Falleció el dirigente ramgavar Haig Shahinian

Haig Shahinian
Haig Shahinian

Tras una corta, silenciosa pero irreversible enfermedad, el sábado 25 de octubre ppdo. falleció el Vicepresidente del Consejo Regional Sudamericano de la Organización Demócrata Liberal Armenia, nuestro compañero y amigo, Sr. Haig Shahinian.

Hombre de una ética y una moral insoslayable, Haig Shahinian (para todos “Haico”) fue el dirigente cabal, el hombre íntegro, el guía, el ejemplo y el maestro de varias generaciones de dirigentes.

No había en él ansias de ostentación ni vanidades. Haico trabajaba desde el silencio por el bien común, sin importarle en qué disciplina, bajo qué forma o en qué institución una actividad servía a los intereses nacionales. Era amplio de criterio, como deberían ser todos los hombres de libre pensamiento.

Como buen político, era -a la vez- un gran estratega; disciplinado, organizado, diplomático, pujante, tolerante, abierto al diálogo; buscaba siempre el consenso, dejando de lado toda polémica inservible.

Fue un defensor de la libertad a ultranza, con la convicción plena de que sólo a través de ella el hombre puede realizarse como tal; alcanzar su grandeza en el mundo y contribuir al bien común.

Por eso, abrazó el ideario demócrata liberal y fue uno de sus máximos cultores. De hecho, la única bibliografía existente en idioma castellano sobre la Organización Demócrata Liberal Armenia fue escrita por él. Además, preparó el prólogo de la edición en castellano de “Héroes de la O.D.L.A.” del escritor Ara Aharonian, publicada en marzo del corriente año.

Amante de la filantropía, se inclinaba siempre por abrazar las causas que dignifican al ser humano.

Culto, gran lector y conocedor, sabía escuchar y ser el receptor de las inquietudes y sugerencias de las nuevas generaciones de dirigentes, a los que dedicaba largas horas de charla y formación.

Tenía una larga trayectoria de trabajo comunitario. Había absorbido la idea de la preservación de la identidad nacional en su casa paterna, bajo el ejemplo de sus padres, Garabed Shahinian y Rozig Emirian de Shahinian. Allí aprendió las primeras armas en esta constante lucha por la manutención de la armenidad que asumió como propia, ya en su primera juventud. Lo hizo a través de la Iglesia Apostólica Armenia, de la Liga de Jóvenes, de la que fue Presidente; del Consejo Directivo de la Unión General Armenia de Beneficencia, del que fue Secretario y Vicepresidente; de la Organización Demócrata Liberal Armenia, como integrante de su Comisión Directiva de la Argentina y del Consejo Regional Sudamericano de la organización, y de la logia “Ararat”.

En esas instituciones se formó el dirigente, que nunca dudaba en apoyar fervientemente la defensa de los derechos humanos, de las instituciones republicanas y democráticas y de la libertad.

Fiel a esas ideas, fue también uno de los fundadores de “Sardarabad” en 1975, como medio de difusión de las ideas demócratas y liberales en Sudamérica, al tiempo que trabajaba por la reivindicación de los derechos armenios y el reconocimiento del genocidio en los ámbitos internacionales.

Así, fue uno de los impulsores de la presentación realizada en la O.N.U. por los Dres. Leandro Despouy y Roberto Malkassian sobre el genocidio armenio y fue uno de quienes más disfrutó el éxito de esa gestión.

Apoyó siempre a la República de Armenia; se enorgulleció de sus éxitos pasados y disfrutó de su venturoso presente independiente, que pudo palpar personalmente.

En fin, fue un patriota íntegro.

Sus restos fueron velados en la Iglesia “San Jorge” de Vicente López, donde el mismo sábado se acercaron a dar sus condolencias a la familia, el Embajador de Armenia en la Argentina, Sr. Vladimir Karmirshalian y su esposa, amigos y representantes de distintas instituciones de nuestra comunidad, quienes también presenciaron la oración oficiada por el cura párroco de la Iglesia, R.P. Mashdótz Arakelian.

El domingo 26 por la mañana, tras la misa oficiada por el Primado de la Iglesia Apostólica Armenia para la Argentina y Chile, Arz. Kissag Mouradian y al darle el último adiós en el Cementerio Británico, en primer lugar hizo uso de la palabra el Presidente de la U.G.A.B., Sr. Rubén Kechichian, quien reconoció en él al “maestro”, que formó a muchos dirigentes; resaltó su modestia y sencillez y su capacidad de trabajar para las grandes causas nacionales.

Conceptos similares fueron vertidos por el Presidente de la Regional Sudamericana de la O.D.L.A., Diputado Sergio Nahabetian, quien comparó la vida de Haico con la de la hoja que brota, crece, se desarrolla y forma parte de un árbol copioso, al que un día deja, sabiendo que ha cumplido, que ha contribuido a su crecimiento y que ha sido parte de algo realmente importante.

Por su parte, el Sr. Rubén Khacherian de la Logia “Ararat” destacó las cualidades de Haico y su capacidad para reordenar y reorganizar la Logia en uno de sus momentos críticos.

Por último, las palabras del Sr. Mihrán Sarafian presentaron la óptica de una generación que sin haber sido partícipe del genocidio, sufrió las consecuencias del mismo y fue la encargada de transmitir la necesidad de mantener vigente el tema tanto en los medios nacionales como internacionales.

Todos coincidieron en el vacío que dejan personalidades como las de Haico y en lo difícil que es encontrar personas que -como él- transiten por el camino de la pluralidad y amplitud de criterios.

Las palabras de agradecimiento de su esposa, Eva Youssefian de Shahinian, nacidas desde el dolor profundo pero coincidentes con el alma de este hombre íntegro, que formó una familia íntegra, trajeron un brevísimo consuelo a los presentes en esa mañana gris, que de pronto se tornó soleada.

Ese fue Haig Shahinian, el dirigente, el compañero, el amigo, el maestro.

“-¡No soy el amor, amante!

Soy la muerte que Dios te envía…

-Oh, muerte tan rigurosa,

¡Déjame vivir un día!

– Un día no puede ser…

¡Una hora tienes de vida!”

 En este romance, el caballero, ante el anuncio de su muerte inminente, sale a la calle a buscar a su amante…

Hoy, ante la congoja que nos produce esta pérdida del ser respetado y querido, me permito preguntarme ¿qué hubiera hecho Haico ante una advertencia similar sobre su tiempo de vida restante?

Sin dudas, hubiera salido corriendo a reunirse con su familia, con su compañera de toda la vida, querida y dedicada esposa, Eva; con sus amados hijos, Carlos, Reby y Raffi Samlian, Carolina y Aret Gulmez y Haiquito; con sus nietos, Franco y Martín Samlian, Luciano, Sofía y Federico Gulmez; con su hermana, Shushán Shahinian de Ekshian, sus hermanos políticos y sobrinos…porque amaba a su familia.

Le hubiera quedado tiempo para hablar con sus amigos de siempre: los del partido, los del diario, los de la U.G.A.B., los de la Logia, los de la calle Libertad, los de los sábados, los de los domingos, los del café… porque cultivaba la amistad y era fiel a ese sentimiento.

Hubiera tenido tiempo de rezar y encomendarse a Dios, porque era un hombre de fe…

Hubiera tenido tiempo de escribir alguna que otra memoria, en esos manuscritos que nunca olvidaré… y abrazado por el amor incondicional a su familia, amigos e ideales, hubiera cerrado los ojos apaciblemente con un libro sobre la filosofía de la libertad en sus manos…

Así imagino el final de una vida plena, si es que hay un final…

Haico es y será siempre en la memoria de quienes lo seguimos, el dirigente sólido, el maestro, el ser cálido, el hombre afectuoso, capaz de sonreír ante las situaciones difíciles, el hombre tranquilo que sabía aconsejar sin imponer sus ideas, el hombre capaz de corregir sin ofender, el que -libre de todas mezquindades- sabía reconocer los méritos de los demás, y al que bastaba darle una palabra para que él desenfundara una pluma fértil o un anecdotario que siempre servía para ilustrar una situación.

Haico: aprendimos mucho de vos. Te vamos a extrañar; te vamos a necesitar, pero sabemos que velarás por nosotros, junto a muchos otros que te acompañarán en ese cielo azul, por ahora -para nosotros- inaccesible.

¡Gracias! Que descanses en paz.

Diana Dergarabetian de

Pérez Valderrama

 

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