En la cocina armenia tradicional, las versiones vegetales del kefté nacieron principalmente en contextos rurales y religiosos. Durante los períodos de ayuno de la Iglesia Apostólica Armenia, especialmente en Cuaresma y otras fechas litúrgicas, se evitaba el consumo de carne y lácteos. Esto impulsó la creación de recetas nutritivas basadas en legumbres, cereales y vegetales.
Las arvejas, al igual que los garbanzos y las lentejas, eran ingredientes accesibles, económicos y fáciles de conservar durante los inviernos largos. Combinadas con burgol, cebolla y hierbas frescas, permitían elaborar keftés sustanciosos que aportaban proteínas vegetales y energía para el trabajo cotidiano.
En muchas aldeas armenias, estas preparaciones también estaban ligadas a la cocina comunitaria: grandes cantidades de keftés eran elaboradas en grupo por mujeres de la familia o del vecindario, especialmente antes de celebraciones religiosas o reuniones familiares.
Tras el Genocidio Armenio y la dispersión de la diáspora en el siglo XX, muchas de estas recetas sobrevivieron gracias a la transmisión oral entre generaciones. En países como Argentina, Líbano, Siria, Francia y Estados Unidos, el kefté de arvejas continuó preparándose en hogares armenios como una comida sencilla pero profundamente ligada a la memoria familiar y cultural.
Hoy, esta receta también encuentra un nuevo lugar dentro de la cocina contemporánea vegetariana y mediterránea, aunque para muchas familias armenias sigue siendo, ante todo, un plato cargado de historia, identidad y recuerdos compartidos alrededor de la mesa.