Se cumplen 22 años del asesinato del oficial armenio Gurgen Margarian, ocurrido en 2004 en Budapest, durante cursos de inglés realizados en el marco del programa Asociación para la Paz de la OTAN.
En esas capacitaciones coincidieron oficiales armenios y azerbaiyanos, entre ellos Gurgen Margarian y quien sería su asesino, Ramil Safarov. En la madrugada del 19 de febrero de 2004, Safarov entró en la habitación donde dormía Margarian y lo asesinó con un hacha mientras descansaba, un crimen que provocó conmoción en Hungría y una amplia condena internacional. Luego intentó atacar a un segundo oficial armenio, Hayk Makuchian, pero no pudo acceder a su habitación porque estaba cerrada con llave, lo que evitó un segundo homicidio.
El juicio se extendió durante varios años y la sociedad húngara reclamó la pena más severa. El 13 de abril de 2006, un tribunal de Budapest condenó a Safarov a cadena perpetua, estableciendo que no podía solicitar libertad condicional por 30 años. En ese proceso intervino, entre otros, el trabajo profesional de la abogada armenia Nazeli Vardanian.
En 2008, durante una visita a Erevan, la entonces ministra de Relaciones Exteriores de Hungría, Kinga Goncz, admitió que existía la posibilidad de un traslado de Safarov a Azerbaiyán, aunque remarcó que Hungría no tenía obligación de concretarlo. Aun así, años después, bajo el gobierno del primer ministro Viktor Orban, Hungría autorizó su transferencia a Bakú.
El 31 de agosto de 2012, Safarov fue enviado a Azerbaiyán y liberado de inmediato. Allí fue exaltado públicamente, recibió beneficios materiales y fue presentado como “héroe nacional”. Ese mismo día, Armenia rompió relaciones diplomáticas con Hungría, en respuesta a lo ocurrido. Con el tiempo, los vínculos diplomáticos entre Erevan y Budapest fueron restablecidos, pero el caso continúa siendo un símbolo de impunidad y agravio moral.
En el plano internacional, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos no estableció una responsabilidad directa del Estado azerbaiyano en la autoría del asesinato, lo que, en los hechos, dejó sin castigo efectivo a quienes glorificaron al condenado tras su extradición.
A más de dos décadas del crimen, la memoria de Gurgen Margarian continúa siendo símbolo de injusticia impune, dolor nacional y la necesidad de una verdadera rendición de cuentas. Recordarlo hoy no solo es un acto de homenaje, sino también una reafirmación del compromiso con la verdad, la justicia y la dignidad del pueblo armenio.