsaj.
Esta iglesia había sido construida para atender las necesidades espirituales de los creyentes de la capital de la República de Artsaj, en continuidad con la tradición cristiana que durante siglos se forjó en la región. Tenía además un valor simbólico particular: representaba el restablecimiento de la vida espiritual en Stepanakert tras años sin un templo en funcionamiento. Cabe recordar que ya desde fines del siglo XIX existía en la ciudad una pequeña iglesia parroquial de nave única que, tras la sovietización, fue reconvertida en casa de la cultura y luego, en la década de 1950, reconstruida como Teatro Estatal Dramático Armenio de Stepanakert.
Reportes de los últimos días indican además la demolición de otros espacios emblemáticos de la ciudad, entre ellos el monumento a la Maternidad, ubicado cerca del hospital, y la Fuente Teatral del Teatro Estatal Dramático Vahram Papazian.
Lo que las organizaciones armenias de monitoreo describen no es solamente la destrucción de un edificio. Denuncian que se trata de una política estatal sistemática ejecutada por Azerbaiyán, orientada a borrar la presencia armenia, la memoria colectiva y la propia Patria de los territorios ocupados. No se destruyen únicamente monumentos: se destruye el vínculo de un pueblo con su tierra histórica.
Estas organizaciones han hecho un llamado a la UNESCO, el Consejo de Europa y las Naciones Unidas para que emitan una condena clara ante lo que está ocurriendo y adopten medidas concretas para detener la destrucción del patrimonio cultural armenio, advirtiendo que el silencio de la comunidad internacional se convierte, en los hechos, en una forma de complicidad.
Señalan asimismo que la ausencia de una posición firme y sostenida por parte de las autoridades de Armenia en materia de defensa del patrimonio cultural y de los derechos de la población desplazada por la fuerza no hace más que profundizar el clima de impunidad y alentar nuevos crímenes.
La destrucción de la Patria es un crimen no solo contra un pueblo, sino contra toda la humanidad.