Ereván. El primer ministro de Armenia, Nikol Pashinian, sostuvo que en los últimos años se observa una “activación significativa” de inversiones de armenios del exterior en la República de Armenia y planteó que el Estado debe redefinir con quién dialoga en la diáspora, diferenciando entre inversores y ciudadanos que mantienen un vínculo directo con el país y quienes, según afirmó, se autoproclaman portavoces sin representación real.
En un mensaje difundido en video por News.am, Pashinian mencionó como ejemplo una inversión en la provincia de Kotayk, donde, dijo, un invernadero en Fantan fue financiado por un empresario de la diáspora, y aseguró que existen “decenas” de proyectos similares. También destacó el involucramiento de socios de la diáspora en la organización de los Juegos Pan-Armenios, un evento que suele reunir a comunidades armenias de distintos países.
El jefe de gobierno subrayó además el programa de inversión “Firebird”, al que calificó como “el proyecto de inversión más grande que se está implementando hoy en Armenia”, con alcance no solo armenio, sino también regional. Sin embargo, no precisó montos, plazos ni rubros del proyecto, por lo que la magnitud queda, por ahora, atada a la caracterización política del propio mandatario.
La intervención se vuelve más áspera cuando Pashinian aborda la cuestión de la legitimidad de ciertas voces en el exterior. Contó que, durante recorridas partidarias en Ereván, se encontró con “decenas” de armenios de la diáspora que, afirmó, apoyan “incondicionalmente” la política del gobierno, y desde allí pidió una revisión de la idea instalada de que “cualquiera puede hablar en nombre de cualquiera”.
En ese punto lanzó su definición más polémica: “Quiero decir oficialmente que esas personas NO son la diáspora. Son DE la diáspora… pero NO son la diáspora”. Luego agregó que se trataría de una minoría y las describió como “organizaciones fachada”, anticipando un giro en la relación institucional: “El gobierno de Armenia tendrá cada vez menos que ver con esas organizaciones, y al final no tendrá nada que ver”.
Hacia el cierre, Pashinian mencionó el trabajo de la Oficina del Comisionado para Asuntos de la Diáspora y aseguró que busca ser “lo más inclusiva posible”, aunque remarcó que el contacto con “la mayoría de la gente” difiere del vínculo con individuos que exhiben “certificados” de representación “no sé por quién emitidos”, en una crítica directa a mecanismos informales de validación comunitaria.