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PREMIO MEJOR MEDIO DE PRENSA PUBLICADO EN LENGUA EXTRANJERA - MINISTERIO DE LA DIASPORA DE ARMENIA 2015
Cocina y Tradiciones - Cultura y Tradiciones
Las que transmiten Cultura y Tradiciones Armenias Parte 4
25 de Mayo de 2021

Este ciclo está dedicado a todas las mujeres que dejaron y dejarán huella en la tramisión de nuestras tradiciones, nuestra cultura, nuestro ser armenio.

Hemos heredado tanta riqueza cultural, tanta sabiduría intelectual contenida en  la memoria de cada uno de nuestros ancestros,  que serán muchos los que tendrán la capacidad y la virtud de seguir transmitiéndola.

Cuando proyectamos esta serie dedicada a las mujeres armenias sabíamos que sería muy rico y fértil el camino, tenemos mujeres que nos llenan de orgullo en muchísimos campos.  De a poco, se los iremos contanto.

La resiliencia, esa palabra tan usada en estos días, es la más correcta para entender quiénes fueron nuestras mujeres, nuestras madres, abuelas, bisabuelas y las anteriores a ellas.

Supieron ser madres de muchos, supieron perderlos, supieron estar solas, supieron empuñar un arma, supieron darles de comer a los suyos cuando no había, supieron labrar la tierra, supieron ser cautas, supieron callar y aconsejar, y también, nos enseñaron a leer, a cantar y a recitar, a bordar, a  hacer con esas maravillosas e incansables manos encajes de aguja inigualables... y con esas manos fuertes y delicadas  también nos enseñaron a acariciar  y a rezar.

Nuestras abuelas fueron las que supieron esconder bajo tierra bolsas de harina para cuando no hubiera, fueron aquellas que sentadas una al lado de la otra con hermanas, cuñadas y sobrinas, cosían y cosían siendo el sostén desde el hogar a los hombres que recién llegados al país fueron vendedores callejeros. 

Ésta y mil historias que se cruzan y se parecen, con matices, son nuestro pasado, y también nuestro futuro.

Nuestra tierra armenia, que hoy vive otra vez, un momento crucial de su historia, nos muestra en el espejo del pasado, sin embargo en cada mujer de ese bendito suelo vemos una hermosa mujer armenia, una habilidosa y dedicada mujer, una profesionalmente cultivada mujer que sigue siendo la misma mujer armenia.

Pero, ahora, somos más...

Somos nuestras hermanas, hijas y nueras, somos nuestras sobrinas y nietas....y eso nunca terminará.

Con este prólogo iniciamos Nuestras Mujeres las que transmiten Cultura y Tradiciones Armenias

Susana Dergarabetian Nahabetian

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                                    Victoria Schirinian      Victoria Shirinian foto 2

Nací en Buenos Aires en una familia muy unida donde la cultura armenia estaba muy presente sobre todo a través de la comida.

En casa no se hablaba armenio ni íbamos a la iglesia o instituciones pero sí había un espíritu muy festivo de reunirse en familia, en mesas eternas, siempre con la presencia de los infaltables bastermá, niños envueltos, rosquitas, lehmeyún, pan árabe... El suberek y el manté eran los platos preferidos de la familia. Pero también el keppe, taboule... La casa de mis abuelos en Maschwitz estaba siempre abierta a otros amigos armenios de la familia que venían a pasar el día, comer y jugar al tavlí o a las cartas.

 De mi infancia tengo muchos recuerdos alrededor de la comida armenia. Las que cocinaban, preparaban e incluso hacían el café armenio y leían la borra eran Mima, la mamá de mi abuela Alicia, y su hermana Luisa. Mima, Alicia y mi abuelo Manug se murieron cuando yo era muy chica, casi no me acuerdo de ellos.

 Quien vivió más años y a quien tengo más presente es a Luisa que fue para mí quien continuó con las tradiciones armenias además de mis padres.

Una Pizca de Amor es un libro de cocina, o no, y también es un libro de historias, tradiciones familiares, es un libro político si se quiere, es un testimonio de nuestra historia.victoria Schirinian libros    Todo empezó hace 5 años cuando murió nuestra tía bisabuela Luisa y nos encontramos con un montón de cuadernos escritos a mano con todas sus recetas. Luisa cocinaba muy bien, de todo, pero era la especialista de la cocina armenia de mi familia. Todos aprendimos las recetas de ella. En ese momento pensamos en pasar todas esos cuadernos y recetas manuscritas en limpio, porque habia muchas que se repetían otras que empezaban escritas en español y terminaban en armenio, otras donde los ingredientes en vez de medirse en gramos se medían en centavos por ejemplo 50 centavos de harina!! Luisa                                                          Luisa  Diratzouian     

Entonces pensamos en pasar todo en limpio, cocinar las recetas tal cual estaban en esos cuadernos, sacar lindas fotos (que de eso se encargaba mi hermana Carolina) y armar un libro de recetas de Luisa para nuestra familia.

 Imprimiríamos unas pocas copias y las repartiríamos entre primas, tías y hermanos.

 Así empezó esto, y como muchos proyectos fue mutando, cambiando, hasta llegar a ser lo que es hoy, un libro de entrevistas o retratos como me gusta llamarlo a mí, de 12 mujeres de la colectividad armenia de Buenos Aires y sus recetas familiares que cada una generosamente compartió para este libro.

Es que en el proceso de armar “el libro de Luisa” nos dimos cuenta de que la historia de Luisa era la historia de muchas familias y que había algo muy fuerte que nos unía y era la sensación de colectividad que obviamente está teñida por el genocidio que sufrió el pueblo armenio entre los años 1915 y 1923 donde fueron perseguidos, deportados y masacrados un millón y medio de armenios.                                                                                                                                                     La historia de desarraigo y de supervivencia estaba presente en cada una de las historias familiares de las 12 mujeres que entrevisté y descubrí en este camino que la comida, el alimento, era la forma en la que ellas daban protección y amor a sus familiares y amigos. Porque cuando no queda nada de lo material, el amor siempre permanece.  Y, también creo que las comidas están cargadas de historias y de tradiciones y, en estas familias donde el desarraigo y la migración forzada son un común denominador, las recetas familiares son lo intangible que podemos llevar adonde vayamos y que siempre nos van a hacer sentirnos en casa y juntos.

Por eso creo que para contar esta historia, que es la historia de mi familia y de muchas otras, usé la cocina como  herramienta que atraviesa fronteras y que sobrevive a pesar de todo.

victoria Schirinian con microfono                 victoria Schirinian foto                 

Y es que este proceso de entrevistas, de trazar rutas migratorias imaginarias en mi cabeza, de tratar de entender porqué los armenios nos sentimos conectados como si todos fuéramos parientes aunque no nos conozcamos o seamos de diferentes países. Fueron años en los que aprendí mucho y que reconstruí la historia de mi familia y la historia colectiva.

Creo que es un libro de la memoria personal y colectiva. Porque con cada historia personal uno construye la historia colectiva. Y en el fondo, más allá de un rico plato de comida armenia, creo que a mí lo que más me interesa es esta construcción.

Para mí este libro es una forma de conservar un legado.

 Yo sentí casi como un deber en hacerlo, fue un proceso largo pero super orgánico, todo se fue dando y todo se fue conectando.

 Como periodista y editora considero que los libros son para siempre, que el papel es irremplazable, no hay como sentir un libro entre manos, poder mostrárselo a alguien, prestarlo, llevarlo, leerlo una y otra vez.

Me gusta haber podido hacer tangible lo intangible de esas recetas y tradiciones familiares, que van a quedar en esas páginas para siempre.

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Magda Tagtachian

                                      magda foto

Si me preguntan quién soy?

Soy las raíces de mis abuelos arrancadas de su tierra en 1915.

Soy sus batallas y sus luchas.

Soy sus dolores cuando se tuvieron que reconstruir.

Soy la niña que creció escuchando al abuelo Yervant que le cortaban la lengua si hablaba en armenio y no en turco en las calles de su pueblo natal.

Soy la adolescente que terminó el shish kebab, un almuerzo de domingo en Villa Urquiza, cuando la abuela Armenuhi me obligó.

Soy aquella pecosa de 13 años que vio llorar por primera y única vez a la abuela.

Soy quien preguntó en la mesa por qué las lágrimas.

Soy quien escuchó cómo el bisabuelo Housep la escondió, cuando tenía un año y medio, en la alforja de un burro.

Soy quien siguió el relato de la tía Alicia –porque ni Armenuhi ni Yervant podían hablar -- cuando explicó que así huyeron para cruzar el desierto sin agua y sin comida.

Soy quien creció entre esas danzas armenias y los dulces rebosantes que preparaba Armenuhi, con hojaldre y almíbar, y que se degustaban con café oriental.

Soy quien aún se maravilla en la cocina de Alicia y cuando me lee la borra.

Soy la adolescente que no preguntó, pero tampoco olvidó.

Soy la mujer que, en el centenario del Genocidio, asumió indagar.

Soy quien escuchó cada relato pormenorizado de la barbarie, bajo la lupa y el paso del tiempo, en asamblea familiar.

Soy mis tíos y mis tíos abuelos que se animaron a rememorar y a expresar.

Soy la pluma y la palabra.

Soy la piedra en el zapato para el negacionista.

Soy un pétalo de nomeolvides por siempre en la eternidad.

Soy quien se emociona cuando me confían sus íntimas historias.

Soy quien se propone elaborar pérdidas y heridas.

Soy quien se empeña en construir y reconstruir.

Soy quien quiere la muerte desgranar.

Soy quien indaga cómo llevar amor al árbol genealógico donde hubo horror. Donde la lucha fue y es la forma de sobrevivir. Donde la sangre arde y ardió.

Soy quien aún busca. Soy quien se ilusiona. Soy quien no deja de soñar. Soy quien quiere volver a Armenia. Soy quien no se cansa de preguntar. Soy la desvelada. Soy la contracturada.

Soy con todos el pueblo y soy la soledad.

Soy Magdalena y Soy Magda. Soy de Aintab y de Marash. Soy de la Anatolia. Soy de Ereván. De Tatev. De Geghard. De Shushi. De Stepanakert. De la batalla de Sardarabad.

Soy de mi familia que vive en Armenia. Soy quien extraña y quien se conmueve bajo la imagen del Ararat.

Soy el viaje. Soy el origen y la semilla. Soy mis alegrías y mis tristezas. Mi esperanza cuando no la encuentro.

Soy garmir, gabuid, dziranakuin. Soy la bandera en cada marcha.

Soy cuando cantamos los himnos. Argentina. Armenia. Artsaj.

Soy los pasos que damos, aunque truene, llueva o llevemos barbijo.

Soy la daga ante el enemigo que hostiga y provoca. Soy la roca que sostiene nuestro desierto.

Soy la tierra para recibir. Soy las velas que iluminan nuestras almas. Soy el pecho que vibra en cada canción. Soy el incienso en nuestro rito ancestral.

Soy cada 24 de abril. Soy cada 6 de marzo. Soy el día que nací y la misma que, muchas décadas después, saltó a las aguas profundas para navegar.

Soy la que late en cada página que me brota desde las entrañas.

Soy la que se desbarranca de ansiedad con lo que vendrá.

La que aprende la lengua armenia.

Soy lo que mis padres sufrieron por no hablar español al  ingresar al colegio.

Soy lo que callaron.

Soy sus libros en la biblioteca. Soy su sangre que enfermó. Soy sus batallas y soy su voz que extraño.

Soy la diáspora y soy Hayastan.

Magda tira 1

Magda Tagtachian (*) 

para Sardarabad

magda tira 2

* Magda Tagtachian es periodista y escritora, nacida en Buenos Aires, tercera generación de armenios en la Argentina. Publicó Nomeolvides Armenuhi, la historia de mi abuela armenia (Sudamericana, 2016) y Alma Armenia (VR Editoras, 2020). Para 2021 aguarda la publicación de su tercera novela, bajo el sello Penguin Random House. www.magdatagtachian.com.ar

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