Lo que debía ser una solemne celebración del Domingo de Ramos (Dzaghkazard) en la Iglesia de Santa Ana se convirtió este domingo en un escenario de confrontación política, empujones y detenciones. La presencia del primer ministro Nikol Pashinian, acompañado por una numerosa comitiva de funcionarios y guardaespaldas, desató la indignación de los fieles presentes, culminando en un incidente que ha reabierto el debate sobre la relación entre el Gobierno y la Iglesia Apostólica Armenia.
Según testimonios y registros audiovisuales, el primer ministro ingresó al templo en plena liturgia matutina. Su llegada, escoltada por un nutrido grupo de seguridad, alteró de inmediato el orden de la ceremonia. Al intentar avanzar entre la multitud para alcanzar las primeras filas, los guardaespaldas habrían provocado roces y malestar físico entre los ciudadanos que se encontraban de pie escuchando el oficio religioso.
Analistas locales y sectores de la oposición han calificado el acto como una "provocación deliberada". Se argumenta que Pashinian era plenamente consciente de que en Santa Ana se celebra la liturgia canónica —donde se menciona el nombre de Su Santidad Karekin II—, un espacio frecuentado por sectores que apoyan firmemente a la Santa Sede de Etchmiadzin y mantienen una postura crítica hacia la gestión gubernamental.
El momento de mayor tensión ocurrió cuando el mandatario se disponía a abandonar el recinto. Según reportes de Sputnik Armenia, un joven increpó a uno de los custodios con la frase: "No me mires así", lo que derivó en un altercado verbal y físico. Aunque el primer ministro habría instruido a su seguridad a no intervenir en ese instante, la situación escaló rápidamente en el exterior del templo.
Poco después, agentes vestidos de civil procedieron a la detención de al menos tres personas en las inmediaciones de la iglesia. El Ministerio del Interior confirmó que los ciudadanos fueron trasladados al Comité de Investigación bajo sospechas de "alteración del orden Público" e "interferencia en la actividad legal de un funcionario". Entre los detenidos se identificó a los hermanos gemelos Davit y Mikayel Minasian, así como a Gevorg Gevorgian, según informó la defensa legal de los implicados.
El abogado Ruben Melikian calificó de "absurda" la acusación de interferir en actividades políticas dentro de un templo. "Si el objetivo era participar en la liturgia, podría haberlo hecho con humildad desde la entrada, sin causar molestias a la congregación", señalaron fuentes cercanas al caso. Melikian advirtió que, bajo el actual encuadre legal, los jóvenes podrían enfrentar penas de hasta cinco años de prisión, lo que ha generado una ola de críticas por lo que se percibe como una instrumentalización del aparato judicial para reprimir el descontento ciudadano.
Asimismo, el uso de agentes de civil para realizar las detenciones ha sido interpretado por sectores de la sociedad civil como una táctica psicológica destinada a sembrar desconfianza y temor entre la población.
Este nuevo episodio profundiza la brecha entre el Ejecutivo y la Iglesia, en un momento de alta fragilidad social donde los espacios sagrados se han convertido en el último refugio de expresión para una ciudadanía que observa con recelo las incursiones del poder político en el ámbito de la fe.